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Wednesday, June 17, 2026
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    Nota preliminar y Poemas de Rafael Castillo Zapata pertenecientes a Tránsitos

    RAFAEL CASTILLO ZAPATA, FEDERICO PRIETOTránsitos (2025) se titula el más reciente libro del poeta, ensayista y profesor universitario Rafael Castillo Zapata (1958). Ha sido publicado en España por Visor Libros y la Fundación Para la Cultura Urbana. Reproducimos aquí la Nota Preliminar y algunos poemas.

    Nota Preliminar

    Si un libro es el modo de leerlo -mejor dicho, el modo en que él mismo se da a leer- este es un libro nuevoaunque todos los textos que lo componen hayan visto la luz anteriormente, pero en un formato y según una sintaxis distinta. Tránsitos no es un conjunto de libros reunidos en tanto que libros, como apareció en mi Poesía reunida (2023), por ejemplo. No es tampoco una antología. Es el resultado de una nueva orquestación de los poemas que se dan a leer, de este modo, como un continuoagrupados bajo la forma de una suite compuesta de seis partes numeradas. En cada parte, los poemas han sido dotados de nuevas señales: en vez de números, ahora los nombro. Mi tarea aquí, entonces, ha ayudado, principalmente, en orquestar y titular. Dos operaciones que han puesto a prueba mi paciencia y mi confianza.

    **

    El cielo escrito

    Si nada se ha de oír, si solo el ojo es testigo de estos enormes acontecimientos que a diario se suceden sobre la cabeza del hombre, ¿cómo empujar el cielo hacia la página?, ¿cómo ponerse a decir lo que él no dice cuando despliega sus cantos callados en lo alto?

    Trabajos

    ¿Cómo sacar partido para el hombre de estos pormenores del aire y de la luz, de estos trabajos de la nube sobre la piel del día a diario?

    La emboscada

    ¿Será este el cielo recuperado que me prometería mi memoria del cielo? ¿Serán estos sus paisajes perdidos que me salen al paso como para tenderme una emboscada en un recodo repentino del aire inmenso? ¿Volveré a caer entre sus brazos como en los del ser amado que regresa después de viajes increíbles sin preguntarle nada? ¿Serán estos renglones los indicios de su nombre en alto, volviendo a pronunciar, en mi propia voz, por mí?

    El hallazgo

    Imponencia renovada del cielo ante mí: esta sorpresa de una limpieza repentina del día que se recoge enrollando la luz en sus pliegues amarillos, mientras la noche comienza a morder los primeros escalones de su oportunidad. Hallazgo para un ojo dormido que había olvidado la alegría de esta contemplación abierta y sin miramientos. Cuánto tiempo perdido dándole la espalda a este espectáculo infinito, rehecho a cada instante por la máquina del cielo. Día derrumbado que un párpado recoge como un bocado para encerrarlo por unas horas, hasta que de nuevo se levante de su encía para encenderse de nuevo como una lámpara.

    Cuando el día cae, ¿quién va a precipitarse allí con él para traer a tierra la noticia de su catástrofe, del polvo que levanta cuando se dobla herido de muerte en el último estallido de su esplendor?

    la noche

    Nubes arrancadas con las manos de la tarde de la pared asombrada donde se derrumba pálida este día. Tela venida a menos, ¿qué extraña claridad se asoma tras los pliegues que un golpe ha derramado como un párpado enorme que se arruga? ¡Cielo!, ¿qué hendija?, ¿qué sigilo del ojo agachado para seguir el rumbo de esa luz apenas que se cuela por debajo de la puerta de la noche, de ese río que corre, lejano, detrás?

    Lo irremediable

    Luz a ratos sosteniendo lo que ya no tiene remedio y se precipita, con pájaros y todo, en la garganta del horizonte vasto y sin aviso.

    la serenidad

    Así se sacude el día la luz, como un perro mojado que se recoge para echarse, sereno por lo que la mañana le tiene prometido en los últimos recodos de la noche.

