Puntos clave El déficit de Ecuador en 2025 se amplió porque los ingresos petroleros cayeron mientras que las transferencias y otros gastos aumentaron. A finales de año se produjo un importante recorte del subsidio al diésel, lo que limitó el alivio fiscal inmediato y alimentó la reacción política. La dolarización convierte esto en un problema de efectivo en el mundo real: cuando el dinero escasea, el Estado debe endeudarse, retrasarlo o recortarlo. La historia fiscal de Ecuador en 2025 parece una disputa presupuestaria técnica hasta que se traduce en términos sencillos: el gobierno recibió menos efectivo, pero siguió emitiendo cheques más grandes. En un país que utiliza el dólar estadounidense, no existe una válvula de escape silenciosa.
Cuando los ingresos decepcionan, las opciones se vuelven difíciles: pedir más prestado, pagar tarde a los proveedores o reducir los programas de los que ahora depende la gente. La restricción comenzó con el petróleo, que sigue siendo uno de los principales pilares fiscales de Ecuador.
La producción nacional de crudo promedió alrededor de 440.687 barriles por día desde enero hasta el 25 de diciembre, un 7,3% menos que en 2024, en lo que se describió como el desempeño anual más débil desde 2003.
En noviembre, la producción era aproximadamente un 9% inferior a la del año anterior, mientras que las exportaciones cayeron tanto en volumen como en precio: un impacto estimado de 1.418 millones de dólares. Otro panorama fiscal situó los ingresos netos petroleros de enero a septiembre en 1.102 millones de dólares, alrededor de un 15,5% menos que en 2024.
El shock petrolero de Ecuador y la trampa presupuestaria: por qué 2026 será más difícil que 2025. (Foto reproducción en Internet) Al mismo tiempo, el gasto aumentó. A finales de noviembre, el déficit había alcanzado los 3.424 millones de dólares, cifra ya mayor que el déficit de todo el año 2024 de 2.483 millones de dólares.
La reforma del diésel en Ecuador pone a prueba la disciplina fiscal Las transferencias crecieron marcadamente: las transferencias corrientes aumentaron de 4.256 millones de dólares (enero-noviembre de 2024) a 5.201 millones de dólares (enero-noviembre de 2025), y las “transferencias para inversión” se duplicaron con creces, de 143 millones de dólares a 347 millones de dólares. Esas cifras muestran un Estado que intenta amortiguar las presiones sociales mientras gestiona un balance cada vez más ajustado.
La reforma principal llegó tarde. El 12 de septiembre, el presidente Daniel Noboa puso fin al subsidio al diésel para el segmento automotriz, elevando el diésel de $1,80 a $2,80 por galón. Los funcionarios dijeron que el subsidio había estado costando alrededor de 1.100 millones de dólares al año.
El Ministerio de Finanzas estimó que el gasto en subsidios al diésel habría alcanzado los 1.243 millones de dólares en 2025 sin el cambio; con el inicio tardío, cayó a unos 819 millones de dólares.
Gran cambio estructural, modestos ahorros a corto plazo, además de protestas que convirtieron la aritmética fiscal en una prueba de estabilidad nacional. Detrás de la historia está la verdadera pregunta: ¿puede Ecuador romper su viejo patrón de gastar primero y financiar después?
Un documento de programa del Banco Mundial proyectaba que las reformas podrían reducir el déficit del sector público en alrededor de 1.200 millones de dólares (alrededor del 1% del PIB) a partir de 2026, y argumentaba que la reforma del diésel por sí sola puede desbloquear más de 1.000 millones de dólares al año en ahorros. Los números sugieren un camino. La parte difícil es la resistencia política.