El gobierno de Colombia está de regreso en Europa pidiendo dinero a los inversionistas, sólo unas semanas después de vender sus primeros bonos denominados en euros en casi una década.
Sobre el papel, el plan parece inteligente: emitir bonos nuevos y más baratos en euros y utilizar el efectivo para recomprar deuda vieja y costosa en dólares y pesos. En la práctica, es un acto de cuerda floja que complace a los mercados de hoy y al mismo tiempo impulsa opciones presupuestarias reales hacia el futuro.
El equipo financiero de Bogotá ha contratado a Goldman Sachs, JP Morgan y Santander para concertar nuevos eurobonos con vencimientos a corto y medio plazo.
Esto se suma a una emisión récord de 4.100 millones de euros en septiembre, el mayor acuerdo en euros jamás realizado por un gobierno latinoamericano, dividido en billetes de 2028, 2032 y 2036.
Al mismo tiempo, los funcionarios invitaron a los inversores a cambiar los viejos bonos en dólares por esta nueva “curva” del euro, haciendo que Colombia parezca más un prestatario europeo sofisticado que un mercado emergente tradicional.
El truco mágico de los eurobonos de Colombia: menores costos de deuda, mayores riesgos a largo plazo. (Foto reproducción de Internet) Sin embargo, detrás de esto se esconde una red de transacciones complejas. El gobierno estableció un swap de rendimiento total de aproximadamente 9.300 millones de dólares con varios bancos globales, vinculado a una combinación de bonos propios de Colombia e incluso bonos del Tesoro de Estados Unidos, mientras esos mismos bancos recompraban miles de millones de bonos en dólares de Colombia a cambio de efectivo.
Colombia gana tiempo pero persisten riesgos fiscales Bogotá también está negociando hasta 10.000 millones de dólares en préstamos en francos suizos a baja tasa para financiar más recompras. En el país, llevó a cabo el mayor canje de bonos TES locales jamás realizado, transfiriendo alrededor de 43,4 billones de pesos a vencimientos más largos y recortando los costos de intereses de corto plazo.
Por ahora, los mercados lo aprueban. Los diferenciales de riesgo se han reducido y los bonos clave se negocian muy por encima de la paridad. Para los inversores con mentalidad disciplinada, Colombia parece un país que intenta gestionar su carga de deuda de manera proactiva, utilizando todas las herramientas disponibles.
Pero el trasfondo político cuenta una historia diferente. El gobierno ha suspendido su regla fiscal, tiene el mayor déficit desde la pandemia y ya ha sufrido rebajas de calificación. Un mayor endeudamiento en euros y francos también aumenta el riesgo cambiario.
El mensaje es claro: Colombia está ganando tiempo con ingeniería inteligente. Que eso termine en un perfil de deuda más seguro o en un ajuste más severo dependerá menos del ingenio de Wall Street que de la voluntad de Bogotá de controlar el gasto y respetar la disciplina fiscal básica.