Encuentro: Uruguay 1 (4) – 1 (2) GhanaInstancia: Cuartos de Final – Mundial Sudáfrica 2010Sede: Estadio Soccer City, Johannesburgo (84.000 espectadores).Hito: La mano salvadora de Luis Suárez en el minuto 120 y la definición por penales más audaz de la historia con “El Loco” Abreu.La mano de Luis Suárez impidió, de forma dramática, la llegada de una selección africana a una semifinal mundialista. Ocurrió, paradójicamente, en Sudáfrica 2010, el primer país de dicho continente en organizar la Copa del Mundo. Uruguay y Ghana protagonizaron el encuentro más emocionante de aquel torneo; una lucha que se extendió durante 120 minutos y que, cuando los ghaneses estaban a punto de sentenciar, dio un giro irreversible: el delantero uruguayo detuvo la pelota con la mano sobre la línea, provocando el penal y su inminente expulsión.
Sulley Muntari había adelantado a los africanos en el tiempo agregado de la primera mitad. Su gol hizo crecer la esperanza de un continente entero que soñaba con las semifinales. Sin embargo, Diego Forlán restauró la paridad diez minutos después del descanso con un tiro libre magistral. Bajo el incesante sonido de las vuvuzelas en el estadio Soccer City de Johannesburgo, ambos rivales buscaron cualquier brecha para anotar, pero en el minuto 120 ocurrió el hecho que marcó este juego para siempre: tras una serie de rebotes en el área uruguaya, el balón derivó en un cabezazo de Dominic Adiyiah que buscaba la roja. Allí apareció la mano de Suárez. Asamoah Gyan tuvo en sus pies la posibilidad de colocar a su país en un lugar inédito, pero estrelló la pelota en el travesaño. En segundos, el llanto desconsolado del expulsado Suárez, que caminaba hacia el túnel, se transformó en un júbilo frenético.
La agonía se trasladó a los penales, donde la figura de Fernando Muslera se agigantó al detener dos cobros ghaneses. No obstante, el sello final de esta epopeya lo puso Sebastián “el Loco” Abreu. En el penal decisivo, cargando con la presión de toda una nación, Abreu decidió “picarla” a lo Panenka, desafiando toda lógica. El balón entró lentamente en la portería, sentenciando el 4-2 y el regreso de la “Celeste” a una semifinal mundialista tras 40 años de espera.
Uruguay vivió para contarlo en una noche donde la ética fue debatida y la pasión desbordada. Mientras Ghana lloraba la oportunidad perdida de todo un continente, los charrúas celebraban una clasificación cimentada en el riesgo absoluto y la picardía. Como recordaría Suárez años después: “Arriesgué y ellos fallaron; no fue mi culpa”.