El tema de la tercera guerra mundial dentro de la metafísica pudiera ser asunto de Nostradamus, Horangel o Adriana Asis en astrología, pero en la geopolítica, el tema no se banaliza y tiene otra lectura.
Muchos expertos en geopolítica y temas de defensa argumentan que un conflicto a escala global, similar a los del siglo XX (Primera y Segunda guerras mundiales) es altamente improbable (aunque no imposible).
Recuerdo que el profesor William Barnes en The Fletcher School Law and Diplomacy, mencionaba entre las razones principales por las cuales consideraba que no es “factible” o racional, en el contexto actual, una guerra que condujera al fin del mundo, las siguientes razones:
La Destrucción Mutua Asegurada (MAD). Este es el freno más grande. A diferencia de 1939, hoy existen potencias nucleares. El concepto de MAD establece que, en un conflicto nuclear, no habría un “ganador”, ya que el contraataque del bando agredido garantizaría la aniquilación total de ambos.Prevalece el interés racional: ningún líder político querría gobernar un Chernóbil o un desierto radioactivo. El costo de una guerra nuclear supera infinitamente cualquier beneficio territorial o ideológico y esto lo sabe, incluso, Kim jo il, líder supremo de Corea del Norte.La interdependencia Económica Global, al igual que el interés nacional. A diferencia de las guerras mundiales anteriores, las economías del mundo están profundamente entrelazadas. Por ejemplo, las cadenas de suministro: China depende de los mercados occidentales para vender sus productos y Occidente depende de China para la fabricación y materias primas en una relación comercial de ganar-ganar.Un conflicto total colapsaría el sistema financiero y bancario global, destruyendo la riqueza de las élites de todas las economías involucradas. Es difícil que un país con las mayores plantas tecnológicas e industriales se involucre en un conflicto global.Cambios en el tipo de armas. Hoy en día, la guerra “caliente” (de tanques y trincheras) es menos eficiente que otros tipos de confrontación. El ataque a los centros nucleares iraníes demostró que las guerras hoy en día son tecnológicas. La ciberguerra puede desestabilizar a un país, atacando su red eléctrica o su sistema bancario, sin disparar una sola bala.A la par, las sanciones económicas, financieras, arancelarias y el control de tecnologías críticas (como los semiconductores) son las nuevas armas de presión.En este contexto, las potencias prefieren enfrentarse indirectamente en conflictos locales (como ha ocurrido históricamente en Oriente Medio o Ucrania), para evitar un choque directo; las llamadas guerras por delegación (Proxy Wars).
En estos conflictos de nueva generación 5.0, el papel de las organizaciones internacionales a veces parece ineficaz. Organizaciones como la ONU, la OTAN o la Unión Europea, junto con los tratados de no proliferación, no obstante, crean canales de comunicación constantes que actúan como “válvulas de escape” para evitar que un malentendido escale a una guerra total.
El paradigma está en que, si bien una guerra mundial total no es “factible” desde un punto de vista racional, el riesgo siempre reside en los errores de cálculo o en líderes que actúan de forma irracional. Por eso, la diplomacia sigue siendo la herramienta más crítica.