CÉSAR CHRINOS, ARCHIVONarrador, poeta y dramaturgo, César Chirinos (1935-2023) fue reconocido, entre otros, con el Premo Nacional de Dramaturgia 1983, el Premio Nacional de Novela 1987 y con el Doctorado Honoris Causa de la Universidad del Zulia en 2005.
Por MILTON QUERO
Para Alejandro Labrador
Entregarse a la tarea de cartografiar los barrios marginales de la ciudad de Maracaibo, no solo en sus modos de representación, sino también en el uso del lenguaje (jergas, neologismos, fonetizaciones, isoglosas, etc.) fue la tarea que emprendió César Chirinos en buena parte de su hacer literario. Lo imagino entonces, observando el diario discurrir de sus vecinos y amigos y al igual que Proust, cuando lo hizo con los suyos, en otros ámbitos desde luego y en otros espacios de enunciación, pero obteniendo el mismo resultado, describir un sector particular y distintivo de cierta aristocracia parisina, en el caso de Proust y cierta marginalidad de barrio en el caso de Chirinos. Allí está la fina aristocracia parisina con su habla y sus dones culturales. ¿No es acaso esta una marginalidad? Sin duda, pues representa el borde, el margen de una población inmensa, como lo era la París de la tercera república.
Es obvio que el título de este ensayo lleva un propósito extraliterario, el cual no es otro más que llamar la atención y procurar en el lector cierto interés hacia una obra que muy a pesar de sus alcances lingüísticos y literarios permanece virgen e inexplorada. Liscano, en su Panorama de la literatura venezolana actual. (Ediciones 1984 y 1994) y Orlando Araujo en su Narrativa venezolana contemporánea. (Edición 1988) lo ignoran por completo. Ocho novelas publicadas, dos libros de relatos y una celebérrima obra teatral (1) no es poca cosa. ¿Pudiera acaso acuñarse el término, narrativa para la investigación narratológica? Es cierto que en sus inicios José Balza, llamaba a sus escritos “ejercicios narrativos”, ciertos materiales de César parecieran “ejercicios” hechos con el fin de probar algo ¿Qué es éste “algo”? Nuestro autor pareciera en su trabajo obviar al lector y pasar de plano a entenderse con el investigador. La escasez de lectores de su obra pareciera confirmar esta teoría.
Para desenredar a César
Hay un fenómeno que nuestro escritor suscita en los suyos —me refiero en exclusiva al ámbito maracucho—, genera una simpatía sin igual. Sería interesante indagar de donde nace esta devoción, pues son más los que lo conocen sin leerlo, que aquellos que leyéndolo lo conocen. En fin, presento que conocen más al personaje que a su obra. Cuando les es dable hablar de él y su obra, olvidan por completa su obra y solo hablan de sus aspectos anecdóticos en su transitar por la ciudad de Maracaibo. La narrativa de César ofrece más aristas narrativas, —hechos del lenguaje y de la lengua— que márgenes asociados a la anécdota. Más que contarnos, él prefiere decir en “como” contarnos. Tal vez por ello se escucha el viejo ritornelo de algunos “sospechosos” confesados lectores: “Es una obra muy enredada”. Sería interesante indagar de donde proviene ese enredo narrativo, ese ovillo que como nudo gordiano se le ofrece al lector. Nuestro autor nos da una pequeña pista en un libro curioso llamado ¿Por qué escriben los escritores?: “César Chirinos, hace más de medio siglo, entró a ese erotismo lúbrico con el objeto de joder para no envejecer. Su escritura se multiplicó desde que supo que el oficio ficcionista es el que mejor conserva en su sitio la cabeza y el cerebro (…) La inspiración, la fantasía y la imaginación hacen que nosotros volemos con nuestras propias alas y que seamos, aun en contra de nuestros deseos o nuestros anhelos, panegiristas o satíricos del lugar y el tiempo, en que nos corresponde vivir y morir”. (Simne, 2005, p.49). Notemos que nos dice: “Joder para no envejecer” y “satíricos del lugar”. Debemos reconocer que ciertos pasajes de su novelística son una joda esperpéntica, en la cual la mordacidad, lo escatológico y lo bizarro se hacen presentes en los hechos de los variopintos personajes que desfilan en su narrativa.
