GIUSEPPE GIANNETTO, ARCHIVOGiuseppe Giannetto (1951), científico, investigador y docente con una prolífica trayectoria, reconocido dentro y fuera de Venezuela, se destacó como rector de la Universidad Central de Venezuela entre 2000 y 2004. En 2001 tuvo que afrontar la toma de los espacios de la universidad por parte de un grupo de violentos. En Y la casa venció a las sombras (Kálathos ediciones, 2025), reconstruye aquellos hechos estremecedores
Por GLORIA CUENCA
La memoria es uno de los bienes más preciados del ser humano. ¿Qué sería de nosotros sin esa extraordinaria facultad? Muy probablemente terminaríamos en una situación lamentable. Sin embargo, sabemos, la “memoria es frágil”, en ocasiones selectiva, se olvida lo desagradable y se recuerda solo lo bueno. Episodios muy dramáticos o demasiado felices no son recordados. Ha sido así a lo largo de la existencia de la humanidad. Sin embargo, siempre existe la pregunta: ¿qué fue lo que paso? ¿Cómo ocurrió? De allí la grandeza de los textos que nos narran la historia de los hechos. Imposible no reseñar los antiguos relatos orales, con canciones, trovas y coplas, que nos dejan testimonio de lo ocurrido. En América del Sur, en el gran imperio Inca, existían unos valerosos, corpulentos y fuertes indios que corrían desde el centro de la capital, en Machu Pichu, hasta Quito, la actual Lima y más lejos aún. Se les llama Chasqui. Eran correos parlantes, encargados de llevar las informaciones noticiosas de un lugar a otro. En ese entonces, sin saberlo los chasquis contribuirían también a reducir la incertidumbre que provocaba la falta de información. Luego, ocurrió el gran invento de Johannes Gutenberg, los tipos móviles para la imprenta, transformándonos en obsesivos lectores de las páginas impresas. Con claridad y precisión, a pesar de los extraordinarios inventos cibernéticos de hoy, quienes amamos la lectura no dejamos jamás de hojear un libro, una revista o un periódico y deleitarnos con la palabra impresa.
El título del libro de los cuatro años de la gestión del profesor Giannetto, propuesto por el profesor Adolfo Herrera, se llamaría El Ciudadano Rector (1). En su lugar, hoy en día el ciudadano rector Giannetto nos presenta una crónica sobre lo ocurrido en su turbulento primer año y medio intitulada. Y la casa venció a las sombras. Toma de la Universidad Central de Venezuela en 2001. Ser ciudadano es recuperar los hechos. Ser ciudadano es uno de los más importantes, necesarios y trascendentes papeles que toca asumir en la democracia. La ciudadanía se hace a partir de una verdadera condición humana que se inicia en el reconocimiento de la polis hasta la asunción de valores como libertad, justicia, democracia, equidad y ética. Se es un buen ciudadano cuando se cumple con la misión y las tareas que en una determinada posición y cargo te han sido asignadas. En estos tiempos de fariseísmo, la conducta ética-ciudadana del rector Giannetto es un ejemplo a seguir, siempre. Las generaciones del presente y del futuro tienen un nuevo marco de referencia a partir de lo vivido, luego de la situación que aquí se narra.
Creo, considero y pienso que el rector Giuseppe Giannetto, una vez más, asumió una responsabilidad histórica con el país, con la universidad y con las viejas y nuevas generaciones de docentes y estudiantes. Decidir narrar y divulgar, casi tres décadas después, lo que ocurrió en los días aciagos de la Toma del Consejo Universitario, por parte del llamado movimiento M-28. Resulta imprescindible el recuento desde la voz del rector, actor principal de los acontecimientos, este testimonio. A lo largo de estos 25 años hemos encontrado numerosas personas, con las mismas características de “los violentos”, como acertadamente los llama el rector. Llama la atención desconfiguración de ciertos seres humanos. Algunos no han llegado al ser, están entre pertenecer a entes y alcanzar la categoría de persona humana. Cuesta mucho trabajo comprender cómo y por qué se degradan de esa manera. ¿La ideología? ¿Patologías preexistentes? ¿Resentimiento profundo? No hay respuesta para esto, queda a psicólogos y sociólogos el reto de analizar a esa gente. La historia es “maestra de la vida” (Magistra vitae), dijo el gran tribuno y orador romano Cicerón. En efecto, ¡qué desagradable e inapropiado implica no conocer nuestro pasado! Resulta que la velocidad del tiempo, acelerado, según la Teoría Schumann, transcurre de una forma, casi podría decirse, violenta. Si no estamos alertas, el día se pasa sin darnos cuenta y sin cumplir las metas que tenemos. Escribir, narrar, contar los acontecimientos trascendentes, es un imperativo para los protagonistas de determinadas circunstancias y momentos históricos. Si no se recogen esas experiencias, muchas cosas se olvidan. Gracias a Dios existen documentos, informes, grabaciones de sonidos y videos, que permiten recuperar los hechos.
Especialmente trascendental es la preocupación de los actores principales de los sucesos por describir con la mayor exactitud posible lo ocurrido, a pesar de la lejanía que impone el tiempo.
