Los inversionistas requieren señales claras para poder invertir en el país. Foto Yamu Jayy/ PixabayCualquier empresario que hoy camine por las calles de Caracas o intente descifrar los números rojos de la industria petrolera sabe que el aire ha cambiado. No es un optimismo desbordado, es algo más pragmático, casi quirúrgico. En las oficinas de las torres financieras, el rumor es el mismo: el tablero se está moviendo. La pregunta que todos se hacen, desde el pequeño comerciante hasta el directivo de una trasnacional en Houston, es si este nuevo acercamiento entre Washington y Miraflores es un espejismo o el inicio de una reconstrucción real.
Esta fue la premisa que gravitó el pasado martes sobre el foro. “Las nuevas perspectivas económicas 2026″convocado por Ecoanalítica. En un panel que se reunió a pedro palma, Alejandro Grisanti y Graciela Urdanetael diagnóstico fue compartido con el analista político Félix Seijas y el experto petrolero francisco monaldi: la ventana de oportunidad, esa que parecía sellada con pernos de acero, se ha vuelto a abrir. Pero, como ocurre con todo lo que sucede en esta tierra de contrastes, el diablo está en los detalles.
Alberto Kabbabe y Amanda Mattingly en el foro convocado por EcoanalíticaLa visión desde Estados UnidosUna de las voces en este análisis fue la de Amanda Mattinglyfundadora de Inteligencia Global ACM. Mattingly no es una recién llegada al laberinto venezolano. Su trayectoria de más de 20 años incluye pasos estratégicos para el Departamento de Estadoel Consejo de Seguridad Nacional y la propia Embajada de Estados Unidos en Caracas. Conoce el terreno y, sobre todo, conoce cómo se piensa en Washington.
Acompañada por Alberto Kabbabede Americanos globalesMattingly desmenuzó lo que muchos llaman el “reset” de las relaciones bilaterales. Para ella, existe un optimismo con reservas. “Hay buenas señales para ser optimista, aunque todavía con reserva”, afirmó, subrayando que este reinicio diplomático, palpable desde enero, tiene un motor fundamental: la necesidad de inversión en el sector energético.
Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo, pero Mattingly recordó una cifra que hoy parece de ciencia ficción: cuando ella trabajaba en Caracas a principios de los 2000, el país producía 3,5 millones de barriles diarios. Hoy, la infraestructura está en el suelo y, aunque la reforma de la Ley de Hidrocarburos por parte de la Asamblea Nacional es un paso que el mercado ve con buenos ojos, no es suficiente.
Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela. Foto MARCELO GARCIA / Presidencia de la República/ AFPInstituciones: el eslabón perdidoEl análisis de Mattingly y Kabbabe no quedó en la superficie de los barriles. El capital es cobarde por naturaleza y el capital estadounidense es, además, legalista. “Las empresas estadounidenses necesitan seguir adelante con cuidado porque Venezuela sigue siendo frágil desde el punto de vista de la transición política democrática”, advirtió Mattingly.
La experta fue tajante: la rapidez con la que se reforma una ley no compensa la ausencia de una hoja de ruta electoral clara. Para los inversionistas, el riesgo no es solo económico, es reputacional y legal. La legitimidad es el activo que falta para garantizar la seguridad del sector privado y construir un futuro sostenible. Sin instituciones independientes y un plan de seguridad que neutralice factores externos como los “colectivos”, el retorno masivo de las empresas que alguna vez hicieron vida en el país seguirá en la sala de espera.
Más allá del oro negroPero el foro no solo fue petróleo. El consenso entre los directivos de Ecoanalítica y los invitados internacionales es que existen otros sectores con un potencial de beneficio-riesgo quizás más atractivo a corto plazo. Se habló de la mineríala agriculturala distribucion de alimentos y, principalmente, los servicios financieros.
Mattingly destacó el interés estratégico de Estados Unidos en los minerales críticos y las tierras raras, elementos fundamentales para la defensa y la inteligencia artificial. Es un juego de seguridad nacional. Incluso mencionó el caso de empresas colombianas que ya miran a Venezuela como el “caído Muro de Berlín” de América Latina, listos para una expansión que parece inevitable.
El factor tiempo y la política exterior¿Es el momento de entrar? La respuesta de Mattingly a las corporaciones es de una cautela estratégica: posicionarse ahora. No se trata de desembarcar con todo el capital mañana, sino de obtener inteligencia, entender el estado de los activos, la infraestructura y la mano de obra disponible.
Sin embargo, hay una sombra en el horizonte que no depende de Caracas, sino de los pasillos del Capitolio en Washington. Mattingly recordó que las sanciones no están codificadas por ley —como en los casos de Cuba o Rusia—, lo que da flexibilidad al Ejecutivo estadounidense. Pero esta flexibilidad es un arma de doble filo: un cambio de control en el Congreso tras las elecciones de noviembre en Estados Unidos podría soportarcer la postura o revertir los alivios actuales.
Venezuela se encuentra en un punto de inflexión. La ventana está abierta, sí, pero el marco está astillado. La imagen final de este foro de Ecoanalítica no es la de una carrera de velocidad, sino la de una partida de ajedrez donde cada movimiento económico debe estar respaldado por una señal política de peso. El tablero está servido, falta ver quién se atreve a mover la primera pieza con la certeza de que el suelo no se hundirá bajo sus pies.
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