En esa línea se mueve también la mayoría de los economistas consultados por Ámbito, que consideran que un dólar de $1.800 durante este año luce poco probable, aunque sí aparece como un nivel compatible con la evolución esperada del tipo de cambio durante el próximo año.
¿A cuánto puede llegar el dólar este año? Para Gustavo Ber, de Estudio Ber, la trayectoria cambiaria continuará siendo consistente con el objetivo oficial de desacelerar la inflación. “Creo que los $1.800 podrían alcanzarse más hacia el año próximo. En lo que resta del año estimo que el tipo de cambio se deslizaría a un ritmo similar al de la inflación, dado que el Gobierno buscaría preservar el objetivo de desinflación y, en ese sentido, resulta importante mantener la calma cambiaria”, señaló. Su proyección para diciembre se ubica en torno a los $1.650.
Por su parte, Aldo Abraham, director ejecutivo de Libertad y Progreso, también considera que las declaraciones del vocero fueron sobredimensionadas. “Creo que a Adrián Ravier lo sacaron de contexto. Si a cualquier economista le preguntás si el dólar puede llegar a $1.800, te va a responder que sí, porque siempre puede aparecer una crisis internacional”, explicó.
Sin embargo, aclaró que, bajo el escenario actual, “la probabilidad de que eso ocurra este año es muy, muy baja”, gracias a la estabilidad monetaria alcanzada por el Banco Central. En su escenario base tampoco ve al dólar superando los $1.650 antes de fin de año.
El economista remarca, además, que un aumento del tipo de cambio no necesariamente implica un rebrote inflacionario. “El tipo de cambio es la relación entre dos monedas. Si sube porque se fortalece el dólar a nivel mundial y el peso mantiene su valor, eso no genera inflación. La inflación aparece cuando se deprecia la moneda local”, sostuvo.
Los analistas priorizan ON argentinas en dólares, bajo Ley Nueva York y con predominio del sector energético, para reinvertir los pagos de Bonares y Globales y distribuir los cobros durante el año.
La suba del dólar y su impacto en los precios Desde una mirada similar, Camilo Tiscornia, director de C&T Asesores Económicos, considera que el verdadero error fue comunicacional. “Es un tema imprudente en el que se metió el vocero”, afirmó.
Si bien reconoce que, bajo un régimen de flotación, un movimiento de esa magnitud nunca puede descartarse, entiende que el escenario financiero actual juega en sentido contrario. “Con el ingreso de dólares que se espera, la mejora en la calificación y el programa financiero presentado por el Gobierno, pensamos que el tipo de cambio se moverá moderadamente. Lo vemos mucho más cerca de $1.700 que de $1.800 hacia fin de año”, explicó.
Tiscornia agrega que un eventual movimiento hacia los $1.800 podría aparecer recién durante 2027, particularmente en la previa electoral, cuando aumenta la demanda de cobertura en dólares. Incluso en ese caso, estima que el traslado a precios sería bastante menor al observado en otros episodios de tensión cambiaria.
“Hoy la actividad económica y el consumo siguen débiles. Eso limita mucho la posibilidad de trasladar automáticamente cualquier movimiento del dólar al resto de los precios. Los bienes importados seguramente ajusten, pero es difícil que aparezcan aumentos especulativos en otros sectores como ocurría en una economía mucho más indexada”, argumentó el profesional.
El analista financiero Christian Buteler coincide en que la clave no es tanto el nivel nominal sino el tiempo que tarde en alcanzarse. “Si el dólar llega a $1.800 dentro de dos meses, tenemos un problema, porque implica un salto cercano al 20% y eso seguramente tendrá traslado a precios”, advirtió.
En cambio, si ese mismo nivel se alcanza dentro de diez o doce meses, el diagnóstico cambia completamente. “Con una inflación que viene corriendo cerca del 2% mensual, llegar a $1.800 el año próximo no sería algo para alarmarse; sería un movimiento compatible con la propia evolución de los precios”, sostuvo Buteler.
El ingreso de dólares, clave para sostener el valor del tipo de cambio Federico Machado, integrante de la consultora LZZ Macro y Finanzas, descarta prácticamente por completo la posibilidad de un dólar de $1.800 durante 2026. “La probabilidad es muy baja, casi nula”, afirmó.
El economista fundamenta esa visión en el fuerte ingreso de divisas que continúa mostrando la economía. “El primer semestre registró el mayor superávit comercial de la serie histórica, todavía queda liquidación de la cosecha y el petróleo volvió a ubicarse cerca de los u$s90 por barril. Además, la dolarización de carteras típica del período preelectoral probablemente empiece recién bien entrado 2027”, aseguró.
En ese contexto, entiende que recién el próximo año podrían aparecer presiones cambiarias más significativas. “La probabilidad de que el dólar llegue a esos niveles durante el año electoral es muy alta, porque el mercado suele buscar cobertura frente a un evento binario como una elección presidencial”, señaló.
Machado, sin embargo, advierte que un cambio de tendencia del dólar sí tendría consecuencias sobre el proceso de desinflación. “Hoy los bienes vienen siendo el principal ancla del índice de precios. Si el dólar empieza a subir de manera sostenida, ese canal desaparece y los bienes transables volverán a acompañar el movimiento cambiario. Tal vez no ocurra de inmediato, pero con el tiempo ese efecto termina apareciendo”, explicó.
Los fundamentos macroeconómicos, por ahora, parecen respaldar ese escenario de estabilidad. Según destacó la consultora LCG, luego de varias jornadas de compras récord, el Banco Central redujo significativamente su intervención en el mercado oficial de cambios, pasando de adquisiciones promedio por u$s230 millones diarios a apenas u$s37 millones en la última semana relevada.
Aun así, en lo que va del año ya acumula compras por u$s12.766 millones, lo que permitió incrementar las reservas brutas en casi u$s7.600 millones y cumplir anticipadamente la meta anual de reservas netas comprometida con el FMI.
La consultora agrega que el programa financiero presentado semanas atrás por el ministro de Economía, Luis Caputo, cubre buena parte de las necesidades de financiamiento para lo que resta del año mediante emisiones locales y préstamos garantizados con organismos internacionales.
En ese marco, una vez agotado el cupo previsto para compras de divisas del Tesoro, “las futuras intervenciones del Banco Central pasarán a impactar directamente sobre la acumulación de reservas, fortaleciendo aún más la posición externa”, asegura LCG.