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Saturday, June 13, 2026
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    Entre el silencio y la esperanza: venezolanos en el exterior están a la expectativa de lo que sigue tras la captura de Nicolás Maduro

    Los venezolanos hablan de la captura de Maduro. Foto: EFELa madrugada del 3 de enero marcó un hecho histórico: Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, fueron capturados en una operación militar estadounidense y trasladados fuera de Venezuela para enfrentar cargos en tribunales de Estados Unidos. La noticia, confirmada por Washington, generó un impacto inmediato tanto dentro como fuera del país.

    Dentro de Venezuela, la reacción fue compleja. Para muchos ciudadanos, la información resultó difícil de similar. Gregoria Gutiérrez, residente del estado Trujillo, relató que: “durante la madrugada del 3 de enero recibí información de amistades desde Caracas… no lo quería creer. Me quedé esperando noticias y orando a Dios para que eso fuera cierto”.

    Con el amanecer, un silencio tenso se apoderó de varias comunidades. La celebración fue limitada por la presencia de los llamados “sapos del CLAP”quienes vigilaban las calles y controlaban la circulación de información. La designación de Delcy Rodríguez como presidenta encargada dejó un sabor amargo entre la población, al tratarse —según testimonios— de una figura asociada a la continuidad del aparato represivo del régimen.

    En los días posteriores, los puntos de control de los cuerpos de seguridad se multiplicaron. La revisión de teléfonos celulares se volvió frecuente y cualquier contenido crítico hacia el sistema puede ser motivo de arresto o desaparición inmediata. La libertad de expresión continúa severamente restringida, mientras la situación económica se agrava por el constante aumento del dólar oficial del Banco Central de Venezuela, que impacta de forma directa el costo de vida.

    A pesar del alivio que algunos expresan por la ausencia del “cabecilla principal” del régimen, La captura de Maduro ha generado miedo, incertidumbre y una creciente tensión social.. En distintas regiones del país, los ciudadanos evitan conversaciones políticas y borran mensajes de aplicaciones como WhatsApp por temor a represalias, concluye Gutiérrez.

    Por su parte, la diáspora venezolana recibió la noticia con una mezcla de alegría y cautela. María Osorio, residente en Medellín, Colombia, comenta: “Fue increíble; la felicidad nos invadió por un instante, pero al conocer las declaraciones de Donald Trump sentí que esto aún no ha terminado”.

    En este contexto, el psicólogo Manuel Llorens señaló, en entrevista con Goizeder Azúa, que años de autoritarismo y crisis han dejado profundas secuelas emocionales en la población venezolana. Destacó que el miedo, la represión y el exilio forzado han generado traumas colectivos y pérdidas de identidad, y subrayó que cualquier transición política debería priorizar la salud mental y la reconstrucción del tejido social.

    “Mientras los miembros del régimen siguen en el poder, no puedo volver a casa. Es un gran avance que Maduro esté fuera del país, pero nos preocupa cómo será la transición y si liberarán a todos los presos políticos. Además, no sabemos si se respetarán los derechos humanos, en especial la libertad de expresión. Mis familiares me cuentan que no pudieron festejar debido al amedrentamiento que aún existe”, dice Osorio.

    Mientras tanto, en los últimos días el ecosistema de propaganda del régimen venezolano ha impulsado una campaña de desinformación que busca instalar la narrativa de que “el Cartel de los Soles no existe” y que, por lo tanto, las acusaciones contra Maduro y Flores “no tienen sustento”. Esta versión ha sido difundida en redes sociales y citada por la cuenta en X Cazadores de Fake News.

    La captura de Nicolás Maduro marca un punto de inflexión inesperado para Venezuela. Sin embargo, lejos de traducirse en un alivio inmediato, el hecho ha profundizado un clima de incertidumbre y cautela dentro del país. Aunque algunos sectores experimentan una esperanza contenida, la persistencia de estructuras represivas, la continuidad de figuras clave del régimen y el deterioro económico mantienen a la población en un estado de alerta permanente.

    Artículo escrito por Rosangel Mendoza para El Nacional

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