Entrevista
Cali es el epicentro de un encuentro mundial. EL TIEMPO dialogó con prestigioso investigador de la Universidad de Harvard.
Encuentro mundial sobre estudios afrolatinoamericanos de la Universidad de Harvard en la Universidad Icesi. Foto: Juan Pablo Rueda/EL TIEMPO
PERIODISTA23.07.2026 20:31 Actualizado: 23.07.2026 20:39
Más de 3,7 millones de habitantes en el país que se autorreconocen como personas negras, afrodescendientes, raizales o palenqueras, según datos de la última Encuesta de Calidad de Vida, casi la cuarta parte está en el Valle del Cauca.
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Encuentro sobre estudios afrolatinoamericanos de la Universidad de Harvard en Cali. Foto:Juan Pablo Rueda/EL TIEMPO
En Cali, de acuerdo con el más reciente informe del programa ‘Cali Cómo Vamos’, cerca de 576.000 moradores en la capital vallecaucana se identifican como afrocolombianos.
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Para ‘Cali Cómo Vamos, la ciudad y su área metropolitana aporta el 13,2 por ciento del total de la población afro del territorio nacional. “En ninguna ciudad colombiana residen más habitantes afrocolombianos que en la nuestra”, indicaron en la entidad.
Es por ello que Cali es considerada desde hace más de 20 años como la segunda ciudad con mayor población afrodescendiente en América Latina.después de Salvador de Bahía, en Brasil.
El reconocido investigador Alejandro de la Fuente, de la Universidad de Harvard, en Cali. Foto:Juan Pablo Rueda/EL TIEMPO
Sin embargo, Esta población en la capital del Valle registró mayores tasas de desempleo, de hacinamiento y de habitabilidad en estratos bajos. frente a la población sin autorreconocimiento étnico en el último año. La tasa de desempleo, de acuerdo con los datos recogidos por ‘Cali Cómo Vamos’, fue del 13,1 por ciento, un porcentaje notable mayor a la tasa de desempleo de la población sin autorreconocimiento étnico (7,3 por ciento) y superior a la media de Cali y su área metropolitana (8,8 por ciento).
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Encuentro mundial en la Universidad Icesi. Foto:JUAN PABLO RUEDA / el tiempo
Entretanto, la base de proyecciones de población por pertenencia étnico-racial 2018-2035 del Dane calcula cerca de 335.000 personas negras, afrodescendientes, raizales y palenqueras, equivalentes a 14,7% de sus habitantes, en este 2026, pero la cifra, como lo explican en otros estamentos de la ciudad, sería mucho mayor.
En materia de seguridad, el Observatorio de Seguridad de Cali en su informe especial ‘Violencia contra la población afrodescendiente en Cali’ reportó que en 2024 la tasa de homicidios en la población afrodescendiente fue de 85,6 homicidios por cada 100.000 habitantes, Mientras en otras etnias la tasa fue de 35,2 casos por cada 100.000 habitantes.
Encuentro sobre estudios afrolatinoamericanos de la Universidad de Harvard, en Cali. Foto:Juan Pablo Rueda/EL TIEMPO
“El 75 por ciento de las muertes por causa externa en la población afrodescendiente correspondieron a homicidios, mientras que en las otras etnias los homicidios representaron el 56 por ciento del total de muertes por causas externas”, dice el documento.
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Teniendo en cuenta parte de este panorama, Cali se convirtió desde el miércoles y lo será hasta este viernes 24 de julio en uno de los principales centros mundiales de discusión sobre afrodescendencia, desigualdad racial, políticas públicas y producción de conocimiento. La ciudad recibió el IV Encuentro Continental en Estudios Afrolatinoamericanos, organizado por el Afro-Latin American Research Institute (Alari), de la Universidad de Harvard; el Consorcio Universitario en Estudios Afrolatinoamericanos y la Universidad Icesi, ubicada en el sur de Cali. Allí se lleva a cabo el evento con la participación de la vicepresidenta Francia Márquez.
