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Tuesday, June 23, 2026
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    Un avión militar, una carretera muy transitada y 62 millones de dólares llueven del cielo en Bolivia

    El Hércules C-130 se encontraba en la aproximación final al Aeropuerto Internacional de El Alto, a ocho millas del centro de La Paz y a 4.061 metros sobre el nivel del mar, cuando una tormenta de granizo se tragó la pista. Los testigos describieron fuertes granizos y relámpagos cuando el avión aterrizó la tarde del 27 de febrero. Nunca se detuvo.

    El avión, con matrícula FAB-81, se salió de la pista, atravesó la valla perimetral occidental del aeropuerto y se estrelló contra la Avenida Costanera, una vía principal repleta de tráfico nocturno. Golpeó a más de una docena de vehículos antes de destrozarse al otro lado de la carretera.

    Veintidós muertos, la mayoría en el suelo Al menos 22 personas murieron y 37 resultaron heridas. De los ocho tripulantes a bordo, uno murió. El resto de las víctimas fueron civiles, entre ellos cuatro niños, que tuvieron la desgracia de encontrarse en la Avenida Costanera en el momento equivocado. Siete miembros de la tripulación sobrevivieron con heridas graves. Uno sigue desaparecido.

    Un avión militar, una carretera muy transitada y 62 millones de dólares lloviendo del cielo en Bolivia. (Foto reproducción de Internet) El avión había despegado del Aeropuerto Internacional Viru Viru de Santa Cruz con ocho toneladas de billetes recién impresos para el Banco Central de Bolivia. Los billetes aún no habían sido serializados para su circulación, un detalle que adquiriría un significado inesperado en los minutos posteriores al impacto.

    Billetes, cadáveres y gases lacrimógenos Cuando el fuselaje se abrió, fajos de billetes por un valor estimado de 62 millones de dólares se esparcieron por el lugar del accidente. Lo que siguió captó la atención internacional. Las multitudes se dirigieron hacia los escombros, pasando junto a las víctimas y quemando escombros para agarrar puñados de billetes. El caos obstaculizó activamente las operaciones de rescate.

    La policía utilizó gases lacrimógenos y mangueras de agua para hacer retroceder a la multitud. Los periodistas que cubrían el lugar también fueron atacados. La Asociación Nacional de Periodistas de Bolivia condenó los ataques a periodistas y afirmó que una unidad móvil de televisión había sido apedreada. Más de una docena de personas fueron arrestadas por robar billetes.

    Las autoridades quemaron los billetes restantes en el lugar en presencia del presidente del Banco Central, David Espinoza, quien declaró que los billetes no tenían valor legal. Posteriormente, el Banco Central suspendió el estatus de moneda de curso legal de ciertas denominaciones de 10, 20 y 50 bolivianos de la serie 2018, publicando los números de serie de los billetes afectados.

    La investigación comienza en la altura La Junta de Investigación de Accidentes Aeronáuticos de Bolivia clasificó el suceso como una excursión de pista al aterrizar. Se recuperó la grabadora de voz de la cabina, pero el país carece de instalaciones certificadas para extraer los datos. El dispositivo se enviará al extranjero para su análisis, un proceso que, según los investigadores, podría llevar semanas.

    Por qué El Alto es singularmente peligroso Dos factores serán centrales para la investigación. El primero es el clima. Febrero marca el pico de la temporada de lluvias andina, cuando las tormentas vespertinas y el granizo son habituales en El Alto. El segundo es la altitud. A más de 4.000 metros, el aire enrarecido reduce el rendimiento del motor, aumenta la velocidad de aterrizaje y degrada la eficiencia de frenado. El granizo o el hielo en la pista agravan gravemente el problema.

    El propio avión plantea interrogantes. FAB-81 era un Lockheed C-130H de 49 años fabricado en 1977. Pasó gran parte de su carrera bajo Transporte Aéreo Boliviano, la subsidiaria de carga del ejército. Si bien los C-130 están construidos para durar y muchos vuelan más de 40 años en todo el mundo, su operación segura depende de un mantenimiento riguroso que el presupuesto militar de Bolivia ha luchado durante mucho tiempo para sostener.

    Días después del accidente, cuando los equipos de rescate abandonaron el lugar, los saqueadores regresaron para excavar entre los escombros en busca de dinero quemado y piezas de avión. Fue una coda sombría a un desastre que reveló tanto sobre la infraestructura en ruinas como sobre la desesperación que genera la pobreza a 4.000 metros sobre el nivel del mar.