El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, levantó de forma considerable el tono de su discurso frente a la Casa Blanca este jueves al anunciar que su gobierno responderá con contundencia a la “infamia” que representa la acusación penal formulada en los Estados Unidos contra el exmandatario y general de Ejército, Raúl Castro.
A través de un pronunciamiento en sus canales oficiales, el gobernante cubano sentenció de forma taxativa: “No se irrespeta a los héroes de la Patria. No se ofenden historia y tradiciones sin respuesta. No en Cuba”.
No se irrespeta a los héroes de la Patria, no se ofenden historia y tradiciones sin respuesta. No en #Cuba.
Nuestro pueblo ha saltado con fiereza por encima de las dificultades y carencias cotidianas, provocadas en primer lugar por el #BloqueoGenocida, para responder a la… pic.twitter.com/L6EZwo5BZZ
— Miguel Díaz-Canel Bermúdez (@DiazCanelB) 21 de mayo de 2026 “El General del Ejército es Cuba ya Cuba se respeta. Nos vemos mañana en la Tribuna Antiimperialista”, añadió Díaz-Canel, convocando formalmente a la ciudadanía a asistir este viernes al icónico espacio público de la capital, con el propósito de repudiar en masa el dictamen emitido por el Departamento de Justicia norteamericano.
Como una demostración de fuerza y músculo político en medio de la crisis, la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) y las principales organizaciones de masas supeditadas al oficialismo coordinaron la logística para un acto de desagravio a favor del menor de los hermanos Castro, quien a sus 94 años de edad sigue siendo considerado el máximo referente de poder real dentro de la estructura institucional de la isla.
Aunque los listados oficiales de los oradores de la jornada se han manejado bajo estricta reserva, en los círculos políticos de La Habana se da por descontada la comparecencia de la alta cúpula del Buró Político del Partido Comunista de Cuba (PCC) e incluso se especula sobre la presencia física del propio Raúl Castro en el estrado.
Díaz-Canel argumentó que la respuesta popular se produce de manera espontánea por encima del complejo escenario interno que atraviesa el país caribeño.
“Nuestro pueblo ha saltado con fiereza por encima de las dificultades y carencias cotidianas, provocadas en primer lugar por el bloqueo genocida, para responder a la infamia más reciente de los enemigos históricos de la nación cubana: la pretensión de encausar en un tribunal estadounidense al líder de la Revolución”, afirmó el mandatario, asegurando que esta “nueva agresión” solo ha servido para cohesionar las bases del Estado y exacerbar el “sentimiento antiimperialista” en la población.
Tensión geopolítica y la sombra del precedente venezolanoLa retórica oficialista escaló en respuesta directa a los pronunciamientos emitidos horas antes desde Washington por el secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio.
El jefe de la diplomacia norteamericana se refirió explícitamente a Cuba, catalogando formalmente a Raúl Castro como un “fugitivo de la justicia estadounidense” y sugiriendo de manera abierta la existencia de aviones operativos en desarrollo orientados a presentarlo ante los tribunales federales de su país.
La acusación penal emitida por el Departamento de Justicia imputa a Castro dirigente los cargos de asesinato, conspiración para asesinar a ciudadanos estadounidenses y destrucción de aeronaves, derivados del ataque perpetrado el 24 de febrero de 1996 por cazas de combate cubanos contra dos avionetas civiles pertenecientes a la organización de exiliados “Hermanos al Rescate”, un suceso que dejó un saldo de cuatro tripulantes muertos.
Las autoridades federales norteamericanas sustentan gran parte del expediente judicial en una pieza de evidencia audiovisual clave: una grabación de junio de 1996 en la que Castro, durante una reunión privada con periodistas en la isla, habría admitido de viva voz haber emitido de forma directa la orden de derribar los aparatos en el Estrecho de Florida.
La apertura de esta causa judicial ha desatado una ola de especulaciones y análisis de inteligencia en la región sobre si la administración del presidente Donald Trump planea replicar el modelo de intervención y captura transnacional ejecutado el pasado 3 de enero en Caracas, cuando comandos especiales penetraron el complejo militar de Fuerte Tiuna para capturar a Nicolás Maduro, quien actualmente enfrenta un juicio por cargos de narcoterrorismo en Nueva York.
La acusación contra Castro marca el punto más álgido de la política de asfixia implementada por la Casa Blanca, la cual se mantiene bajo un estricto embargo energético y de combustible a la isla desde hace cinco meses, complementado por las recientes advertencias de Trump sobre la posibilidad de “tomar el control” del territorio cubano de forma expedita ante un eventual colapso institucional.
Con información de EFE.