Hemos querido trabajar en este pequeño ensayo, únicamente con su novela. El quiriminduña de los ñererñeres, publicado en 1980 por la casa editora Monte Ávila Editores. Creemos que esta novela contiene la síntesis de la apuesta literaria de César Chirinos, como lo es el lenguaje como protagonista y el barrio como lugar del discurso. Digámoslo de una vez, esta es una novela humorística, el lector que se acerca a ella no dejará de reírse por un instante. Toda la picaresca caribe se desliza por sus páginas. Sobre la novela humorística el investigador Víctor Bravo nos dice lo siguiente: “La franja más visible de esa sociedad es festiva, celebratoria: juegos de pequeñas transgresiones, dominio de la risa y debilidad de los límites, por ejemplo los que distinguen en otros lugares lo público de lo privado, de lo íntimo, haciendo de todos los espacios el espacio de la fiesta” (2). Chirinos lleva al lector cual convidado voyeur a los espacios públicos y privados. Nada se guarda y nada le oculta en ese viaje surrealista, que es sumergirse en la dinámica de un barrio marginal de la ciudad de Maracaibo. La inmersión del lector en la novela es total y absoluta: “La procesión roída de piorrea en las encías y engalanada de joyas, pestañea ante el sol” (…) “Arriba (en la cama muelle manchada de sangre y semen) la pecosa está desnuda de la cintura para arriba” (…) “Él debía ser saboreable a las manamanas no las manamanas a él” (…) “Hoy no he hecho ni pa los chicotes y deposita el ñereñere de su monedero en el sombrero” (…) “Cuando los dos hombres se extraen de los intersticios de la dentadura los residuos de carne”.
Antonio Isea, en su ensayo Figuraciones del interiorestudió cinco de sus novelas a saber: Buchiplumas, Mezclaje, Sombrasnadamás, De las mías de mío caribe y Escala en todos los puerto. Creemos, por demás, que hasta ahora es el ensayo más completo de la obra de César Chirinos. Isea, como buen investigador literario, nos ofreció su versión de los hechos. Decíamos entonces que la apuesta literaria de César Chirinos estaba más centrada en el habla que en la palabra escrita, pero esta habla está sectorizada en un espacio concreto de la ciudad, el espacio específico que ocupa el barrio en la ciudad. Lo que él ha llamado una de las capas de la cebolla, pues para nuestro autor, la ciudad es como una cebolla, donde se superponen capas y capas, que a pesar de la cercanía que mantienen entre sí, se diferencian y distancian por la manera de fonetizar el español en cada uno de estos cotos cerrados. Ello lo ha llevado a hacer un inventario dialectal muy curioso y diverso. No sé si consciente o inconscientemente, pero otras de sus operaciones narrativas más intensas han sido desacralizar la escritura, llevar hacia el libro la sencillez del habla parda de los ciudadanos. En ese sentido, un libro como La Ciudad Letrada de Ángel Rama es un buen surtidor de los alegatos de nuestro autor. Sugiere Rama es La Ciudad Letrada “La calle se ‘lee’ o se des-cifra con la experiencia personal” (Rama,1985, p.15). Imagino a César en su barrio, observando y auscultando el habla de los habitantes de Los Haticos, por arriba, por ofrecer un caso. Lo imagino tomando apuntes de la realización fonética de ese lenguaje orillero, lateral, huidizo y pegajoso tan determinado del sector antes mencionado. “Podría, entonces, concluirse que esa meseta cultural caribe, con toda su “marginalidad”, se convierte, en la narrativa de Chirinos, en un curioso locus amoenus donde se produce la “sana” digestión de los cuerpos culturales metropolitanos” (Isea,2008, p.108).
El barroco maracucho
Ese “lugar ameno y agradable” del cual nos habla Isea, es sin duda el barrio y más específicamente el centro de Maracaibo con su explícito color local, donde discurren con sus acentos y matices los personajes plásticos que el pintor maracucho Ender Cepeda ha puesto en la acera de enfrente, mirando en un diálogo surrealista a los personajes literarios de Chirinos. Allí dialogan estos seres marginales y periféricos en una especie de churrigueresco plástico-literario, agrupados en torno al espacio ficcional que han creado ambos artistas, como temiéndoles al vacío. Tanto la escritura de César como la pintura de Cepeda en sus intenciones y formas son un tributo al barroco americano. Los personajes de Cepeda se agrupan entre sí, sin dejar un espacio vacío, se agrupan y miran a su interlocutor de frente, como quien sonríe al flash del fotógrafo. El espacio ficcional de César está lleno de narraciones, descripciones y diálogos independientes que nacen de un tronco y se van bifurcando como las ramas de un árbol, cada una independiente y en apariencia aislada, sin embargo, se imbrican en un todo. Este todo al final se convierte en un hecho del lenguaje. La profusión de personajes y eventos que desfilan por sus páginas es interminable, se suceden uno tras otro. Es una fiesta visual y lingüística que se convierte en una fuerza centrífuga de palabras, que en su molienda energética, describe personajes, situaciones y cosas de tan diversos matices, que en algunos casos son eventos jocosos, bizarros y escatológicos.
