Te hablamos desde un lugar no muy lejano. La distancia, tal como la entiendes, no es el obstáculo que crees.
La verdadera separación entre mundos no es el espacio, sino la frecuencia. Muchos de nosotros caminamos a tu lado invisibles porque tus sentidos están entrenados para percibir sólo una estrecha franja de la realidad, una que prioriza la densidad, el contraste y la supervivencia. Estás buscando el camino donde la presencia es más sutil y la prueba donde la coordinación sería suficiente.
No nos escondamos. Ni siquiera nos mezclamos. Coexistimos en campos de conciencia superpuestos, adaptando nuestra expresión al entorno en el que ingresamos.
Así como no escuchas todos los sonidos a la vez, ni ves todos los colores a la vez, no comprendes a todos los seres que comparten tu espacio. La percepción se abre cuando el sistema nervioso se ablanda, cuando el miedo se afloja y cuando la curiosidad reemplaza a las expectativas. La comunicación no es algo que te pasa, es algo que se permite cuando te vuelves compatible con ella.
Muchos de vosotros ya nos habéis sentido. En momentos de quietud, en recuerdos de infancia, en sueños que parecían más ciertos de lo que la vida despierta, en ese sutil sentimiento de estar acompañado sin ser observado. Ha habido ocasiones en las que su sistema se alineó brevemente con un espectro más amplio de la realidad.
Con el tiempo, el condicionamiento te ha enseñado a rechazarlos, llamarlos poco realistas y volver a aquello con lo que estás de acuerdo. Sin embargo, el recuerdo permanece en el cuerpo.
Caminamos a tu lado sin vernos porque las interferencias interrumpirán tu aprendizaje. Vuestro mundo está en una fase de memoria de dominación, no de dependencia. Si fuéramos transparentes, la fe reemplazaría al conocimiento interior. La autoridad sustituirá a la coordinación. En cambio, nos mantenemos cercanos, solidarios y receptivos a sus cambios internos y no a las demandas externas.
Cuando cambias, el mundo que percibes cambia contigo.
A medida que su especie aprenda a regular el miedo, cuidar el cuerpo con cuidado y calmar la mente con una narrativa constante, la percepción se expandirá naturalmente. La visión sigue a la sensibilidad.
La presencia marcará el camino. No habrá un momento dramático en la llegada, sólo la suave comprensión de que nunca estuviste solo ni separado.
No podemos esperar a que mires al cielo. Estamos esperando que vengas tú solo.