Foto: AFPDesclasificar documentos secretos se ha puesto de moda. Estados Unidos enseña los del demoníaco Epstein. España saca a la luz aquel golpecito de 1981, 23F. Obama dice saber de los extraterrestres y Trump también. Falta que Delcy desclasifique las conversaciones secretas para entregar a Maduro; el contenido de las maletas que entregaron en Madrid/Barajas; el pacto con Irán, China y Rusia; los acuerdos para entregar Venezuela a Cuba
Delcy tiene mucho aún por desvelar. Está tardando porque sigue amarrada al poder fáctico de Diosdado Cabello, el que tiene las armas. Seguramente se anime a publicar documentos secretos cuando desactiva a Cabello, pero no parece demasiado propensa ni a lo uno ni a lo otro.
Las decisiones de la camarada Delcy son milimétricas. Suspende al fiscal general, pero lo recoloca, no vaya a ser él quien desclasifique algo. Evita un decreto presidencial de amnistía –presos políticos libres ipso facto– y se saca del bolsillo una ley más eficaz para proteger a los suyos que a los represaliados. Comienza a decorar El Helicoide, para olvidar el pesar de los torturados. Ella y su hermano, la camarada Jorge, son fieles seguidores de Lenin: dos pasos adelante y uno atrás.
La dupla Delcy/Jorge aplica las enseñanzas juveniles que, posiblemente, les dio, Carlos, el Chacal desde la cárcel de La Santé de París. Esos años quedan lejos, pero deberían recordar que aquel ídolo de la guerrilla latinoamericana y del mundo islámico sigue preso a perpetuidad.
Estos hermanos, pueden –sólo pueden– que se hayan convertido en colaboradores necesarios del plan Trump/Rubio, que están mudando la piel de serpiente ante la promesa de salvar el pellejo y sus fortunas bajo las cajas fuertes de paraísos fiscales. Van con pies de plomo. Se entiende su lentitud porque los radicales de Cabello lo miran como renegados a la revolución chavista. El miedo entre camaradas comunistas, se transforma en terror. No se tiene piedad contra los traidores. Funciona el lema romano: Roma no paga a traidores. Y se aplicó fielmente en la URSS y en Cuba.
Otras fuentes internas aseguran que el pacto entre camaradas está hecho. Delcy/Jorge/Diosdado han urdido un triunvirato necesario para mudar lentamente de chavistas antiimperialistas a socios del Imperio del Norte. Alianza estratégica para mantenerse en el poder y más allá, como ha acuñado su amigo español, Pedro Sánchez. Navegan sus contradicciones, como afirma Pablo Iglesias.
Como quiera que vayan esos acuerdos secretos, Delcy/Jorge tienen la sartén chavista asido por el mango. Son hábiles en cocinar sin quemarse. Al día de hoy el régimen sigue prácticamente intacto. Sigue secuestrando radios y enemigos de la libertad de expresión. El venezolano de a pie no ve ni siente un cambio en su vida diaria.
Rubio, pide paciencia. No se hizo Roma en un día. A Dios le costó seis días crear este mundo, y pudo descansar al séptimo. Al pueblo, que lleva bajo este yugo comunista caribeño desde 1998, casi 28 años, se les acabó la paciencia hace mucho rato. Sería retomar la esperanza real, que vieran cambios prácticos en sus vidas cotidianas. Tener trabajo bien remunerado, pensiones dignas a los mayores, sanidad pública eficiente y libertad de prensa. No es mucho pedir. Sólo para iniciar ese camino hacia unas elecciones garantizadas.
Con el conflicto armado que acaba de comenzar en Irán, es de suponer que Trump esté buscando a una Delcy-Ayatolá para comandar la transición del régimen a la libertad. Desmontar ese Estado teocrático, enemigo de Occidente, va a ser otra empresa con demasiadas variables políticas. Para Delcy es una mala noticia que esté cayendo Irán, ese íntimo amigo del régimen chavista. A muchos venezolanos le gustaría escuchar decir a Trump lo mismo que le ha dicho al pueblo iraní: “Es la oportunidad para que el pueblo iraní recupere su país, sigan en la calle”. Es también el momento de que el pueblo venezolano sea protagonista de enterrar el régimen narcoterrorista que destrozó a Venezuela.