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Wednesday, June 17, 2026
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    Verde y Azul: Solera le cedió la palabra al consumidor

    El país lo decidió hace mucho.

    Verde y azul. Dos palabras. Cuatro sílabas. La abreviatura con la que Venezuela lleva años pidiendo sus cervezas.

    Sin el nombre técnico de la etiqueta o el subtítulo que algún equipo de marketing redactó en una sala de reuniones.

    Solo el color. Lo que el ojo ve, la mano alcanza y manteniendo la calidad impecable de siempre.

    Lo que comenzó como la manera más directa que tiene el venezolano de nombrar las cosas, termina formalizándose en decisión corporativa.

    Empresas Polar hace oficial lo que el mercado consumó en silencio: Solera Clásica se llama Solera Verde y Luz Solera se llama Solera Azul.

    La chispa del 55Cervecería Polar lanzó Solera el 6 de junio de 1955. Lo hizo sin fanfarria. Una edición especial, distribución limitada, presencia discreta.

    La reformulación llegó en los ochenta: nueva fórmula, lata de 295 ml, y el relanzamiento definitivo en 1991 con 6 grados de alcohol.

    Solera Classic encontró entonces su lugar entre los consumidores que valoraban el cuerpo robusto y el amargor limpio.

    En 2003, Llegó Solera Light con la botella azul. —4 grados, bajos carbohidratos— y sin que nadie lo planifique, el consumidor empezó a llamarlas por lo que veía y les gustaba: la verde, la azul.

    Para 2005, Solera ya ocupaba el quinto lugar entre las cervezas más vendidas del país.

    En 2012 lanzó la colección. Placeres Maestros (Märzen, Black, ALT, IPA) y consolidó su reputación de marca con criterio.

    Pero en la calle, el lenguaje seguía siendo el mismo. Sencillo. Cromático. Propio.

    Solera Verde. Solera Azul. Dos nombres que existen desde hace años en la memoria del venezolano | Foto Empresas PolarLo que el pueblo bautizóHay una lógica profunda en que un consumidor rebautiza un producto.

    “Notamos que, en la calle, en los bares y en las reuniones, el consumidor ya no utilizaba los nombres técnicos”, señaló la gerencia de la marca.

    “La realidad del mercado nos mostró que la forma más común de pedir el producto era simplemente por su color. Decidimos honrar esa conexión y formalizar los nombres que el público ya sentía como suyos.”.

    Solera tiene décadas en registros comerciales, en bases de datos de distribución, en la memoria de aliados y proveedores.

    El ajuste implicó un ejercicio logístico considerable y, sobre todo, entender, con la responsabilidad que trae consigo esa declaración, que la marca es del consumidor antes que de la empresa.

    Una de las preguntas más directas que enfrenta cualquier empresa al actualizarse es si el cambio la acercará a un nuevo público o la alejará del que ya tiene.

    La respuesta de Solera es, en cierta medida, valiente.

    “Solera siempre ha sido vanguardista. Conecta con un público que valora la calidad y el sabor”, explicó el equipo.

    “Con este refrescamiento, buscamos hablarle a todos nuestros consumidores: desde los más leales que nos han acompañado por años, hasta las nuevas generaciones que buscan una imagen más limpia y directa”.

    El consumidor leal de Solera, según la marca, no necesita que le expliquen qué cambió. Lo ve en el empaque, lo lee en el nombre, reconoce en el gesto la coherencia de una marca que lo ha acompañado durante años.

    El consumidor nuevo, el joven que entra al mercado cervecero buscando algo con calidad, criterio, con historia, con una propuesta que no lo subestime, encuentra en Solera Verde y Solera Azul un punto de entrada que ya tiene el lenguaje que él usa en su vida cotidiana.

    El consumidor leal de Solera no necesita que le expliquen qué cambió. Lo ve en el empaque, lo lee en el nombre | Foto Empresas Polarsolera encajaLa historia de Solera tiene estructura de cuento que no termina donde empieza. Nace modesta. Sobrevive reformulaciones. Crece con paciencia.

    Ese, para ellos, es el momento de mayor lucidez de su historia reciente. Por eso su campaña “Nos refrescamos” ópera en dos niveles.

    En el literal: un rediseño visual minimalista, fresco, versátil, con elementos gráficos que proyectan frío desde el primer contacto con el empaque. Y en el fondo: un refrescamiento en la relación con el consumidor.

    La fórmula, en cambio, no cede. Permanece la esencia.

    Asimismo, dicen, el cambio no se detiene en el anaquel. Solera anunció el regreso de las icónicas fiestas azules y circuitos de salto de bar en varias ciudades del país, experiencias que proyectan el espíritu de su promesa de marca —”En las buenas y siempre”— hacia escenarios donde la gente celebra, recorre y comparte.

    Al adoptar oficialmente los nombres Azul y Verde, la marca entra también en la conversación digital sin fricciones.

    Cuando el usuario @solerapremium hace publicaciones a través de sus redes sociales con ese lenguaje, no construye un código nuevo para que el consumidor lo aprenda.

    Habla en el idioma que él ya usa. Y eso, en términos de alcance orgánico y fidelización, vale más que cualquier campaña, comparta el equipo de Solera.

    Solera Verde. Solera Azul. Dos colores que identifican, setenta años después, dos cervezas antes de que nadie lea la etiqueta. Dos palabras que ahora son, también, la identidad oficial de una de las marcas más longevas del sector cervecero venezolano.

    La historia, sin embargo, no termina aquí. Concluye, en todo caso, un capítulo.

    Y comienza otro con una ventaja que no muchas marcas pueden afirmar: el nombre con el que inicia este nuevo capítulo ya lo conocían todos.