Lejos de Hollywood e incluso lejos de Chile continental, una roca escarpada en el Pacífico Sur se ha convertido en un improbable caso de prueba de cómo el capital privado, la ciencia local y las demandas indígenas pueden remodelar las políticas de conservación.
La isla Guafo, un afloramiento en gran parte deshabitado al suroeste del archipiélago de Chiloé, ha sido comprada por la ONG global Re:wild –cofundada por Leonardo DiCaprio– y un grupo de donantes privados, con la intención de donarla al Estado chileno para que pueda convertirse en un parque nacional.
Guafo cubre un poco más de 200 kilómetros cuadrados de escarpados acantilados y una densa selva tropical templada. Los biólogos lo llaman una “pequeña Galápagos chilena”: alberga la colonia reproductora más grande del mundo de pardelas sombrías, importantes colonias de pingüinos de Magallanes, nutrias marinas en peligro de extinción, lobos marinos y leones marinos, mientras que las aguas circundantes forman un corredor migratorio para ballenas azules, jorobadas y otras ballenas.
En términos prácticos, es una bomba viva que concentra vida y nutrientes que conectan la Antártida con el Pacífico norte. Durante años, la isla estuvo asentada sobre plataformas inmobiliarias de alto nivel, comercializadas como un sitio potencial para la minería de carbón, la extracción de madera y el turismo de alto precio.
Los medios chilenos y regionales estiman el acuerdo de conservación en alrededor de 30 millones de dólares, una cifra que las partes no confirman, pero que subraya la magnitud del dinero privado que ahora fluye hacia ecosistemas estratégicos.
El acuerdo insular de Leonardo DiCaprio en Chile muestra cómo el dinero privado aún puede salvar lugares salvajes. (Foto reproducción de Internet) En lugar de otra ronda de planes burocráticos, los inversores simplemente compraron el terreno, lo sacaron del mercado especulativo y se comprometieron a entregarlo una vez que esté establecido el marco legal para un parque nacional.
Guafo protegido gracias a esfuerzos privados y locales DiCaprio anunció el operativo en sus redes sociales, celebrando que Guafo ahora esté blindado contra la minería y la tala.
Sin embargo, detrás del titular de la celebridad, el trabajo fue realizado por personal de conservación, ONG chilenas y firmas de abogados durante varios años: una coalición de científicos, abogados y donantes que actuaron más rápido que los lentos presupuestos estatales.
Las comunidades locales mapuche-huilliche, que ven a Guafo y sus aguas circundantes como territorio ancestral, ahora insisten en sentarse a la mesa mientras se diseña el parque.
Su demanda plantea una pregunta crucial para Chile y otros países ricos en recursos: ¿pueden alinearse la conservación privada, los reclamos indígenas y los intereses nacionales antes de que las luchas políticas lo congelen todo?
Para los lectores en el extranjero, Guafo es importante porque muestra que algunos de los “motores” de vida marina más críticos del planeta aún pueden protegerse cuando los actores decisivos actúan temprano, firman el cheque y sólo entonces discuten sobre la política.