La economía de Venezuela cerrará 2026 con un moderado optimismo en el sector empresarial, pese al impacto de los devastadores terremotos que golpearon con saña la región centro-norte costera, según estimaciones preliminares de la firma consultora Ecoanalítica.
Ante la consulta de Ecoanalítica realizada en julio a su red de clientes y asociados corporativos sobre la proyección de sus negocios para los próximos 12 meses, el 65% respondió que lo ve como positivo, mientras que el 9% lo calificó como “muy positivo”.
Los resultados de este sondeo contrastan con 79% de criterio. positivo en enero, y 13% vio el escenario entonces como muy positivo.
En octubre de 2025, antes de la caída de Nicolás Maduro y del cambio de perspectivas generales desatado por el nuevo panorama en las relaciones con Estados Unidos, solo el 32% veía el futuro a 12 meses como positivo y el 2% como muy positivo.
De modo que, en líneas generales, se percibe un escenario optimista que se refleja en grandes indicadores de la economía.
Los detalles fueron expuestos durante el foro. “Réplicas económicas, el costo de la reconstrucción y el rumbo de la economía”organizado por Ecoanalítica para sus clientes. El evento contó con la participación de la economista jefa de la firma, Graciela Urdaneta; su director, Alejandro Grisanti; y la consultora en comunicación corporativa y exprofesora del IESA, Valentina Urdaneta.
Grisanti destaca que pese al impacto de la emergencia y en el entorno político actual prevalece la visión positiva. Y una de las variables de mayor impacto sobre el futuro es el cómo se van a reconstruir las zonas afectadas por los terremotos.
Petróleo crece por encima del resto de la economíaLos terremotos no han impactado los centros de producción y embarque de petróleo, el motor de la economía venezolana.
Ecoanalítica proyecta para este año un aumento de la producción de petróleo en 16,9%, superior al registrado en 2025, impulsado por el sector privado. La firma prevé que el bombeo cierre el año en 1,3 millones de barriles diarios (bpd).
En 2029 se espera que la producción nacional de crudo alcance dos millones de bpd.
“Se prendió la locomotora petrolera”, dijo Grisanti al estimar que el Producto Interno Bruto (PIB) del sector petrolero crecerá en 18%, muy por encima del total del PIB nacional consolidado.
Ecoanalítica plantea dos escenarios macroeconómicos base —uno ortodoxo y otro heterodoxo— para evaluar el desempeño de la economía venezolana ante el cierre de 2026 y las proyecciones para 2027.
Bajo la variante ortodoxa o conservadora, la firma proyecta un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) total de 5,8% al cierre de 2026, el cual se aceleraría hasta 12,1% en 2027.
En este mismo plano, el PIB petrolero registraría un incremento de 18,3% este año y de 29,9% el próximo, mientras que la inflación se estima que cerrará 2026 en 251,5% para moderarse y ubicarse en 55,1% en 2027, con un tipo de cambio oficial del Banco Central de Venezuela (BCV) que terminaría en 1.062 bolívares por dólar este año y en 1.562. bolívares el siguiente.
En contraste, bajo el escenario heterodoxoen el que el gobierno no se ciñe estrictamente a los lineamientos tradicionales de la ciencia económica, el crecimiento económico estimado se ubica ligeramente por encima, en 6,6% para 2026 y en 13,3% para 2027.
La variación de precios en esta variante se elevaría al cierre de este año a 361,4%, para retroceder a una cifra todavía alta de 110,9% en 2027, al tiempo que el dólar oficial del BCV finalizaría en 1.159 bolívares en 2026 y en 1.888 bolívares en 2027, mientras que la cotización en el mercado paralelo (tasa Binance) terminaría en 1.521 bolívares este año y en 2.439 bolívares el próximo.
Cómo lidiar con daños económicos por los terremotosUn acucioso estudio de Ecoanalítica evalúa los daños dejados por los terremotos en los sectores residencial, comercial e industrial y de infraestructura. También compara con lo que ocurrió en Chile, Ecuador y Haití cuando esos países también sísmicos enfrentaron desastres similares, con efectos diferentes en sus economías según las políticas aplicadas.
Estima daños conjuntos por un valor de $17.074 millones.
Pero los costos de reconstrucción bajo el estándar internacional “Reconstruir mejor” (mejor de lo que estaban para prevenir impactos futuros entendiendo que Venezuela este es un país sísmico) alcanzan a $25.605 millones.