La vicepresidenta Francia Márquez en el encuentro de la Universidad de Harvard, en Cali. Foto:Juan Pablo Rueda/EL TIEMPO
Son más de 1.500 ponentes, entre académicos, investigadores, estudiantes, funcionarios, artistas, activistas y líderes afrodescendientes de Estados Unidos, Europa, África, América Latina y el Caribe en cerca de 300 paneles, mesas redondas, talleres, presentaciones de libros, proyecciones audiovisuales.
“En 2012, la exministra Aurora Vergara fundó el Centro de Estudios Afrodiaspóricos en la Universidad Icesi y hoy se consolida como el primer centro académico colombiano dedicado específicamente al estudio de las experiencias afrodiaspóricas”, dijo el rector Esteban Piedrahita.
EL TIEMPO dialogó con el director y fundador de Alari, Alejandro de la Fuente, profesor de Harvard y uno de los historiadores y académicos más influyentes del mundo en estudios afrodescendientes.historia de América Latina, esclavitud, raza y desigualdad.
¿Por qué Cali es epicentro de este encuentro mundial?
La idea de traer el encuentro continental de estudios afrolatinoamericanos a Cali está precisamente basada en el hecho de que, en primer lugar, el campo de estudios afrolatinoamericanos solo puede se desarrollado desde América Latina. Y venimos a Cali porque Cali es una de las capitales de afro Latinoamérica. Entonces Cali es importante no solo en el contexto colombiano, Cali es importante en el contexto latinoamericano y en este esfuerzo que hace el campo de repensar América Latina en clave afro.
Encuentro en la Universidad Icesi. Foto:Juan Pablo Rueda/EL TIEMPO
Lo que hace el campo de estudio afro latinoamericano es poner el afro antes del latinoamericano. Y al hacer eso llama la atención a otras historias fundamentales, a otras trayectorias, a otras formas de pensar la región. Yo siempre digo que hasta la segunda mitad del siglo XIX, por cada europeo que llegó a América Latina, llegaron tres africanos o africanas. Entonces, las nuestras eran tierras afroindígenas.
Hasta el siglo XIX, América se volvió algo latino solo a principios del siglo XX, con esa inmensa oleada migratoria de Europa, de países como España, Italia, a nuestras tierras. Pero hasta ese momento no hay nada latino para lo que hoy en día llamamos América Latina. Eran tierras esencialmente afroindígenas. Lo que hace el campo de estudio es recientesr esas historias, es recordar lo que nunca debimos olvidar, que es que África no es una raíz, África es quienes somos. África está presente en la creación de nuestros países. Y si uno va a analizar eso, a dónde mejor ir que a Cali. Cali es uno de los lugares desde donde eso se puede y se debe hacer. Por eso estamos en Cali.
¿Considera que la discriminación en el país se ha eliminado o todo lo contrario?
Las brechas y las desigualdades son desdichadamente uno de los temas centrales de estos estudios, porque esas brechas y esas desigualdades son comunes a toda la región. Esto no es un fenómeno de Cali, esto no es un fenómeno colombiano. Esto es un fenómeno de las Américas, porque ahí se puede incluir incluso a Estados Unidos. El tema de las desigualdades es uno de los grandes temas y que va a estar muy bien representado en el cuarto encuentro.
Esas desigualdades, por supuesto, tienen una dimensión de género enorme. Otro de los grandes ejes temáticos de estudios afrolatinoamericanos es la atención a las cuestiones de género. Una de las cosas es que un campo de estudios, hay además, un predominio femenino. Debo decir que en casi todos los grandes eventos, el número de mujeres que participan en estos encuentros excede al número de hombres.
En cuanto a las políticas públicas, no sé por qué mucha gente piensa en Estados Unidos y yo siempre respondo que nosotros tenemos suficientes buenos ejemplos en América Latina para pensar estos problemas desde América Latina. No necesitamos mirar a Estados Unidos para eso.
