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Sunday, July 12, 2026
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    Arrasado por el terremoto y saqueado, el Bodegón El Litoral se niega a morir

    Al final de la avenida Atlántida, en Catia La Mar, hay un bodegón; uno que nació en la adversidad de la pandemia y que, inclusive después del terremoto que arrasó con parte de su estructura y dio pie a que fuese saqueado, hoy es uno de los pocos negocios que, gracias a su dueño y trabajadores, está activo en La Guaira.

    El 24 de junio de 2026, uno de los dueños del Bodegón El Litoral, Sergio Tovar, se encontraba en el anexo del negocio, lugar en el que vivía. A las 6:04 pm, el doblete sísmico golpeó La Guaira.

    Sergio vio cómo lo que era su lugar de residencia se venía abajo; Detrás del local, las casas también colapsaron. Un vecino desesperado le pidió ayuda para sacar a su hijo; él ayudó, pero los escombros de otras residencias terminaron cayendo en el sitio. A Sergio no le quedó otro remedio más que abandonar el lugar.

    La parte trasera del local, donde vivía Sergio Tovar, colapsó tras el sismo | Foto: Ezequiel CaríasCon la estructura trasera del local derrumbada —aquella en la que Sergio vivía—, el negocio, como casi todos en La Guaira, tuvo que dejar de funcionar. Pero ese no sería el único problema para el bodegón.

    En la semana siguiente el local fue saqueado. Harold Tovar, hermano de Sergio, se encontró en el sitio y contó en su momento cómo ocurrió todo.

    “Tuve que abrir; se llevaron toda la mercancía, fue vandalismo. Tenía harina de maíz, pasta, sardinas. No me dejaron nada, pero al menos no me destruyeron las cosas. Esto es poco a poco. A empezar de nuevo”.

    Y empezar de nuevo fue lo que hicieron los dueños y trabajadores del Bodegón El Litoral.

    El bodegón está activo vendiendo la poca mercancía que les queda | Foto: Ezequiel CaríasEmpezando de nuevoLo primero que Sergio Tovar hizo fue buscar una colchoneta, llevarla al bodegón y retomar su pernocta en el sitio; Algo que había dejado de hacer tras el terremoto, pero que demostró una necesidad para evitar que nuevamente el local fuera saqueado.

    “Bueno, tomamos la medida de quedarnos aquí para evitar el vandalismo. ¿Para qué? Para evitar que, por ejemplo, rompan la puerta, porque en esta situación ya quizás uno no tenga ni para una bisagra para arreglarla. Como le dije a los trabajadores: tengo un colchón, pero no está lleno de dinero, lo que tiene es polvo y escombros”.

    El Bodegón El Litoral solía ser también una discoteca antes del sismo | Foto: Ezequiel CaríasEl Bodegón El Litoral, que en su momento inclusive fue una discoteca, poco a poco empieza a retomar su forma. Levantar persianas no es un reto nuevo para Sergio; apenas dos meses antes del sismo, se había visto obligado a cerrar la sección nocturna del negocio porque la competencia y la contracción económica lo habían sumido en una pérdida de 3.500 dólares semanales. El terremoto no fue el primer golpe del año, pero sí el más doloroso.

    “El problema es que aquí había como cuatro locales nocturnos, entonces no hay mercado para tanto. Tuvimos que cerrar la discoteca”, explicó.

    El puesto de empanadas fue el primero en activarse; queda justo al lado del local y, después de 15 días del sismo, ya está plenamente operativo.

    A pesar de la intensidad del doblete sísmico, la parte frontal del local se mantiene intacta | Foto: Ezequiel Carías”Con lo poquito que quedó llamando a la gente a ver qué se hace de aquí en adelante. Todo es poquito a poco”, comentó Sergio Tovar.

    Tras hacer el recuento de cómo quedó la estructura del bodegón, lo que permitió que este ya se encuentre activo es el hecho de que la parte frontal del local no sufrió daño alguno; un contraste durísimo con la parte trasera del edificio.

    “Logramos abrir porque la parte de adelante quedó en pie. Y bueno, no tenemos mucha mercancía, pero nos queda algo de comida; así, poco a poco, vamos vendiendo al taxista que pasa, al amigo que va caminando. Cualquier persona que tenga un dólar se compra una empanada y sigue su camino”, explicó Tovar.

    La clientela, sin embargo, hay que sudarla. Al estar ubicados al final de la avenida Atlántida, el transporte público es casi inexistente, lo que limita sus ventas a los conductores de carros y motos, oa los playeros ocasionales que bajan a armar sus cavas.

    Para contrarrestar el aislamiento, el negocio ha tenido que diversificarse a la fuerza: Sergio ahora realiza entregas a domicilio personalmente en su vehículo e incluso han abierto la opción de que clientes solidarios dejen comidas pagas a modo de donación para ayudar a otros vecinos afectados.

    Los trabajadores del bodegón están trabajando para tratar de recuperar lo que se pueda del local | Foto: Ezequiel CaríasSin apoyo de las autoridadesSi bien el gobierno de Delcy Rodríguez anunció una serie de medidas económicas para la reconstrucción de La Guaira, en el campo la realidad es otra. Sergio tajantemente dice que no solo no ha recibido ayuda por parte de las autoridades, sino que inclusive la edificación no ha sido revisada o inspeccionada por Protección Civil, bomberos o algún ministerio.

    “Hoy fue que vino alguien de la ONU a preguntar si necesitábamos apoyo, pero yo sé que eso no va a pasar. Uno tiene que buscar la forma de seguir adelante y ya, ¿entiendes? Ojalá llegue una ayuda, un crédito o algo para uno seguir, además de para mejorar. Pero bueno, vamos a ver qué pasa, pues”, comentó.

    El Bodegón El Litoral es uno de los pocos comercios operativos en Catia La Mar | Foto: Ezequiel CaríasAdemás de los retos de tratar de salir adelante con un local afectado por el terremoto, saqueado y con poca mercancía, Sergio Tovar explicó que también está preocupado por las deudas y compromisos que tiene que pagar.

    “La verdad es que uno paga impuestos, paga los servicios. A los comerciantes siempre les dan por todos lados, pero nunca lo ayudan a uno”.

    A pesar del panorama gris, las deudas acumuladas y la vigilia constante que le corta el sueño a las tres de la mañana, en el Bodegón El Litoral no hay espacio para la rendición. Con la cocina encendida y el olor a empanadas recién hechas como bandera, Sergio Tovar y su equipo demuestran que, en una Guaira golpeada por la naturaleza, la verdadera reconstrucción no tiene su origen en decretos oficiales de políticos en Miraflores, sino en el pueblo guaireño.