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Hechos clave
—La ceremonia. El 29 de junio los restos de sesenta y ocho víctimas del conflicto fueron enterrados nuevamente en San Martín Jilotepeque, Chimaltenango.
—Las víctimas. En su mayoría civiles mayas, incluidos niños y ancianos, asesinados por el ejército en 1982.
—La espera. Los restos fueron exhumados entre 1998 y 2014 y retenidos durante años antes de que estuviera listo un lugar de descanso permanente.
—Las identidades. La mayoría han sido identificadas por equipos forenses, mientras que una veintena permanecen sin nombre.
—El peaje. El conflicto que duró de 1960 a 1996 dejó alrededor de 200.000 muertos y 45.000 desaparecidos.
—La política. El gobierno del presidente Bernardo Arévalo ha anunciado un plan de reparaciones y búsqueda de víctimas.
Más de cuatro décadas después de su muerte, a sesenta y ocho víctimas de la guerra de Guatemala finalmente se les ha dado una tumba, y un nuevo gobierno promete las reparaciones que sus familias han esperado durante toda su vida.
Guatemala entierra a 68 víctimas de la guerra, 44 años después. (Foto reproducción de Internet) El lunes, en un cementerio ubicado en una colina cubierta de árboles en San Martín Jilotepeque, las familias colocaron urnas en nichos individuales. Fue el final de una espera que, para algunos, había durado cuarenta y cuatro años.
Los muertos eran en su mayoría civiles mayas de pequeñas comunidades de las tierras altas de la provincia de Chimaltenango. Fueron asesinados en 1982, uno de los años más sangrientos de un largo conflicto interno.
Un entierro que lleva décadas en proceso Los restos no fueron encontrados recientemente. Los equipos forenses los recuperaron en una serie de exhumaciones realizadas entre 1998 y 2014, en fosas comunes y en un antiguo puesto del ejército.
Durante años, los huesos se guardaron en un pequeño almacén de un cementerio local mientras los especialistas trabajaban para ponerles nombres. Según los informes de la ceremonia, la mayoría de los sesenta y ocho ya han sido identificados, aunque unos veinte permanecen sin nombre y fueron enterrados junto al resto.
El trabajo fue liderado por una fundación forense guatemalteca junto con una asociación de víctimas. Una comunidad cercana donó el terreno para que los muertos pudieran descansar cerca de donde alguna vez vivieron.
Los organizadores dijeron que los restos estaban vinculados a tres tipos de delitos: desaparición forzada, ejecución extrajudicial y masacre abierta. La tumba más grande contenía diecisiete conjuntos de restos, y otras albergaban nueve, seis y cuatro.
Los asesinatos se acumularon en unas pocas semanas oscuras. Los supervivientes y los investigadores señalaron incidentes ocurridos a mediados y finales de febrero de 1982 y una nueva ejecución en septiembre.
¿Qué pasó en 1982? Los asesinatos fueron parte de las campañas de contrainsurgencia del ejército en el punto álgido de la guerra. Los supervivientes de la ceremonia describieron que los soldados que llegaban a sus aldeas y sus familias fueron aniquiladas en un solo ataque.
Un superviviente recordó que el objetivo, tal como él lo entendía, había sido borrar a toda la comunidad. Entre las víctimas de estas redadas se encontraban niños pequeños, asesinados junto con sus familiares.
Un granjero kaqchikel, que ahora tiene más de setenta años, enterró a dos hijas pequeñas que habían sido asesinadas cuando eran niñas cuando los soldados llegaron a su aldea. Sus muertes, con décadas de diferencia con este entierro, reflejan cuánto tiempo estas familias han llevado su dolor.
El conflicto interno de Guatemala duró de 1960 a 1996 y dejó alrededor de 200.000 muertos y 45.000 desaparecidos. La violencia cayó con mayor dureza sobre las comunidades mayas del altiplano occidental.
Un gobierno que elige recordar Lo que hace que este nuevo entierro sea más que un rito local es el momento en que llega. La semana pasada, el gobierno del presidente Bernardo Arévalo anunció un plan nacional para reparar y dignificar a las víctimas del conflicto.
Se informa que el plan incluye un mecanismo para buscar a los miles de personas que aún están desaparecidas. Para un país cuyas instituciones prefirieron durante mucho tiempo el silencio, un compromiso oficial con la memoria es un cambio notable y se ajusta a la promesa reformista del ascenso al poder de Arévalo.
El contraste con el pasado es marcado. Los sucesivos gobiernos se resistieron a rendir cuentas por la guerra y los procesamientos han sido raros y reñidos.
Por qué estas víctimas de la guerra de Guatemala siguen siendo importantes en el extranjero Para un lector extranjero, esta es una ventana a un país que todavía está ajustando cuentas con su propia historia mientras construye una economía moderna y vínculos comerciales, incluido un nuevo acuerdo con Perú que entra en vigor este mes, como lo señala nuestra cobertura comercial.
El proceso de nuevo entierro tampoco ha terminado. Los nichos se entregarán formalmente a las familias a mediados de julio, con una misa para conmemorar el momento.
Para las familias, el significado es más simple que cualquier política. Después de cuarenta y cuatro años, finalmente saben dónde están sus muertos, una frase que un sobreviviente convirtió en un silencioso acto de desafío: querían borrarnos, dijo, pero aquí estamos, enterrando a los nuestros.
Preguntas frecuentes ¿Quiénes fueron las víctimas de la guerra de Guatemala enterradas esta semana? Eran sesenta y ocho personas, en su mayoría civiles mayas, incluidos niños y ancianos, de comunidades de la provincia de Chimaltenango. Fueron asesinados por el ejército durante las campañas de contrainsurgencia de 1982 y enterrados nuevamente el 29 de junio en San Martín Jilotepeque.
¿Por qué tardó tanto el entierro? Los restos fueron exhumados entre 1998 y 2014 y luego retenidos durante años mientras los equipos forenses trabajaban para identificarlos y se preparaba un lugar de descanso permanente. La mayoría ya han sido identificados, aunque unos veinte siguen sin nombre.
¿Cuántos murieron en el conflicto interno de Guatemala? El conflicto duró de 1960 a 1996 y dejó alrededor de 200.000 muertos y 45.000 desaparecidos. Las comunidades mayas del altiplano occidental sufrieron las mayores pérdidas.
¿Qué está haciendo el gobierno ahora? El gobierno del presidente Bernardo Arévalo anunció un plan nacional para reparar y dignificar a las víctimas del conflicto, que al parecer incluye un mecanismo para buscar a los miles de personas que aún están desaparecidas. Marca un cambio tras décadas de reticencia oficial a afrontar la guerra.
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