13 C
Buenos Aires
Monday, June 15, 2026
More

    Poemas de Harold Alvarado Tenorio

    HAROLD ALVARADO TENORIO, VASCO SZINETARAutor de una extensa obra como poeta, ensayista, crítico literario, editor, compilador, observador de la política contemporánea y articulista de fuste, Harold Alvarado Tenorio (Colombia, 1945), voz fundamental de la poesía en lengua española, ha publicado Poemas (Podenco editor, 2025), del que hemos seleccionado poemas

    Por HAROLD ALVARADO TENORIO

    Herencia

    La única herencia de mi padre.

    [dijo Yusuf ibn al-Sayj al-Balawi]

    Fueron unos testículos grandes.

    Qué gran legado, pensó,

    ¡Qué gran legado!

    Desperdicio

    Que el pasado caiga desde nosotros.

    Que sea como agua inútil

    y, además, como agua innecesaria.

    Nuestro pasado vale tres cuartos.

    Vale nada.

    Сталинград

    Hasta aquí la música.

    Sobre las fronteras rusas

    las ametralladoras.

    Pandilla de temerarios

    contra la Madre Patria.

    Himno de Francia

    Obertura Solemne de 1812.

    De las goces del cuerpo

    Entre el sueño,

    después de las goces del cuerpo,

    cada presencia mira por su ojo,

    cada salida tiene una puerta.

    Redoblar

    Oye el tambor.

    Las flautas,

    y el brillo reluciente de las telas,

    anuncian la guerra que nos cerca.

    Ven a mí, mírame a los ojos.

    En Salónica

    Viajando por Salónica,

    la luz, en la hora más temida,

    ante el llameante brillo

    corre, ligeramente,

    en medio del aire estático

    sobre las estrellas centelleantes.

    Memoria de Holanda

    Recuerdo una mañana

    cuando, después del goce de soltero,

    caminaba en el campo

    recorriendo tu cuerpo.

    Aquella noche,

    apagada

    la seda,

    bebemos

    vino

    dulce.

    Llegando el otoño

    Llegando el otoño

    declaró su amor.

    Esa noche,

    veinte puñales, cercaron

    los ojos de la bella.

    los remordimientos

    le llevaron

    de ciudad en ciudad.

    Sigurd Jorsalafari

    Guerreó contra los árabes

    españoles y murieron locos.

    Eso dicen los antiguos

    de Sigurd Jorsalafari

    o Sigurd el peregrino

    o Sigurd el viajero a Jerusalén.

    1975

    La delicia de las cosas

    reposa en el paladar.

    Desgraciado

    quien llego a los treinta

    sólo ha probado un lado del placer

    y gustado sólo una caricia.

    Abubillas de Baza

    Mensajera celestial,

    abejaruco que haciendo un nido

    abrigáis, nutris y quitáis con el pico

    las viejas plumas de vuestros padres.

    Abubillas que sabéis de gratitud

    Como en un campo de cáñamo

    Como en un campo de cáñamo,

    uno a otro tallo se apoya

    en la mañana,

    uno a otro se oprime,

    entrada la noche.

    De la aristocracia

    De la aristocracia

    queda todo:

    La buena voluntad,

    el amor al prójimo,

    las buenas maneras

    y el calor humano.

    Nosotros, los siervos,

    nos complacemos

    en copiar.

    La forma de tu cuerpo

    ¿Qué dulces ojos?

    qué manos,

    tuvieron la fortuna

    de conocer la fresca

    forma de tu cuerpo

    y tallarla en el bronce,

    para nuestra goce?

    Cuando vengan a casa

    Cuando vengan a casa

    para saludar,

    hacer trabajos

    o pedir favores

    trátales como debes.

    No te confundas,

    el presente ni el ayer.

    Ellos allá y tú acá.

    Taliesin

    Yo, Taliesin,

    vasallo de antiguos reyes,

    en un oscuro patio inglés,

    el conocido las voces

    y el grito de los punales.

    Yo,

    Taliesin,

    el más alto,

    el más rubio.

    ella

    La que no acaba

    es la vejez.

    La otra,

    la edad de la belleza

    dura un fulgor,

    un maravedí.

    Ni hermosura ni muerte

    importante al viejo.

    solo estar,

    seguir cayendo.

    Job XII 24

    Quita el sentido a los gobernantes del país.

    Hazlos caer en un desierto sin caminos,

    que a tientas vayan en las tinieblas sin luz

    y como beodos yerren.

    Primavera

    Primavera golpea las ventanas y el polvo del Gobi

    Cubre los objetos con una pátina amarga.

    Alguien habla de un lejano país tropical.

    La vida es implacable.

    El tiempo inexorable.

    Tubinga, hacia 1807

    Nadie frecuenta, ahora,

    esa casa, junto al Neckar,

    donde recordaste tus estudios,

    y tu amor,

    sólo dos años.

    Plaza de las Tres Culturas, hacia 1968

    Amo esos hermosos cuerpos juveniles

    que una vez saciados los deseos

    dejando el lecho humedo

    con la bandera roja

    entre las manos

    en el combate

    mueren.

    Arte y ficcion

    Como en el arte,

    hizo de su vida una ficción.

    Y lo que más amó, el placer,

    lo obtenido en sueños.

    No habia realidad

    y si la hubo

    resultó también quimera.

    Dioses

    Muchos eran más listos que nosotros.

    Cuando les necesito

    les hacen venir golpeando la carraca,

    trazan sus huellas sobre la arena,

    las flautas hablan sus voces.

    Nadie les temia:

    habían fabricado sus rostros.

    Menorca

    En la desolación

    el verano

    es una llama blanca.

    Los hombres abandonados

    el campo y vuelven

    una casa sin rostro.

    Sólo los ancianos recuerdan la luz:

    la vida es extensión,

    una inmensa llanura.

    zen

    La sombra sigue al cuerpo.

    condenado a viajar.

    Tendrás mi piel.

    Tendrás mi carne.

    Tendrás mis huesos.

    Pero el último guardó silencio.

    Tendrás mi médula -dijo-.

    Como el polvo del camino,

    la mano sostenía una sandalia.

    Tú, que has viajado al país de los altos edificios.

    Tú, que conoces los sabores del vino extranjero.

    Tú, que has oído la música del timbal y de la flauta,

    ¿Has encontrado, como el mío, corazón alguno?

    Al cerrar la puerta

    Desnuda, al cerrar la puerta,

    como recompensa recibiste,

    un vano rosario de palabras.

    Dile que vuelva.

    Dile que venga y presente al respetable

    sus magnificas nalgas rosadas,

    la ronca voz

    y la canción de entonces.

    Embajadores

    Cuando llegaron a Madrid

    -ricos en prestigio de embajadores-

    muchos fueron sus discursos,

    muchos los aplausos del público,

    mucho el oro y la plata que recibieron.

    Cuán inocentes, fueron los antiguos,

    desconociendo el mérito

    de nuestros valores públicos.

    En espera del gran día

    Gran vida que das y todo quitas.

    Ni siquiera el recuerdo quedará en nuestros huesos.

    Ni siquiera la música del violín de Mendelssohn.

    La pregunta

    Un día preguntaron qué deseaba

    y trajeron aquella que había perdido en su juventud.

    Después de siete lunas y siete sonrisas

    un hueso de uva

    le separó de sus brazos

    de su perfume

    y sus ajorcas.