¿Cuáles ejemplos?
En Brasil, las políticas de acción afirmativa brasileñas y las políticas de cuotas brasileñas, especialmente, en el sistema universitario, han producido resultados transformadores y cuando digo transformadores, han eliminado o, por lo menos, han golpeado muy duro una de las brechas, a la brecha fundamental que tenía la población afrobrasileña para acceder a los sectores de clase media y para acceder a empleos.
La gran barrera en Brasil era que cuando se llegaba a la universidad, el número de personas afrodescendientes caía fragmentada. En los últimos 25 años eso cambió principalmente gracias a esas políticas. Entonces, ahora la guerra es otra, ahora la guerra allí es que las personas que tienen la preparación puedan acceder a las posiciones para las cuales están preparadas. Ahora la guerra se movió al terreno de acceder a las fuentes de trabajo, de acceder a posiciones que son mejores pagadas, más prestigiosas, posiciones que no son de trabajo manual, sino de trabajo intelectual.
Ahí tenemos un buen ejemplo de cómo desde los espacios de la educación se puede hacer una transformación social muy importante y ese ejemplo lo tenemos al lado, lo tenemos en Brasil. Es muy interesante que ese ejemplo funcionó en los años en que había una administración que no era, digamos, favorable a esas agendas, y estoy educado en la manera en que lo digo, esas agendas ya no pudieron ser paradas, ya no pudieron ser detenidas.
En Brasil hay un ejemplo de victorias que podemos, creo, pensar y aplicar a otros lugares de América Latina, con el añadido de que las políticas de acción afirmativa de Brasil son muy latinoamericanas porque miran los temas de equidad racial, pero lo hacen teniendo en cuenta la estratificación de clases sociales, o sea, tienen un elemento de clase. Brasil incorpora para también crear oportunidades para la gente pobre, cualquiera que sea su racialidad. Tenemos simplemente que mirar en nuestro vecindario para encontrar respuestas posibles. Estas son políticas que se pueden implementar. Colombia también ya ha hecho algo de eso.
Alejandro de la Fuente es uno de los académicos más influyentes en estudios afrodescendientes. Foto:archivo particular
¿Cómo está Colombia frente a Brasil?
Colombia creo que está por detrás de Brasil en cuanto a resultados, pero también está medio a la cabeza de América Latina. En Colombia ha habido un debate, ha habido la voluntad de crear las cátedras de estudios afrocolombianos, ha habido algún esfuerzo, pero no está lo que no ha habido hasta, al menos hasta donde yo sé, podríamos preguntarle a alguien como Aurora Vergara sobre eso a mi querida amiga, hasta donde yo sé no ha habido una política de cuotas con la capacidad y con la sistematicidad brasileña O sea, todavía falta.
Pero en Brasil también falta, Ojo, no quiero tampoco dejar la impresión de que en Brasil podemos cruzarnos de brazos e irnos a descansar. Pero sí creo que vale la pena marcar el éxito de esas políticas. Lo interesante es que incidieron en un ‘cuello de botella’ muy específico en el tema de la película. ilidad social y han creado oportunidades importantes en ese aspecto.
Profesor, en la región y en el país aún se perciben esas grandes brechas, ¿qué acciones tomar para lograr realmente erradicarlas?
Uno de los retos es precisamente visibilizar mecanismos esos de reproducción de las desigualdades para poder desmontarlos, generando políticas específicas que incidan sobre esos mecanismos que operan desde la sombra, o sea, son mecanismos que van generando, que estructuran la creación de oportunidades a partir de criterios de racialización, pero lo hacen muchas veces desde la sombra, es decir, no es que salga ningún empresario a decir, en esta empresa vamos solamente a contratar a seis personas rubias ya seis afrolatinoamericanas.
