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Monday, July 27, 2026
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    Los mercados ya subieron las tasas: es la hora de Kevin Warsh para revalidar sus credenciales de halcón

    Con la inflación nuevamente bajo presión y los bonos del Tesoro anticipando un endurecimiento monetario, la Fed enfrenta una decisión crucial. La definición sobre las tasas de interés pondrá a prueba el compromiso del nuevo presidente del banco central con la estabilidad de precios y marcará el rumbo de la política monetaria de Estados Unidos.

    El dólar global retrocede ante la desescalada en el Golfo y con la atención en los bancos centrales Semana cargada para mercados: la Fed define tasas, Georgieva visita la Argentina y el Tesoro enfrenta nueva licitación Los mercados ya subieron las tasas: es la hora de Kevin Warsh para revalidar sus credenciales de halcón.

    Foto: Fox News La Fed no tiene ninguna tolerancia a la alta inflación, le aseguró, su flamante chairman, Kevin Warsh, al Congreso. Dos semanas después, debe actuar y confirmarlo. Los mercados ya subieron las tasas de interés. Las tasas cortas y largas. Las tasas nominales y las reales. Desde que comenzó la guerra en Irán, el 28 de febrero, y se estranguló la oferta mundial de la energía, la curva de bonos se desplazó en alza – 75 puntos base – curándose en salud. El banco central, en cambio, bajó tres veces sus tasas de septiembre a diciembre, por un total de 75 puntos base, y desde entonces permaneció de brazos cruzados. La inflación se eriza y lo único que endureció fue el discurso.

    La Fed en 2025 atendió las señales incipientes de anemia del mercado laboral (ya resueltas). La guerra en el Golfo, este año, no afectó la actividad ni el empleo, pero produjo un nuevo salto inflacionario. No obstante, bajo la batuta de Jerome Powell, primero; y luego, de Kevin Warsh, prefirió esperar y ver. No quiso reaccionar de más a un shock que podía ser transitorio (y reversible). Pero, la tregua y el acuerdo provisional con Irán se hicieron añicos. La energía se encareció de nuevo. El crudo Brent roza los 100 dólares por barril. Y así los shocks temporarios se multiplican todo el tiempo. Trump vuelve a la carga con los aranceles. Reemplaza unos. Engrosa otros. La inteligencia artificial (IA) suma presiones que van desde los data centers y los chips hasta la electricidad. En síntesis, desde abril de 2025, una reacción en cadena de shocks puntuales sostiene un frente inflacionario denso y persistente. Warsh dijo que no lo tolerará.

    En su primera reunión, a mediados de junio, días después de asumir, el chairman mantuvo las tasas de interés y recortó la comunicación. Allí canceló la herramienta de la forward guidance. En otras palabras, avisó que ya no anticiparía los próximos pasos de la política monetaria. Pero machacó, una y otra vez, en el comunicado y en la conferencia de prensa, con el cumplimiento del deber de la estabilidad de precios. Entiéndase como una crítica feroz a lo actuado por su predecesor, Jay Powell (hoy miembro de la Junta de Gobernadores), desde los tiempos del Covid. Y también como la voluntad de regresar la inflación a su meta de 2%. No es admisible 4,1% (su nivel en mayo según la vara oficial del deflactor del consumo personal). Tampoco, 3,5% (la medición en junio de los precios al consumidor). La Fed está en offside con su mandato desde 2021. Y Warsh se propone enmendarlo.

    ¿Qué resolverá el banco central? No se sabe que resolverá el banco central en su reunión de martes y miércoles, no hay guidance oficial. El verdadero Kevin Warsh deberá levantar la mano y ejercer el liderazgo al frente del comité que toma las decisiones. ¿Es el halcón que dice ser – y que fue en los tiempos de Ben Bernanke, aun en plena crisis de Lehman Brothers – o es una paloma de pico duro, más al gusto de la Administración Trump que lo designó con la aprobación del Congreso? ¿Subirá las tasas y acompañará la saga de los bonos? ¿O encontrará argumentos para extender la espera de brazos cruzados?

