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Wednesday, June 17, 2026
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    La ventana entreabierta: el pulso de una transición que se cocina en el plato de los venezolanos

    Personas comen en un puesto de comida en un mercado callejero en la comunidad José Félix Ribas, en el barrio de Petare, Caracas, el 5 de noviembre de 2022. Foto: Federico PARRA / AFPDoña Petra no lee informes de Bloomberg ni revisa las tasas de Wall Street. Ella mide la economía en el peso de su bolsa de mercado y en la posibilidad de que sus hijos coman tres veces al día. Para el poder en Miraflores, esa percepción cotidiana es más peligrosa que cualquier sanción internacional; para la oposición, es la llave de una confianza que aún no termina de fraguar.

    En Caracas, el ambiente político se mueve entre el estancamiento y la expectativa. El pasado martes, el foro “Las nuevas perspectivas económicas 2026”, convocado por Ecoanalíticasirvió de escenario para diseccionar esta realidad. Una de las disertaciones estuvo a cargo de Félix Seijasdirector de Delphos y referencia obligada en el análisis de datos complejos en el país. El panel no fue menor: el experto petrolero Francisco Monaldi, la analista estadounidense Amanda Mattingly y los directivos de Ecoanalítica Pedro Palma, Alejandro Grisanti y Graciela Urdaneta. El consenso en la sala fue silencioso pero firme: la ventana de oportunidad se ha vuelto a abrir.

    Félix Seijas en el foro de EcoanalíticaLos cuatro pilares de la permanenciaPara entender por qué el tablero venezolano parece inamovible, Seijas propone mirar los componentes del bloque de poder: lo político, lo militar, el apoyo popular y lo económico. Mientras los dos primeros se mantienen cohesionados, el apoyo popular ha sido el flanco más golpeado por la crisis.

    Sin embargo, el análisis de Seijas arroja un dato que suele incomodar en las redes sociales: el chavismo “duro” se mantiene en 15%, pero su techo potencial alcanza el 30%. No es un apoyo ciego, es un respaldo que se activa o desactiva según el termómetro del bolsillo. “Si el apoyo popular falla, el bloque tiene problemas, pero puede manejar la coyuntura si las otras tres patas están firmes”, advierte el analista. La solidez militar y política ha garantizado que, pese al ruido, el control institucional y de las armas permanezcan en un solo bando.

    El efecto “Venezuela se arregló” como anestesia políticaLa memoria del venezolano es corta pero su estómago tiene memoria larga. Seijas recordó cómo en 2022, bajo la falsa premisa de que “Venezuela se arregló”, la evaluación de la gestión de Nicolás Maduro mejoró sin que ocurrieran cambios estructurales. La simple sensación de que la situación podía estabilizarse comenzó a evaluar positivamente al Ejecutivo.

    Aquí entra el factor “Doña Petra”. Si ella siente que puede volver a comer completo y que sus hijos no pasan hambre, su sentido de urgencia por el cambio político disminuye. No es que se vuelva chavista, es que el riesgo de movilizarse pierde peso frente a la estabilidad del plato de comida. El gobierno actual lo sabe: si logran transmitir que ellos son quienes garantizan la prosperidad, pueden reconectar con ese 15% crítico y movilizar 30% electoral que los haga competitivo de nuevo.

    La ventaja democrática sobre el espejo cubanoA diferencia de Cuba, donde generaciones enteras han nacido bajo un solo sistema, Venezuela tiene una ventaja: el recuerdo. “Nosotros lo vivimos… nuestros papás nos cuentan y nosotros se lo contamos a nuestros hijos”, señala Seijas sobre la experiencia democrática. Esta “socialización de la democracia” es un activo que permite que la idea de decidir por mayoría no sea un concepto trivial, sino un deseo latente.

    Sin embargo, la transición hacia un sistema más democrático no es el único camino posible; el riesgo de derivar en algo más autoritario que lo conocido hasta ahora está presente en el análisis. Para evitarlo, la oposición enfrenta un reto titánico: generar confianza no solo en las élites internacionales, sino también en la señora que espera el agua o la luz.

    La sombra de Washington y el dilema de la unidadEl panorama no está completo sin mirar hacia el Norte. Las elecciones en Estados Unidos y la postura de figuras como Donald Trump añaden una capa de incertidumbre. El control político y militar en Venezuela sigue siendo el eje que cualquier aspirante a la transición debe garantizar.

    La oposición, por su parte, urge de capacidad operativa y una narrativa que asocie democracia con prosperidad. No basta con ser “los otros”; deben ser percibidos como una opción confiable que pueda manejar las armas, las instituciones y, sobre todo, la economía.

    Al final del día, la política venezolana se debate en una carrera contra el tiempo y la percepción. La ventana está abierta, pero el aire que entra es denso. La imagen que queda es la de un país que, entre la fatiga y la esperanza, espera saber si el próximo ciclo será de transformación real o de una nueva estabilización en la precariedad. El juego sigue siendo el mismo: convencer a un país que tiene hambre, pero que también tiene memoria.

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