Del total, la firma estima $11,972 millones en daños a edificaciones residenciales, comerciales e industriales; $3.821 a infraestructura de electricidad; $874 millones en vialidad, $262 millones en sistemas de agua y acueductos y $102 millones en sistemas de telecomunicaciones.
El impacto de esto en la economía y los plazos de la reconstrucción dependerán de cómo se haga, de si el gobierno venezolano cae en la tentación adictiva de financiar ese gasto emitiendo dinero inorgánico, sin respaldo.
Los años requeridos para la reconstrucción se alargan o se acortan si emprende por sí solo este proceso, o si la hace a través de una institución creada con estos fines, con participación del sector privado, de organizaciones no gubernamentales y de especialistas de dentro y fuera de Venezuela.
Con ayuda económica de los amigosEl estudio destaca que la ayuda internacional recibida hasta ahora (cerca de 630 millones de dólares) ha sido ínfima respecto a las necesidades para la recuperación. Ese auxiliar está condicionado a la confianza en la gestión de los fondos.
Los mayores aportes externos e internos han provenido de Estados Unidos ($300 millones) y del Fondo Monetario Internacional ($200 millones de los Derechos Especiales de Giro, la moneda contable del organismo, que le correspondían a Venezuela).
Otros 50 millones de dólares en llamamiento (petición internacional) del Programa Mundial de Alimentos, de la ONU; $23,9 millones solicitados por la Organización Panamericana de la Salud; $15 millones de la ONU a través de la OCHA (Oficina de Coordinación de la Ayuda Humanitaria); $14,7 millones anunciados por China (que era el principal socio y financiero del chavismo) $10,8 millones ofrecidos por Italia, $7,36 millones por Reino Unido y $5,6 millones por la Unión Europea.
“En cualquiera de los tres escenarios, que sea gobierno o no sea gobierno, deberíamos darse los próximos tres años, deberíamos tener un porcentaje de reconstrucción importante en tres años”, señala Grisanti.
“La pregunta que nosotros nos hacemos es si volverán las autoridades a caer en el tren de la monetización o no, porque por supuesto las implicaciones, tanto en crecimiento económico, como en inflación, como en estabilidad cambiaria, son bien importantes”, explica.
El tipo de cambioEn este contexto, la segunda variable que marcará la pausa en la economía durante el resto del año será la decisión que se adopte en materia cambiaria.
Grisanti señala que la tendencia es hacia una unificación cambiaria y por lo pronto, desde hace tres semanas, el gobierno y el Banco Central permiten que el sistema financiero decida a quién le venden los dólares ya qué precio.
Estas operaciones se están ejecutando a valores mucho más cercanos a los del mercado, representado actualmente por la tasa Binance, observa el director de Ecoanalítica. En dicho mercado se han movido en promedio entre 54 y 44 millones de dólares diarios en las semanas comprendidas entre el 14 y el 26 de julio, acumulando un total negociado de 1.225 millones de dólares durante el mes.
Asimismo, Grisanti advierte sobre el elevado costo histórico de las restricciones cambiarias: desde la implementación del decreto de control cambiario el 23 de enero de 2003, esta política oficial ha tenido un costo acumulado para el país de 11 veces lo que se estima en daños por el desastre natural.
“Habíamos hablado de 25.000 millones de dólares que cuesta el terremoto, el control cambiario acumulado por 23 años ha costado 225.000 millones de dólares”, señala.
Apuesta por el crédito bancarioEn materia de perspectivas, Grisanti prevé una reactivación masiva del crédito bancario, inclusive a través de tarjetas de crédito como en los viejos tiempos de esta economía.
También propone que las autoridades financieras apliquen una reducción selectiva del encaje bancario para orientar estos fondos a créditos dirigidos a ciertos sectores específicos de la economía como el de la construcción e inmobiliario.
El encaje bancario es la proporción de los depósitos del público que los bancos deben esterilizar en el Banco Central. Su porcentaje en Venezuela es del 75%, uno de los más altos del mundo.
El gobierno usa esta medida como parte de la política antiinflacionaria y para evitar que ese dinero se vaya al mercado cambiario a la compra de dólares.
Pero en contrapartida, esa política es responsable de que este sea uno de los países del mundo con menos crédito para financiar inversiones y el consumo. Toda la cartera de préstamos de la banca al público con costos llega a unos tres o cuatro puntos del PIB. En países normales esa proporción supera el 40%.