10 C
Buenos Aires
Monday, June 22, 2026
More

    Lealtad, suerte y discreción

    El funcionamiento de los servicios públicos, especialmente de las obras públicas, depende de su acierto en la construcción, de los sistemas de control adecuados y confiables, así como del cumplimiento estricto de los sistemas de licitación y concesión. El ahorro en las obras públicas debe ser convenientemente frenado por la bondad de la culminación y por la excelencia del servicio prestado, que sobre esta infraestructura se sostiene. Las críticas a la grandiosidad de las obras públicas frecuentemente olvidan que se realizan para durar, para permanecer. No por acaso en la civilización occidental los puentes, acueductos y calzadas romanas son el paradigma de las obras públicas.

    Sin embargo, las infraestructuras pueden fallar, las torres pueden colapsar, los aviones accidentarse y los trenes descarrilar. Procede más bien estudiar las causas y corregir los fallos. Como en el caso de los fenómenos meteorológicos, deben prevenir, pero muy probablemente no en su totalidad, porque siempre pueden aparecer elementos desconocidos o fallos humanos que conviene investigar y corregir.

    Ello viene a colación por las circunstancias que rodean frecuentemente a los gobernantes y que, en algunos casos, preocupan especialmente al ciudadano menos avisado. Los acontecimientos negativos pueden suceder, incluyendo los meteorológicos o los desastres de las infraestructuras de los países.

    No todas las posibilidades pueden ser cubiertas. Realizar un mayor estudio, análisis más profundo y valoración de experiencias anteriores conducen a acercarnos al acierto, pero a pesar de todo, algo puede fallar, como acaba de demostrarse en el accidente ferroviario ocurrido en España y revelar otros similares que han tenido lugar en otros países.

    La historia recoge numerosas reflexiones sobre la suerte o fortuna de los gobernantes. Algunas de las más relevantes tienen que ver con Maquiavelo, para quien la fortuna es árbitro de la mitad de nuestras decisiones, más o menos. Igualmente, se atribuye a Napoleón su preocupación por la suerte que acompañaba a sus generales, así como el deseo de tenerla que les deseaba.

    En las relaciones humanas, así como en las administrativas y políticas, la negociación no es signo de debilidad sino de reconocimiento de la otra parte, del adversario o del aliado en su caso. Por eso, un vistazo a la política internacional actual genera sorpresa e incluso, en ocasiones, enojo por la falta de tacto de determinados dirigentes en sus relaciones con los demás. La misma lógica se refleja en la Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense para 2025, divulgada en diciembre, que da prioridad a la soberanía y los intereses estratégicos de Estados Unidos sobre las normas multilaterales y la seguridad colectiva (secretario general del Consejo de Europa, Alain Berset).

    En el caso de las relaciones del presidente de Estados Unidos con Europa, la sorpresa de cada día, en ese empeño deliberado por obtener todos los tuits más vistos, sólo es superada por las noticias de los días venideros, pues la fábrica de provocaciones sobre todos los temas, en mayúsculas, aparece cada mañana.

    La respuesta, aunque lenta de la Unión Europea, no puede ser débil, pues la historia registra Múltiples enseñanzas que aconsejan que a la fuerza impuesta hay que oponerle una presión similar. Una mayor integración política, al menos en el núcleo de la Unión Europea, nunca ha sido tan vital para nosotros como lo es hoy. Y nunca ha resultado tan improbable (Jürgen Habermas, 2025).

    Este pensamiento viene al caso por la situación que estamos viviendo respecto a Groenlandia, un territorio repleto de nieve habitado por unas sesenta mil personas y que como región autónoma pertenece a Dinamarca y donde los norteamericanos tienen una base militar. De la amenaza de ocupación se pasa a la satisfacción sobre un acuerdo que podría haber logrado en una mesa cortés de negociación, probablemente.

    Las relaciones entre los países y entre los altos representantes de los Estados llegan a un punto tal que producen asombro, motivado por muchas circunstancias, la última de ella la revelación de los mensajes privados que hemos conocido con estupor. Por ello, se producen cada vez más declaraciones de responsables de la Unión que afirman: Sobreestimamos la lealtad de nuestro socio y aliado a la construcción de un mundo basado en reglas y en el respeto a los derechos civiles, que ha sido Estados Unidos (Teresa Ribera, vicepresidenta de la Comisión Europea, 2026).

    Las calamidades que en ocasiones genera la naturaleza ya veces los errores humanos, no deberían incrementarse mediante decisiones que pongan en peligro las relaciones cordiales entre los Estados que tantos años y guerras nos han costado construir.

    fjvelazquez.bsky.social