En 1991, la revolución era que podíamos llamar a alguien desde fuera de nuestra casa, o que alguien nos ubicara rápido en cualquier lugar: ese año apareció Telcel (luego Movistar), la primera operadora de telefonía celular en Venezuela. 35 años después, una llamada es casi algo molesto: nuestro teléfono inteligente es una cámara y un centro de mensajes de texto, voz o video, pero también de pagos móviles, juegos, pedidos de entrega, entretenimiento, chats con inteligencia artificial, apuestas online y localización geográfica.
Y sin necesidad de botoncitos: en general, no pulsamos. Nos deslizamos. Y quizás ese contacto táctil pronto también podría parecer tosco.