En los refugios temporales instalados tras los devastadores terremotos del 24 de junio, cientos de niños intentan recuperar una rutina que desapareció en cuestión de segundos. Algunos perdieron sus hogares; otros, a sus padres o familiares más cercanos. Muchos aún despiertan sobresaltados por las noches y reviven el miedo que dejó la tragedia, mientras Venezuela continúa enfrentando las consecuencias de uno de los desastres más graves de su historia reciente.
A 18 días de la emergencia, que deja un saldo oficial de 4.561 fallecidos y más de 16.700 personas heridas, las organizaciones humanitarias coinciden en que atender la salud emocional de la infancia se ha convertido en una prioridad tan urgente como garantizar alimentos, refugio o atención médica.
Desde los espacios de atención habilitados para las familias malditas, equipos de UNICEF desarrollan actividades dirigidas a niños y adolescentes que aún lidian con el impacto psicológico del desastre.
“En este tipo de desastres, y especialmente en éste, vemos un enorme sufrimiento entre los chicos. Por eso brindamos apoyo psicosocial tanto a ellos como a sus familias, porque hoy esa es una de las necesidades más urgentes”, explicó Margarita, representante de UNICEF.
La organización advierte que los efectos del terremoto siguen presentes en la vida cotidiana de muchos menores, quienes manifiestan temor, dificultades para dormir y cuadros de ansiedad derivados de la experiencia vivida.
“Lo que vemos son niños y niñas con miedo en la noche, que no pueden dormir, con traumas que necesitan ser atendidos. Lo que hacemos es brindar esos espacios para que vuelvan a ser niños después de una situación tan traumática”.
Quienes trabajan diariamente con los sobrevivientes aseguran que, pese al dolor, los más pequeños conservan una capacidad sorprendente para encontrar momentos de esperanza.
“Es enternecedor escuchar a los niños porque ellos tienen una resiliencia natural aún mayor que los adultos y pueden, incluso en el peor escenario, encontrar momentos para vincularse desde el juego, la risa y la alegría”, indicó otra voluntaria que participa en las labores de asistencia.
Familias que intentan comenzar de nuevoMientras continúan las labores de recuperación, miles de personas permanecen en refugios temporales después de perderlo prácticamente todo.
Entre ellas se encuentra un padre que sobrevivió junto a su bebé de apenas diez meses, pero cuya vivienda quedó destruida, dejándolo sin un lugar donde vivir.
También está Génesis, quien logró ponerse a salvo con sus tres hijos, de cinco, seis y siete años. El terremoto cambió para siempre la historia de la familia al cobrar la vida de la abuela y de una tía de los pequeños.
En medio de esa realidad, uno de los niños respondió con inocencia cuando le preguntaron qué necesitaba.
“Nos faltan juguetes”.
La frase refleja cómo, incluso en medio del duelo y la incertidumbre, la infancia sigue buscando espacios para volver a jugar.
Fabiana y las 32 horas bajo los escombrosEn medio de las historias marcadas por la pérdida también han surgido relatos de supervivencia que han conmovido al país. Uno de ellos es el de Fabiana, la adolescente de 12 años que permaneció atrapada durante 32 horas bajo los restos de un edificio en La Guaira hasta ser rescatada con vida.
La menor recordó que estaba sola en su apartamento cuando comenzó el movimiento telúrico.
“Estaba en mi cuarto, mirando mi teléfono, cuando salgo a la cocina a tomar agua y ahí fue cuando el terremoto me agarra muy fuerte. Todo se movía, todo se tambaleaba y el edificio se iba de lado”, relató.
Los minutos posteriores quedaron grabados para siempre en su memoria.
“Segundos más tarde, comienzan a caer escombros a mi alrededor. Cuando todo terminó de caer, todo quedó en un silencio matador y yo me quedé pensando: ‘¿ahora qué voy a hacer?’. Después de 32 horas mirando el techo que tenía en mi cara, empecé a escuchar mi nombre a lo lejos. Escuchaba que me hablaban y lloré de felicidad porque me iban a sacar. Iba a verme con mi familia.
Tras reencontrarse con su madre, la niña hizo una promesa que resume el temor que aún conserva.
“No me vuelvo a quedar nunca más sola”.
A pesar de todo, quiso enviar un mensaje de esperanza para quienes atraviesan la misma tragedia.
“Siempre confíen en Dios porque él va a tener sus razones para todos. Y que nunca apaguen su sonrisa”.
Una emergencia que sigue creciendo.Las autoridades venezolanas elevaron a 4.561 el número de fallecidos tras confirmar otras 157 víctimas en el balance más reciente. Además, el registro oficial se mantiene en 16.740 la cifra de personas lesionadas.
El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, informó que 120.794 familias han recibido asistencia desde el inicio de la emergencia y que 19.583 personas permanecen en 108 refugios temporales habilitados en Caracas, Miranda y La Guaira.
A ello se suman 1.222 réplicas registradas desde el 24 de junio y cerca de 18.000 viviendas destruidas o habitables, una cifra que podría aumentar a medida que avancen las inspecciones técnicas en las edificaciones que sufrieron daños estructurales.
Mientras continúan los trabajos de búsqueda, remoción de escombros y evaluación de inmuebles, las organizaciones humanitarias insisten en que la recuperación del país no dependerá únicamente de reconstruir ciudades, sino también de acompañar a una generación de niños que deberá aprender a convivir con las secuelas de la tragedia.