El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, acaba de tomar una medida que dice mucho sobre hacia dónde se dirige su problemático gobierno: reemplazó a su operador político clave después de perder una votación nacional y eligió a alguien dentro de su propio bando que conoce el sistema desde adentro.
La nueva ministra de Gobierno, Nataly Morillo, no es una estrella de televisión ni un experimento en las redes sociales. Es una comunicadora convertida en política que ha pasado años trabajando en instituciones estatales, desde los ministerios del interior y de transporte hasta la autoridad electoral nacional y la empresa estatal de telecomunicaciones.
En 2023 ingresó al Congreso y luego se unió al bloque gobernante de Noboa, ascendiendo rápidamente a un papel de liderazgo en una poderosa comisión de supervisión. Esto importa porque el Ministerio de Gobierno es el centro neurálgico de la política en Ecuador.
Es el lugar donde se cierran tratos con el Congreso, donde se manejan conversaciones con alcaldes, sindicatos y líderes empresariales, y donde se coordina el lado político de la estrategia de seguridad. Si ese ministerio fracasa, todo el gobierno empezará a tambalearse.
Noboa ya sintió ese bamboleo. A mediados de noviembre, los votantes rechazaron la mayoría de sus propuestas de referéndum, incluidos cambios a las reglas políticas y a la constitución.
Después de la derrota en el referéndum, Noboa de Ecuador apuesta a un poder leal para recuperar el control. (Foto reproducción de Internet) Gobierno de Ecuador busca estabilidad con nuevo ministro Para un presidente joven elegido con promesas de orden y eficiencia, fue una bofetada pública. Reaccionó con una amplia reorganización del gabinete, argumentando que necesitaba un equipo más duro y competente para enfrentar el crimen y las tensiones económicas.
Pero su primera elección para este ministerio, un locutor de radio popular sin experiencia real en el gobierno, se derrumbó a los pocos días debido a las críticas. El episodio hizo que el gobierno pareciera un aficionado exactamente en el momento equivocado.
El nombramiento de Morillo pretende corregir ese error. Es leal, comprende la maquinaria del Estado y puede hablar tanto con las elites políticas como con los votantes comunes y corrientes.
Para los expatriados y lectores extranjeros, su ascenso es una señal de que Ecuador se encuentra en una encrucijada: o el gobierno se vuelve más disciplinado, más centrado en la seguridad y la estabilidad, y comienza a dar resultados, o el cambio constante en la cima profundizará la sensación de deriva del país y abrirá aún más espacio para alternativas radicales y ruidosas.