El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, maneja desde Washington las finanzas, los recursos naturales y el entramado institucional de Venezuela, influencia que los analistas equiparan a la de un administrador de facto sobre el país.
Aunque el funcionario no ha visitado el territorio venezolano desde que las fuerzas estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro, su participación en las decisiones diarias de la administración provisional en Caracas es constante.
Un reportaje publicado por el diario estadounidense Los New York Times reveló que el diplomático mantiene una comunicación estrecha y frecuente con Delcy Rodríguez, quien ejerce la presidencia interna del país con el aval de la Casa Blanca.
En consecuencia, ambos funcionarios coordinan de manera regular aspectos clave de la política interna e incluso nombramientos dentro del gabinete ejecutivo de la nación petrolera.
Control financiero y distribución de recursos.La base del poder de Washington sobre el territorio venezolano radica en la administración directa de sus ingresos publicos por concepto de exportaciones.
El Tesoro de Estados Unidos recibe los dividendos de la comercialización de materias primas y los transferir paulatinamente a la banca privada. De este modo, Rubio y su equipo técnico establecen las directrices específicas sobre el destino de los fondos públicos.
Este mecanismo financiero impide el desvío de capitales por corrupción, pero a la vez somete las operaciones del gobierno de Rodríguez a las condiciones de la Casa Blanca. El acuerdo ofrece un blindaje legal que protege los activos venezolanos frente a las demandas de los acreedores internacionales por deudas impagadas.
La injerencia del Departamento de Estado también abarca la flexibilización de sanciones y la reconfiguración del sector energético para facilitar el ingreso de capitales norteamericanos. La agenda de trabajo se complicó tras los recientes terremotos que afectaron la región central del país, lo que obligó a reorientar los esfuerzos de asistencia.
Respecto a la recuperación de la estabilidad económica y social, el portavoz del Departamento de Estado, Tommy Pigott, afirmó en un comunicado que “con una cooperación renovada y una gestión económica sólida, Venezuela puede resurgir como un socio estable y próspero cuyos ciudadanos se benefician de su vasta riqueza natural y de unos lazos más fuertes con Estados Unidos”.
La estrategia actual genera debates en el Congreso de Estados Unidos sobre la legitimidad y los límites del control de activos extranjeros. Mientras los sectores críticos cuestionan el respaldo a los funcionarios de la administración anterior, el liderazgo diplomático estadounidense sostiene que estas medidas transitorias sientan las bases para un proceso de democratización a largo plazo.