En distintas zonas de Venezuela, familias enteras atraviesan situaciones similares tras el colapso de edificaciones provocado por los sismos registrados el pasado 24 de junio. En medio de ese panorama, historias como la de Érika Fernández reflejan la magnitud humana de la tragedia, marcada por pérdidas múltiples y sobrevivientes que intentan recomponer su vida entre el duelo y la incertidumbre.
El caso de Fernández se originó en el derrumbe del Edificio Vallarta, una estructura que ocurrió durante el evento sísmico y que terminó completamente destruida. En su interior quedaron atrapados varios miembros de su familia, mientras ella logró ser rescatada con vida entre los escombros.
Entre las víctimas se encuentran su hijo José Antonio Castro, su esposo, su madre, su hermana, su cuñada y una sobrina de 13 años. También falleció su otra cuñada, la modelo venezolana Skarlent Rodríguez, de 23 años, reconocida en 2025 como Miss Grand Orlando.
El dolor de una madre ante la tragedia del colapsoEl impacto de la tragedia no se limita a las cifras. Fernández se enfrenta ahora a un duelo que la ha dejado emocionalmente devastada tras la pérdida simultánea de gran parte de su entorno más cercano.
“Hoy cuando me enseñaron las cenizas de mi hijo, yo decía ¿por qué lo estoy viendo a él? Si el debería de verme a mi. La ley de vida dice esa: él debería verme a mi, no yo a mi hijo”, dijo Erika entre llanto.
El momento del colapso, según su relato, ocurrió de forma repentina y violenta, sin posibilidad de reacción.
“Escuché un estruendo muy grande y empiezan a caerse los muros. Y a mi me cae un techo, un pedazo de techo, y me cayó en la cabeza y en la espalda. Yo quedé como encorvada arriba del perrito. El señor de vigilancia me logró cargar y yo logro salir. Cuando yo logro salir me quedo tirada en la parte de afuera y pegando gritos para que ayudaran a mi cuñada. A su vez yo escuchaba a la niña que sufría. Eso era muy triste. ‘Ayúdenme, ayúdenme que yo me voy a morir, no me quiero morir’, (era) mi sobrinita de 13 años”, relató la mujer.
Tras el rescate, Fernández ha ido recibiendo los restos de algunos de sus familiares, entre ellos su hijo, su esposo y su cuñada. Sin embargo, aún permanece a la espera de recuperar el poder de los de su madre, su hermana y su cuñado, quienes continúan entre los restos del edificio.
“En mi apartamento estaba mi madre; estaba mi hermana; mi cuñado; mi esposo y otra niña. Muy triste, muy triste. Todo superó la palabra dolor”, dijo Erika tratando de contener el llanto.
“Eso no se me borra de aquí. Eso está aquí. Eso no se va a borrar nunca”, dijo la mujer cerrando los ojos llenos de lágrimas.
Hoy, como muchas otras familias venezolanas afectadas por el colapso de edificaciones tras los sismos, Érika intenta sobrevivir al día a día mientras enfrenta no solo el duelo, sino también la responsabilidad de apoyar a su sobrina, la única sobreviviente del núcleo familiar, quien permanece hospitalizada y requiere atención médica y ayuda económica para su recuperación.