Es una tarea imprescindible para la comprensión del desarrollo de los acontecimientos histórico-políticos-sociales actuales.
Desde que comenzó el régimen dictatorial venezolano en 1998, hasta el día de hoy, han ocurrido sucesos, eventos, situaciones, absolutamente inéditos. Venezuela ha sido un campo de experimentación y enseñanza para el planeta. Si algo quedaba de la izquierda en el mundo, aquí fue pulverizado de la manera más terrible y sorprendente. El “CASO VENEZUELA” será estudiado en el futuro para poder entender cómo fue que un país maravilloso, próspero, amigable, productivo, fue arrasado como si hubieran lanzado las temibles bombas Napalm, caídas en el martirizado Vietnam de los años 60. Esto sin que en Venezuela haya ocurrido una guerra. Desde el comienzo del régimen, para quienes no caímos encantados por la palabra seductora, envolvente y predicadora de Hugo Chávez Frías, resultaba claro por dónde iba su ruta. Falsa, tramposa, antidemocrática y seudo marxista. No obstante, una mayoría del país lo seguía sin pensar, ni analizar, cuestiones elementales: se trataba de un militar, sin gran preparación, lleno de resentimientos sociales, por su procedencia e historia personal, con una ambivalencia ideológica muy alarmante. Primero, visitó al exiliado expresidente Marcos Pérez Jiménez en Madrid, un confeso derechista, y no encontró lo que buscaba. Luego, fue a La Habana, a reunirse con el dictador Fidel Castro, confeso comunista quien, a su vez, buscaba a alguien que lo salvara del desastre de hambre y miseria del llamado “período especial” provocado por el abandono de Rusia. Castro encontró en Venezuela un terreno fértil y convenció al nuevo presidente de las bondades de su régimen. Los venezolanos, que sabían de fuente directa el desastre de Cuba, siguieron a Chávez, inexplicablemente. En parte a eso se debió la situación que se presentó, repentinamente en la Universidad Central de Venezuela. Quedó claro al comienzo del régimen, para quienes veíamos con precisión y claridad lo que ocurría, esa fascinación tardía por el líder cubano y la incongruencia de Chávez. Esto será definitorio a lo largo de su vida: ser rico es malo, pero roba de la peor manera y hace a sus hijas millonarias por el robo. Por una parte, le devuelve el Jardín Botánico a la Universidad Central de Venezuela y por la otra, sus seguidores hacen una toma totalmente extemporánea y fuera de lugar en la UCV. Una incongruencia más.
La narración, fiel y detallada, del rector Giannetto nos pone en contacto con una terrible realidad, que estará presente durante estos 25 años de dictadura. Un resentimiento espantoso por parte de un importante grupo de jóvenes, violentos y supuestamente revolucionarios, quienes en lugar de buscar ayuda para su malestar existencial y asistir a procesos terapéuticos y de optan por la violencia y pretenden destruir las bases elementales para una vida diaria, sana, legal, decente, amigable y serena. Esto es lamentable y muy triste, todavía hoy en día.
La lectura del texto me ha conmocionado. Fui observadora de los hechos desde tres perspectivas distintas: como profesora universitaria, jubilada y activa, decidida amante de la autonomía, la libertad de cátedra y de la democracia universitaria, como la esposa de Adolfo Herrera, que fue directiva en esos tiempos difíciles, siempre del lado de la autonomía, la justicia, la democracia, con su espíritu de gran negociador puesto a prueba y, no menos importante, como paciente: me habían diagnosticado un cáncer, debía luchar por mi recuperación y sentía que mi vida pendía de un hilo.
Es importante destacar cómo, en medio de la violencia, el rector y las autoridades leales no perdieron nunca la perspectiva: había que mantenerse cumpliendo la normativa ético-jurídica del país.
La Constitución Nacional y la Ley de Universidades fueron y son su principal apoyo y respaldo. Se recurrirá a los tribunales para buscar soluciones. Por otra parte, los profesores, los docentes, insisten siempre, queda muy claro a lo largo del relato, en la posibilidad de la negociación. Por supuesto, esto resulta inaceptable para los “violentos”. Se intenta, una y otra vez. Sin logro alguno, pero no se desiste. La gente civilizada así resuelve los problemas, no con violencia, groserías y/o chantajes. El diálogo, necesario e imprescindible en la educación, estará siempre presente en la mente de la autoridad universitaria, para no perder su verdadera condición rectoral en medio de los difíciles y dramáticos momentos vividos.
Este es un relato magnífico, en primera persona, por parte del «Ciudadano Rector». Tal vez, se han olvidado algunas anécdotas, sin embargo, cumple con la finalidad fundamental: dar al lector de estos tiempos una visión esclarecedora de cómo se ha luchado desde siempre por la universidad autónoma, democrática, universalista, civilista, con absoluta libertad de cátedra y con criterios para los jóvenes que allí llegan a educarse. ¡Gracias, rector Giannetto, por esta magnífica y relevante contribución a la historia contemporánea de Venezuela!
*Y la casa venció a las sombras. Toma de la Universidad Central de Venezuela en 2001. Giuseppe Giannetto. Prólogo: Gloria Cuenca. Editorial Kálathos, España, 2025.