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Wednesday, June 17, 2026
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    La inversión pública de Perú aumenta un 18% en marzo a medida que se rescata el gasto del año electoral en el primer trimestre

    Puntos clave La inversión pública de Perú aumentó un 18% interanual en marzo a S/5.130 millones (1.490 millones de dólares), revirtiendo caídas del 9,1% en enero y del 2,5% en febrero y elevando el primer trimestre a un crecimiento positivo del 3,5% respecto al primer trimestre de 2025.

    Transporte ($1.050 millones), educación ($498 millones) y salud ($456 millones) lideraron la ejecución a nivel nacional, mientras que el gobierno metropolitano de Lima ya ha gastado el 57% de su presupuesto anual en sólo tres meses, la tasa de ejecución más alta del país.

    La aceleración de marzo marca el comienzo del último año de gobierno de las autoridades subnacionales, con elecciones regionales y municipales en octubre creando incentivos políticos para gastar rápido, incluso cuando el consejo fiscal de Perú advierte que el objetivo de déficit del 1,8% es “prácticamente imposible” de cumplir.

    Las cifras de inversión pública de Perú cuentan una historia latinoamericana familiar: cuando se acercan las elecciones, las excavadoras comienzan a moverse más rápido.

    La inversión pública en Perú aumentó un 18% interanual en marzo, alcanzando S/5,130 millones ($1,490 millones) y transformando lo que había sido un comienzo débil de 2026 en un trimestre positivo. Después de caídas del 9,1% en enero y del 2,5% en febrero, el resultado de marzo llevó el total del primer trimestre a S/11,640 millones ($3,370 millones), un aumento del 3,5% respecto al mismo período del año pasado. El cambio es real, pero también lo es el calendario político que lo impulsa.

    Adónde va el dinero El transporte domina, absorbiendo S/3,61 mil millones ($1,05 mil millones) en carreteras, puentes e infraestructura logística del primer trimestre que los gobiernos regionales pueden señalar como logros tangibles. Educación recibió S/1,720 millones ($498 millones) y salud S/1,580 millones ($456 millones). A nivel nacional, la Oficina del Primer Ministro ya ha ejecutado el 42% de su presupuesto anual, seguida de Economía y Finanzas con un 39% y Salud con un 36%. En el otro extremo, Defensa ha gastado sólo el 1,4% y Asuntos Exteriores el 1,6%.

    La inversión pública de Perú aumenta un 18% en marzo a medida que se rescata el gasto del año electoral en el primer trimestre. (Foto reproducción de Internet) Las disparidades regionales son marcadas. El gobierno metropolitano de Lima lidera el país con un 57% de ejecución presupuestaria, seguido por Amazonas con un 42% y Loreto con un 35%. Pero Callao ha gastado sólo el 2%, Tumbes el 4,8% y Hunuco el 8,1%, brechas que reflejan tanto limitaciones de capacidad como disfunción política en provincias donde la debilidad institucional es crónica. Loreto ($106 millones), Junín ($83 millones), Piura ($73 millones), Ayacucho ($56 millones) y Arequipa ($53 millones) son las regiones que más gastan en términos absolutos.

    La dinámica del año electoral El aumento de marzo no es accidental. Las elecciones regionales y municipales están previstas para octubre y las autoridades subnacionales están entrando en su último año de mandato. El patrón está bien establecido en Perú: la inversión pública se acelera en el último año del mandato de un gobernador cuando los funcionarios se apresuran a inaugurar proyectos antes de que los votantes acudan a las urnas. La estructura de incentivos premia la velocidad sobre la eficiencia, razón por la cual las autoridades fiscales han estado haciendo sonar las alarmas.

    El Consejo Fiscal de Perú ya calificó la trayectoria del gasto como una “hemorragia fiscal” y advirtió que el objetivo de déficit del 1,8% es “prácticamente imposible” de cumplir después de que el Congreso aprobara S/12 mil millones en reformas de pensiones y salarios. La revisión del Artículo IV del FMI reforzó el mensaje, exigiendo una consolidación del 0,9% del PIB para 2028. En ese contexto, un aumento de la inversión pública del 18% en marzo se interpreta de dos maneras: como una señal de que el proyecto de infraestructura de la economía se está ejecutando, o como evidencia de que el gasto en el año electoral está abrumado por la disciplina fiscal que Perú ha comercializado como su ventaja competitiva sobre sus pares regionales. La respuesta probablemente sea ambas.