La dignidad de nuestra nación, reconocida por la historia desde su nacimiento como República de Venezuela, fue refrendada por una decidida guerra de independencia y libertad contra la tiranía. La más larga y sangrienta de Suramérica, nos revela de qué estamos hechos los venezolanos de bien cuando nos decidimos a ser libres y estamos bien dirigidos. Jóvenes oficiales: ¡ha llegado la hora de los auténticos y leales patriotas!
Lo que es hoy, sin lugar a dudas, una nueva liberación del territorio venezolano, gracias a la acción de nuestros aliados, los Estados Unidos de América, como fuerzas que actúan en correspondencia con nuestros propios intereses como familias venezolanas, amantes de la libertad y de la democracia. Son, en suma, junto a nosotros, los defensores de la República libre y democrática, con los tres poderes originados en el voto soberano del pueblo.
La conspiración antidemocráticaProducto de una conspiración urdida durante años por el castrocomunismo cubano, resultó, por obra del “caballo de Troya” que fue el cobarde traidor Hugo Chávez Frías —como lo llama acertadamente el general Antonio Rivero, exdirector de Defensa Civil y luchador persistente desde dentro de Venezuela y desde el exilio—. El general Rivero denunció, estando entre ustedes, de la misma academia de ustedes, la presencia dominante de cubanos castristas y de rusos para el control de nuestras fuerzas militares y su destrucción como fuerzas democráticas institucionales.
Nos invadió sigilosamente. Simulando una ayuda médica cubana, se enviarán equipos de espionaje e infiltración a nuestras fuerzas armadas. Desde aquel mismo año en que le permitimos a Chávez llegar a la presidencia por la vía electoral, se había iniciado claramente la obediencia al sátrapa Fidel Castro, cuando se rechazó auténtica ayuda enviada por Estados Unidos en auxilio a nuestro pueblo moribundo. El esclavo de Vargas inició el de toda una nación. 15 de diciembre de 1999.
El general Raúl Salazar Rodríguez, primer ministro de la Defensa de Chávez y primero que este anunciado para su gabinete desde su condición de presidente electo en diciembre de 1998, quería enviar un mensaje de autómatas, utilizando el prestigio ajeno. En aquellos vitales momentos del desastre del deslave de La Guaira —entonces llamado estado Vargas— el 15 de diciembre de 1999, mientras se simulaba una votación para aprobar una nueva Constitución, el general Salazar Rodríguez habría de gestionar ayuda urgente para salvar a los venezolanos del deslave y del caos. El general Raúl Salazar renunció porque Fidel Castro instruyó a Chávez no aceptar la ayuda ya solicitada, antes autorizada por él. El ministro de la Defensa, digno general Raúl Salazar, fue enviado a un destino diplomático como embajador en España. Le renunció a Chávez el 11 de abril de 2002.
“Nos salió comunista”, expresaba el defraudado comandante Jesús Urdaneta Hernández, uno de los alzados del 4 de febrero de 1992 y uno de los más respetados. Fue el primer director de la entonces Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención, Disip. El comandante Urdaneta Hernández renunció en 1999, como lo hizo luego el general Raúl Salazar, porque también entendió que Chávez era realmente un traidor a la causa de Venezuela. Maduro, con más cinismo, siguió sus pasos narcocastristas.
Mucho más tempranamente se pudo percibir, por despiertos altos mandos militares, el adoctrinamiento que individuos provenientes de familias con poderosa influencia marxista estaban difundiendo en la Academia Militar. Con visos de creación de grupos conspirativos, de ello fue advertido el comandante en jefe, presidente Carlos Andrés Pérez. Se le dijo que sería una amenaza peligrosa para nuestra institucionalidad democrática, por lo cual debían ser contenidos, no ascendidos, y puestos bajo observación. Dichas prácticas conspirativas y su participación, detectadas por el comandante general del Ejército Carlos Peñaloza Zambrano, los llevaban directamente al animador de fiestas y declamador de joropos Hugo Chávez Frías. Tal advertencia, para nuestra desgracia, no fue escuchada. Por otras razones —como la de acudir a una citación de la Comisión de Defensa del Congreso por la denuncia sobre repotenciación de unidades de tanques AMX que el propio general Peñaloza había reclamado— fue sustituido en 1991, por lo que hubo de dejar el cargo y salir del país.
La cúpula militar traidora de hoy.Hoy convertida en cómplice, con demostrados desempeños de acción criminal, la actual cúpula militar, más que salpicada, está sumergida en un estado de corrupción e incapacidad para defender los intereses legítimos de Venezuela. La perversión en el uso del poder, la banalidad de una riqueza obtenida del vulgar pillaje, los llevó a una asociación con las narcoguerrillas que hoy los condenan. Pasaron de ser beneficiarios con “mordidas del negocio” a ser parte de él. De aceptar sobornos diversos, pasaron a cooperar con sustentadores del terrorismo islámico-iraní. La participación de apoyo a grupos terroristas a los que cedieron y protegieron en tierras venezolanas, cual santuario operacional, los condena.
Aunque las narraciones anteriores puedan parecer inconexas o sin relación con el momento que se vive hoy con la Operación Lanza del Sur, nos une férreamente a todas impedir el financiamiento y uso de cualesquiera métodos que han usado de guerra los enfermos de odio contra el mundo libre del capitalismo institucional y democrático de Estados Unidos y de la nueva Venezuela potencia que construiremos. Con valores familiares de amor y respeto por la condición humana, por los trabajadores, por la mujer en su condición excelsa de maternidad y vida. Por las niñas y los niños en su derecho de crecer en un medio de seguridad, de sus derechos y desarrollo de su conciencia libre y adulta.
Ha llegado la hora de cumplir responsabilidades ciudadanas, y, gracias al orden de la justicia, al uso de la fuerza luminosa que hace el comandante en jefe de los Estados Unidos de América, Donald J. Trump, para derrotar al narcoterrorista opresor y liberar al dependiente oprimido y vejado. Sembrar la salud, la comprensión de los deberes y derechos de todos los seres humanos, tomando como prioridad nuestro hemisferio occidental, y en esta etapa específica y especial de América, desde Alaska hasta la Patagonia, vamos a avanzar hacia los mejores niveles de desarrollo humano posibles, bajo la norma del Supremo Autor del Universo, en una superación constante de nuestras sociedades libres y productivas para nuestras familias, y que, en suma, somos nuestras propias naciones.
Los acontecimientos que han llevado a la situación actual de lucha contra cárteles del narcoterrorismo asentados en Venezuela no implican el sacrificio de nuestros jóvenes oficiales que se mantienen dignos. La juventud militar deberá estar presta a rebelarse al primer impacto y momento de oportunidad. Deben sumarse a esta lucha de liberación del narcoterrorismo junto a nuestros hermanos militares, hijos del Ejército de Washington. Nosotros, hijos de Miranda, de Bolívar, de Sucre y de Páez, con nuestras lanzas coloradas del Sur, y en honor a hombres como el capitán Rafael Ramón Acosta Arévalo, el comisario Óscar Pérez, el concejal Fernando Albán, el agricultor Franklin Brito y tantos otros, con sus lanzas coloradas, vamos al encuentro de la libertad y felicidad de las familias de América.
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