En un artículo publicado en El Nacional que titulé “La tortuosa vía de la dictadura a la democracia” aludía a que Gene Sharp, investigador asociado de Harvard y fundador de la Albert Einstein Institution, en su obra De la dictadura a la democracia afirma que el poder de las dictaduras depende de la obediencia y cooperación voluntaria de la población, por lo que la clave para la transición democrática está en la acción no violenta organizada -huelgas, boicots, desobediencia civil y manifestaciones pacíficas- que erosiona los fundamentos del régimen y fuerza una apertura política. Sin embargo, al mismo tiempo Sharp advierte que para debilitar el poder dictatorial es crucial la planificación estratégica, disciplina y unidad de objetivos, junto con una resistencia organizada y pacífica, porque minar el consentimiento social que sostiene a la dictadura es esencial para deslegitimarla.
Por otro lado, decía en el artículo citado que Daniel H. Levine, profesor emérito de la Universidad de Michigan, destaca que la voluntad política y el compromiso de las élites, así como la participación de la sociedad civil y el fortalecimiento institucional, son factores clave; sin diálogo político sincero y disposición a asumir costos, las transiciones pueden fracasar o revertirse.
Puede decirse que las expresiones de tales pensadores constituyen hojas de rutas que indican los pasos a seguir para rescatar instituciones secuestradas y reconstruir una sociedad fracturada por un autoritarismo que ha sometido un país al control absoluto de un solo grupo; pero para ello se impone que la búsqueda de una salida democrática deje a un lado los esquemas de la represalia y el cálculo ventajista de los distintos sectores que componen una sociedad.
Aquí es donde resulta clave la teoría del “velo de la ignorancia” del filósofo de Harvard John Rawls: imaginar que, para diseñar las nuevas reglas del juego, nadie sabe qué posición social, poder económico o influencia política va a tener en la nueva realidad democrática. Es decir, siguiendo la teoría “rawlsiana”, una invitación radical a pensar en instituciones imparciales, capaces de resistir cambios de poder y satisfacer tanto a quienes hoy mandan como a quienes hoy sufren.
En el escenario se encuentra, de un lado, la persecución política y la represión que silencia tanto a líderes como a ciudadanos comunes que aspiran a vivir en democracia, dirigentes opositores inhabilitados, forzados al exilio o condenados a la clandestinidad, en fin, abolición de la libertad en todas sus formas; y por el otro lado, el deseo de la transición a la democracia, la reinstitucionalización constitucional y la defensa de los derechos humanos se mantiene en la narrativa opositora, con reclamos persistentes de apoyo internacional.
Entonces, ¿cómo construir una transición legítima y duradera? Rawls sugiere que solo reescribiendo las reglas desde una posición imparcial se podrá evitar reproducir privilegios y exclusiones. La clave estaría en garantizar que:
• Las libertades fundamentales jamás se sacrifican, ni siquiera medidas ante económicas o de seguridad.
• Cada ciudadano debe tener las mismas oportunidades de participar y decidir en política, sin que ningún sector político, económico, religioso o mediático imponga su agenda.
• Se adoptan políticas pensadas primero para quienes más han perdido en estas décadas de crisis, priorizando la reducción de las desigualdades y la recuperación del tejido social.
• Pluralismo real y transparencia; ni los tribunales ni los organismos electorales pueden seguir atados a las cuotas de poder.
• Toda negociación de transición debe ser transparente y basada en reglas que todos aceptarían, incluso sin saber si se beneficiarán o no directamente. Aquí, los apoyos internacionales deben servir para fortalecer, no para imponer.
El reto de la justicia transicional, entonces, no solo consiste en castigar a los culpables ni en pactar el olvido a cambio de estabilidad. Exige crear reglas justas para todos, pensando en una sociedad donde las instituciones no se usan más como armas, sino como herramientas de reconciliación, equidad y desarrollo humano.
Pensar bajo el velo de la ignorancia es pensar como país, más allá de bandos y traumas. Es el camino más exigente, pero quizás el único que puede llevar, de verdad, a una sociedad distinta, estable y con futuro.