En ese fresco sociológico que es el barrio, no hay un protagonista ni una anécdota a seguir, son muchos los “protagonistas” y muchas las “anécdotas”. El protagonista es el lenguaje y la anécdota el barrio como lugar de enunciación. la novela El quiriminduña de los ñereñeres se sostiene en sus breves 101 páginas apelando a apariciones esporádicas, pero cargadas del humor de ciertos personajes; así tenemos a Agencio Patiño, que tenía como profesión la redacción de cartas de amor para sus amigos, pues estos no podían declararseles a sus novias. Chuchanga, obrero que alza su voz ante el patrono —quizá un alter ego de nuestro autor?—, quien reclama el derecho que “debe tener todo obrero, peón o trabajador de pensar, cavilar, reflexionar individualmente o colectivamente sus reclamaciones gremiales”. Lourdes, “una exuberante e hipopótamo mujer quien le indujo a sincerarse con ella con respecto a Dalila. Llegar a ser Lourdes en Dalila y Dalila en Lourdes se hizo indispensable, útil y necesario”. Que no decir de Servanda, la joven que cumplió 15 años: “después que una niña baila el vals El Emperador, no puede quedarle otra huella sino la de sentirse mujer a la edad de 15 años”. Pero Dalila es una niña caprichosa y consentida y le ha pedido a sus padres, —los Butrón— para su cumpleaños, un diputado negro, que no haya sido elegido por el pueblo. La hija de la señora Crineja “tiene sueños húmedos con Camilo Sesto y ha olfateado en el baño los residuos espumosos de Camilo cuando se baña”. La esposa de Erastro Semeco “le tuerce el cuello a una gallina en un caserón cascarrañoso semejante a un hato”. Finalmente, el desfile de personajes es asombroso y abrumador. Aparecen mujer 1, mujer 2, los pichones, los escatófagos, los mordijullos, el berriondo, las caminadoras con sus consabidos “tres platos”.
La picaresca caribe
El mismo César pareciera darnos pistas sobre su trabajo: “El idioma está basado en el clásico de ‘la economía sintáctica’; universidad, academia, liceo, escuela, son un estorbo para la consumo y la realización, de ahí que todo individuo viene aprendido desde el vientre de la madre, sabiendo leer, escribir y contar perfectamente en su idioma” (Chirinos, 1980. P. 21). El paralelismo con Chomsky es más que evidente. Recordemos que la teoría de Chonsky es innatista y sostiene que los humanos nacen con un mecanismo de adquisición de lenguaje (NAL) una facultad biológica que le permite aprender cualquier idioma. Este “idioma” (jerga de barrio) es lo que Chirinos ve y que gráfica en su escritura. Recoge el habla de los barrios marginales de su ciudad elegida. Recordemos que en su declaración de principios ha dicho: “Sabiendo leer, escribir y contar perfectamente en su idioma”. ¿Qué idioma es este? Sino el idioma que se hace y construye por si solo en los barrios s, de hecho en los mismos barrios se construye un sub-idioma, subsidiario del primero; jerga de otra jerga: “Loco vamos a buscar las tártaras. No loco pásame un pelo. Guindamos sin guilletes loco. Dame la gaga loco. No loco un chuzo. Sube a las toras loco que vienen los tombos. Qué vais a hacer con el gajo. Guindamos loco. Guillo loco estoy electro. Qué te pasa loco como que hubo curdas en el gajo. No séais ñangara loco. Si no hay gaga y guilletes no hay curdas loco. Prefiero las curdas loco a quedar fly. (Chirinos, 1980. pág. 72). Esta jerga de los malandros del barrio no es igual a la jerga de los jóvenes de la ciudad. Solo entendible y comprensible para los malandros del barrio. Es un lenguaje proveniente del lindero del barrio, solo comprensible en el barrio y sus límites. (Chaflán, burdégano, gingivaloso, ortéptoros, chiribitil, ectópagos, epizoarios, yilé platinunplus, macaquille, agiotista)
Un lenguaje en expansión
Lo biográfico en Cesar es un rasgo al igual que en Proust. Buena parte de su obra se desprende de pedazos de vida integrados a su lugar como espacio vivencial. Recordemos lo que nos dice Sylvia Molloy, en este aspecto y que creemos se cumple a cabalidad en el gesto autobiográfico de Cesar y Proust: “La autobiografía no depende de los sucesos sino de la articulación de esos sucesos almacenados en la memoria y reproducidos mediante el recuerdo y su verbalización” (Molloy, 1996:16). Hay recuerdos que serán llevados a la imagen escrituraria, otros no. El novelista escoge a unos y discrimina a otros. La escogencia adecuada de esos recuerdos, se articularan en el espacio narrativo dando lugar a la novela.
