Ecuador acaba de rechazar un dramático experimento de seguridad: permitir que militares extranjeros regresen a su territorio en medio de una ola de criminalidad. Para un país que vive niveles récord de asesinatos y extorsión, se trata de una elección sorprendente.
El presidente Daniel Noboa pidió a los votantes que cambiaran la constitución de 2008, que declara a Ecuador un territorio de paz y prohíbe las bases militares extranjeras.
Su argumento fue sencillo: el Estado está perdiendo terreno frente a las bandas vinculadas a las drogas, por lo que necesita nuevas herramientas y una cooperación más profunda con los aliados.
Dos ciudades costeras, Manta y Salinas, fueron propuestas como posibles sitios que revivieran los recuerdos de la base antinarcóticos estadounidense que operó en Manta hasta 2009.
Los votantes dijeron que no. En un referéndum de alta participación, rechazaron levantar la prohibición de bases extranjeras y también bloquearon un plan para reescribir la constitución a través de una nueva asamblea, reducir la legislatura y recortar el financiamiento público para los partidos políticos.
Ecuador dice no: los votantes rechazan las bases extranjeras en medio de una ola de criminalidad. (Foto reproducción de Internet) El mensaje no fue amable: en una sola noche, cuatro ideas importantes volvieron a la mesa de dibujo. Para entender por qué, necesitas la historia de fondo.
La carta de 2008 se redactó en el apogeo de un proyecto político que quería remodelar a Ecuador desde cero, incluida una fuerte sospecha de presencia de seguridad extranjera.
Los votantes ecuatorianos están a favor de una seguridad sólida dentro de instituciones estables Muchos ecuatorianos ahora se sienten atrapados entre los experimentos ideológicos de esa época y la brutal realidad actual de mafias, masacres carcelarias y barrios capturados.
El referéndum se convirtió en una batalla por poderes entre dos instintos. Un lado considera que el hardware extranjero y una cooperación militar más estrecha son un escudo necesario mientras el Estado se reconstruye.
El otro teme que una vez que se elimine el bloqueo constitucional, los futuros gobiernos puedan firmar acuerdos de gran alcance y que las grandes promesas vuelvan a distraer la atención del arduo trabajo de los tribunales, los fiscales, las prisiones y la policía local.
Para los expatriados y lectores extranjeros, esto importa más allá de Ecuador. El país es ahora un importante corredor para la cocaína entre sus vecinos y los mercados globales, pero sus votantes acaban de trazar una línea clara sobre hasta dónde deben llegar las medidas de emergencia.
El resultado es una advertencia para cualquiera que se sienta tentado por grandes atajos constitucionales: los ciudadanos pueden vivir con políticas de seguridad duras, pero aun así quieren que estén ancladas en instituciones estables y control nacional, no en experimentos indefinidos.