    La noche segada

    Como un perro que se desprende del sueño y estira el lomo, el día tiembla un momento en el borde de la noche segada y se decide a andar con rápidos talones convencidos, cada mañana.

    la vastedad

    ¡Bienvenida, pupila! Claraboya del día que bosteza junto a la noche dominada y se levanta la falda de repente para mirar la luz que se arrodilla entre sus piernas como un río indeciso que alguien acaba de echar a andar, allá, con su preciso golpe de llave. ¡Ay, fuente! ¡Ah, exclusas maravillosas que dan paso a la mañana: contrafuertes del mundo levantado! ¡Heredad circunstancial del día vasto que se asoma!

    La enramada

    ¿Qué dedos ponen esta malla de encaje sobre el cielo quemado para filtrar la luz que me enceguece? ¿Qué acompaña a la mirada allá en lo alto para que un módulo rojo el estrépito del aire enardecido con la luz de junio que me abrasa? ¡Ah, pérgola sedosa sobre mi cabeza, como una enramada que allá arriba teje un pasadizo de sombra para el curioso que pasea!

    El cielo derramado

    En lo más alto del mediodía algo suena como agua: una corriente fluye entre las copas de los árboles; el viento abriendo paso entre los dientes de una palmera frente a mi ventana. ¿En qué momento, sin cigarros, el cielo parece que se derrama sobre las cosas del mundo como una lluvia que aclara?

    Lo absoluto

    Acaso cuando la luz es tan potente que el cielo se borra.

    La inacabada

    Pobre, desnuda nube inacabada que el viento pule como un hueso solitario abandonado por los perros.

    Los paisajes perdidos

    Cuánto regala al ojo que no se precipita este cielo que madura lentamente su relación: habría que estar mirando todo el día, cada día, hacia lo alto, para captar la grave sucesión de esos paisajes que, por suerte, se pierde irremediablemente, al fin, para la página. Maduros en quién sabe qué pliegue de la memoria, haciendo de las suyas en quién sabe qué circunvolución del sueño, esperando quién sabe qué para despertarse quién sabe cuándo: así es como puede nacer un poema acerca del cielo, de repente, como una nube, en lo inesperado.

    mecanica celeste

    ¡Palabras flexibles! ¡Como en ninguna otra lengua conocida, palabras nuevas, versátiles palabras que no se eternizan nunca en la significación precisa de un objeto!

    ¡Necesidad constante de traslación y de cambio, de rotación y de parodia de sí mismo! ¡Hambre de fijeza y necesidad de aventura, de deriva y extravío!

    ¡El cielo! ¡Su alta página!

    El ojo alucinado

    Agachadas a veces como al alcance de la mano, ¡qué manera tienen de jugar con el ojo que alucina el aire alto locas nubes que parecen recostar un poco el ala sobre un muro!, ¡qué manera tienen de hacernos creer que estamos de pronto a su nivel, que basta con empinarnos un poco y levantar el brazo nada más para alcanzarlas!

    La codicia

    Nubes codiciosas, en competencia cerrada, intentan ganar terreno para engordar sus blancos músculos de esponja a costa de las otras, rotas.

    la tormenta

    A todo dar, un agua muy viva rebaja al cielo a una triste condición de enorme página perdida, descompuesta por brotes de altas tuberías abiertas que encuentran por fin su sumidero ávido en el aire.

    Lo despejado

    Cuando una densa formación de nubes está dispuesta a ceder ante la luz que se abre paso a través de sus paredes de mota, todo ocurre como si cada movimiento de esos bloques de vapor que se separan despejando campo estuviera calculado: una serie gradual de desintegraciones invaden el cielo que se despeja. Grandes placas tormentosas inician largas demostraciones de despojo. Suicidas, hacen lugar a una luz que, rebanada, se acuesta vencedora sobre cada palma de terreno que la nube de tormenta desaloja.
    Tras enormes descargas de altos muros nubosos dominados a la vez, el cielo reaparece ante la mirada del hombre en la plenitud de sus más altas facultades de luz. ¡Claro su lienzo! ¡Limpia su página!

    *Los poemas aquí reproducidos pertenecen a la quinta sección -de un total de seis- que conforman Tránsitospublicado por Visor Libros y Fundación para la Cultura Urbana (España, 2025).