Hay momentos en los que Chirinos parece arropado por una especie de automatismo psíquico, hay una incontinencia verbal surgida de su inconsciente. Una sucesión de eventos se suceden, dejando al lector desolado y en lontananza, como la estela que deja el barco en su tránsito. Escritura vertiginosa, difícil de enmarcar y de seguir, veamos un ejemplo: “El morbo se hace humo. Los aviones aterrizan en el palacio de los maniquíes. Las chinchurrias infestan pero el ceremonial del incienso se cumple a cabalidad. Las areperas son jugueterías realizadas en baños de marías, bazares y salones de belleza a ensamblarse. Los barcos se secretan situaciones de algodón y esperma. El dolor del parto es dolor de barriga no de hijo y los mordijullos se ríen carcajeándose”. (Chirinos, 1980. pág. 42). Recordemos que el automatismo psíquico buscaba liberar el inconsciente, hacerlo presente en lo consciente. Expresar el pensamiento sin control consciente, lógico o moral, buscando liberar el inconsciente. Escritura automática, muy propia del surrealismo.
Volviendo a Marcel Proust, príncipe de la aristocracia, veamos lo que nos entrega en su mundo novelesco: “Vestido con la guerra sencilla y servido a la mesa por un criado en traje de faena, a rayas moradas y blancas. Me daba un poco de mazapán o una naranja; cruzábamos un salón, donde nunca nos parábamos, siempre sin lumbre, con paredes adornadas con molduras doradas, techos pintados de azul, queriendo imitar el cielo, y muebles acolchados”. de satín y entrabamos en lo que él llamaba su «despacho», donde había unos grabados que representaban, sobre un fondo negro, una diosa rosada y carnosa guiando un carro” (Proust, 1966.p. 63). En tanto que nuestro príncipe de la marginalidad nos entrega esto: “Mientras de un lado territorial pintaban con carburo las cuadriculadas casitas de sello anglosajón, del otro, agricultores de la cordillera, corianos jopeadores y marinos margariteños hacían brotar de la tierra árida sus fonduchos como la verdolaga, hechos con el cartón y la madera de las cajas donde venían los ventiladores de techo” (…). “Ambos se encontraran al doblar la esquina en caminos opuestos y se lamerán tuca y breva y mearan los lujosos automóviles, mordisqueándose las pulgas mientras esperan el sol de los venados”. (Chirinos, 1988.p.98).
Y así como París tiene a su príncipe de la aristocracia, nosotros en Maracaibo tenemos a nuestro príncipe de la marginalidad, nadie como él para entregarnos un estudio tan fino, repujado y acabado de los barrios maracuchos. ¡Albricias para nuestro príncipe! ¡Albricias para nuestro príncipe!
Notas
1 Me refiero a la obra teatral Traje de etiqueta, llevado a la escena por el maestro Enrique León y su troupe de la Sociedad Dramática de Maracaibo.
2 Víctor Bravo, en el prólogo que lleva como título: Novela de una sociedad humorística, prólogo que hizo de la novela Corrector de estilo, de Milton Quero Arévalo. (2005)
Bibliografía
Chirinos César. El quiriminduña de los ñereñeres. Monte Ávila editores. Caracas. 1988.Isea Antonio. Figuraciones del interior. Universidad Católica Cecilio Acosta Ediciones. Maracaibo. 2008.Molloy, Silvia. Acto de presencia. La escritura autobiográfica en Hispanoamérica.Proust Marcel. Por el camino de Swann. Editorial Alianza. Madrid. 1966.Quero Arévalo Milton. Corrector de estilo. Grupo editorial Norma. Caracas. 2005Rama Ángel. La ciudad letrada. Newpshire: Ediciones del norte. Estados Unidos. 1984.Sinme Petruvska. ¿Por qué escriben los escritores? Ediciones Fundación para la cultura urbana. caracas 2005