    Los bond vigilantes no tienen tampoco ninguna tolerancia a la alta inflación. Lo suyo son hechos, no palabras. Se expresan a través de la curva de rendimientos. Desde que empezó la guerra en Irán, las tasas del Tesoro a dos años saltaron de 3,40% a 4,35%. O sea, 95 puntos base. 17 de ellos, la última semana. El techo de fed funds – la tasa de 24 horas que maniobra la Fed – se clavó en 3,75% desde diciembre. El mensaje es claro. Lo que alcanzaba – y sobraba en marzo – hoy quedó rezagado. No es una orden, pero parece un recado para Warsh & Cía. Los futuros de Chicago vislumbran dos subas de fed funds – de 25 puntos base cada una – de acá a diciembre, que la dejaría en 4%.

    La curva también se ajustó en su tramo más largo. Las tasas de 30 años acamparon por encima de 5%. Las de 10 años, que son la mejor referencia por su amplia liquidez, viajaron a lo largo del derrotero bélico desde 3,95% a 4,70%. Es un trayecto de 75 puntos base que se ocupó de mantener la pendiente de la curva de rendimientos siempre positiva. En ningún momento, reinó la sospecha de una recesión en ciernes. Tampoco la duda de la estanflación por causa de la crisis internacional de la energía.

    Entiéndase el punto: la energía se encareció sustancialmente desde comienzos de año y las expectativas de inflación de largo plazo, implícitas en la curva de bonos, son las mismas. El precio del crudo Brent trepó 50%, de 60 dólares a más de 90, y la inflación esperada – a diez años, por caso – no se movió un ápice. Toda la suba de tasas nominales es un aumento punzante de las tasas de interés reales. Se yerguen las tasas de los títulos del Tesoro (TIPS) con cobertura por inflación. Lo que reflejan es una economía robusta, el auge de la IA y una demanda excedente de capital en alza. Es un fenómeno de desplazamiento, el llamado crowding out. Las tasas reales deben ser más altas para racionar el ahorro disponible frente a la explosión de la inversión en IA (y un gasto fiscal insensible a la tasa de interés). No se trata del temor a un desborde inflacionario. Los bond vigilantes confían en que la Fed hará su trabajo. No importa si prevalecen los halcones o las palomas. Le creyeron a Powell y le creen a Warsh. Si esa fe se resquebraja, si las expectativas deben correr detrás del salto de la inflación para no verse superadas, entonces ahí sí el recorrido de las tasas tendrá que acelerarse.

    ¿Qué hará la Fed de Warsh? Los futuros de tasa sugieren que el banco central mantendrá la tasa esta reunión, pero la izará 25 puntos base en la próxima (en septiembre). No obstante, lo sugieren con dudas crecientes (y ya le asignan a un retoque el miércoles, 34% de probabilidades). Hasta el momento, Warsh quedó bien con dios y con el diablo. Es un halcón que no alzó vuelo. Pero el orden de los factores – si sube la tasa ahora o lo deja para mañana – sí alterará el producto. En principio, a la Casa Blanca. La forward guidance que Warsh no da, la proveen gratis sus mentores. Sea el propio Trump, o su asesor Kevin Hasset. Lo que dicen es que Warsh no desea tocar las tasas, pero enfrenta una Junta hostil que quiere hacer lo “incorrecto”. Subirlas sería un error “grave”, afirmó Hassett la semana pasada, muy suelto de cuerpo.

    La Fed está lista para aumentar las tasas 25 puntos base si el chairman así lo propone. El horno, después de tanta espera, tomó una temperatura más que ideal. Sería, presumiblemente, otra votación unánime. Pero la decisión deberá llevar la firma expresa de Warsh. Será la prueba de su liderazgo y no la imposición de una Junta en rebeldía. Warsh, entonces, deberá explicarle al secretario Bessent y éste a Trump que se trata de una operación conveniente. De poco le serviría a la Administración que la reputación del chairman se arruine de manera temprana. Un berrinche de los bonos sería devastador. En cambio, si la credibilidad se consolida en esta reunión, ganará margen de maniobra hacia noviembre, cuando toca la elección de mitad de período.

    Por supuesto, la Fed puede también obrar acorde a lo esperado. No tocará la tasa si es que Warsh así lo decide, aunque sea un dictamen que acarree no menos de un par de disidencias (Logan y Hammack, casi seguro). ¿Qué harán los gobernadores? ¿Y el tenaz Powell? Quizás la diplomacia – y la responsabilidad – los disuada de romper lanzas públicamente cuando el nuevo mandamás está dando sus primeros pasos. Ellos no torcerán el fiel de la balanza. La decisión final es toda de Warsh. Si quiere cimentar su fama de halcón, que es de su propia hechura y nadie le exigía, no va a encontrar una mejor ocasión.