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Wednesday, June 17, 2026
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    La Generación Z en Cuba no está tranquila: teléfonos, protestas y la nueva plaza pública

    Puntos clave Una nueva generación está utilizando los teléfonos para exigir servicios básicos y pagando un precio legal real por hablar. La política de Internet se ha vuelto política en Cuba, a medida que los estudiantes protestan por los precios que pueden superar el salario mensual. Las redes sociales son ahora el espacio público de Cuba, incluso cuando la emigración reduce la futura fuerza laboral del país. A menudo se presenta a la Generación Z de Cuba como resignada, pero los críticos públicos más recientes de la isla son jóvenes, están en línea y cada vez están menos dispuestos a tratar el colapso diario como “normal”.

    Internet móvil solo se volvió ampliamente accesible en 2018, y a principios de 2025 Cuba contaba con alrededor de 7,81 millones de usuarios de Internet (aproximadamente el 71% de la población) junto con alrededor de 6,58 millones de identidades de usuarios de redes sociales.

    En un sistema estrictamente controlado, esa conectividad se ha convertido en una herramienta para la rendición de cuentas pública. Pocos episodios capturaron el cambio como el caso de Erlis Sierra Gómez, pediatra de Baire en la provincia de Santiago de Cuba.

    La generación Z en Cuba no está tranquila: teléfonos, protestas y la nueva plaza pública. (Foto reproducción de Internet) En videos ampliamente compartidos, Sierra confrontó a funcionarios locales en Contramaestre por largos cortes de energía, escasez de agua y acumulación de basura, fundamentando sus quejas en la propia constitución del país.

    Pronto fue detenido en su casa y llevado esposado a Santiago de Cuba, según informes y relatos de vecinos. Un clip de seguimiento mostró a Sierra diciendo que estaba “bien”, pero el tono alimentó la especulación de que fue grabado bajo presión.

    Su madre, Ania Gómez Leiva, también pidió públicamente ayuda, mientras los vecinos describieron una mayor presencia policial y advertencias contra el intercambio de información.

    La presión detrás de estas protestas es mensurable. Muchos cubanos han sufrido cortes que duran hasta 16 horas al día, con una capacidad de generación efectiva cayendo por debajo de los 2.000 megavatios frente a una demanda superior a los 3.000, condiciones que precedieron a un apagón nacional el 10 de septiembre de 2025.

    La Generación Z de Cuba convierte la ira en línea en una señal migratoria La ira de la Generación Z también se ha centrado en Internet. Después de que el monopolio estatal de telecomunicaciones, ETECSA, alterara las ofertas de datos a finales de mayo y junio (limitando ciertas opciones basadas en pesos y dirigiendo un mayor uso hacia paquetes con precios en moneda extranjera), los estudiantes protestaron, argumentando que los cambios ponía el precio de la educación y la información fuera de su alcance.

    Posteriormente, los funcionarios ofrecieron paquetes adicionales para estudiantes, pero los informes describieron intimidación y presión contra los organizadores. Incluso cuando el contenido no es abiertamente político, se vuelve político cuando se expone.

    Hashtags como #VivoEnCuba destacan las estrategias de afrontamiento, la escasez de libros y los “trucos de vida” para la escasez; Creadores como Ana Sofía Benítez documentan el estudio y la supervivencia en una economía restringida.

    Otros crean audiencias antes de irse, como Frank Camallerys, o siguen publicando desde adentro, incluida Aprendedora durante la llegada del huracán Melissa a tierra de categoría 3 en el este de Cuba y los prolongados apagones que siguieron.

    Las autoridades no han permanecido pasivas. El marco legal de Cuba incluye decretos que apuntan a la expresión en línea y un código penal que puede tratar las redes sociales como un factor agravante: herramientas que convierten las publicaciones en expedientes.

    La historia más importante es el tiempo. La población de Cuba cayó por debajo de los 10 millones a finales de 2024 (alrededor de 9,75 millones) en medio de una emigración masiva y el colapso de las tasas de natalidad.

    La ironía es cruda: la generación más capaz de narrar la isla en tiempo real es también la que tiene más probabilidades de dejarla atrás.