La gente que menos oportunidades tiene es la gente racializada como negra o como algún epíteto de este tipo. La academia va de la mano del activismo, porque los activistas sufren esto en carne propia y, por lo tanto, yo siempre digo cuando los activistas generan una demanda ahí mismo en esa demanda están creando un proyecto de investigación. Ellos están o ellas están protestando contra una exclusión. La academia puede venir y decir: “Bien vamos a estudiar esto y vamos a producir evidencia que sea elegible para las autoridades estatales”, porque las autoridades estatales quieren ver una tabla o quieren ver un gráfico, o quieren ver una data que les permita entender.
Las universidades vienen realizando estudios, pero ¿cómo lograr que los gobiernos traduzcan ese propósito de comprender el fenómeno y plantear políticas públicas? ¿Cómo ha visto ese panorama en Colombia y en el Pacífico?
Debo confesar que tengo en esto cierto sesgo en mi manera de pensar, porque en los últimos años varias de las personas que han estado en posiciones dentro del Gobierno colombiano son personas, estoy pensando en la vicepresidenta Francia Márquez, estoy pensando en Aurora Vergara cuando era ministra de Educación, estoy pensando en Yesenia Olaya como ministra de Ciencia, son personas que han sido bastante cercanas al Instituto de Estudios Afrolatinoamericanos de Investigación Afrolatinoamericanas de Harvard y que han sido, de hecho, bastante cercanas a estos debates también.
Han sido personas que han incidido también en los debates académicos. Cuando pienso en Colombia en los últimos años, yo sé que todas las mujeres han tenido ese tema muy presente en sus agendas, como Paula Moreno en su momento, como Gilberto Murillo, que también ha estado con nosotros, es decir, estas son una de las cosas que también cambiaron en Colombia, es que personas afrodescendientes han llegado a posiciones de poder y desde esas posiciones han intentado incidir en estas agendas.
Pero desmontar una estructura de poder como el racismo, eso que hablábamos antes, no depende de una vicepresidenta o de una ministra o dos ministros, o de tres ministros, por buena intención que tenga. Estamos hablando de desmontar estructuras de poder. Eso requiere una acción estatal, comprensiva, sostenida, dedicada.
No es cuestión de una administración, ni debe ser cuestión de una administración. Esto debe ser un compromiso de nuestras naciones, porque las nuestras, la opción que tenemos frente a nosotros es, ¿vamos a seguir construyendo naciones racistas o vamos a construir naciones de inclusión, naciones de igualdad, naciones antiracistas?
Está en nuestras manos construir naciones antiracistas. Esa es la pregunta que todas las naciones de América Latina tienen que hacerse.
En el distrito de Aguablanca, de población vulnerable, la gente, sobre todo, es afrodescendiente y reclama oportunidades, viene haciendo desde décadas atrás hasta ahora…
El campo de estudio se nutre desde el activismo afrodescendiente de las últimas décadas, y que se desarrolla muy de la mano de él. Y lo que el campo de estudio mejor hace es visibilizar esos precisamente mecanismos medio subterráneos, medio ocultos, que siguen funcionando. Eso que tú sientes, de que la gente viene y que todo sigue igual, de que a pesar de los esfuerzos, las desigualdades se mantienen, la gente más pobre vive en un cierto lugar, la gente más pobre habla, esos mecanismos que generan eso es lo que necesitamos estudiar, visibilizar, poner sobre la mesa e incidir sobre eso para cambiarlo.
Mi respuesta es una respuesta totalmente anclada en mi mundo desde la educación. Y porque yo creo que una de las cosas, creo que nuestros sistemas educativos fallan en producir los conocimientos de las personas que para acabar con las estructuras esas de que estábamos hablando antes. Educación como propuesta central y diseño curricular.
Nosotros formamos a personas. Cuando los chicos y chicas llegan a la universidad estudian antropología, sociología, historia, economía, ciencia política. Pero el racismo no funciona en disciplinas. El racismo no funciona en la sociedad hoy, en la literatura mañana y la semana que viene en historia y la pasada en ciencia política. Como estructura de poder, el racismo trasciende las disciplinas. Entonces, parte del problema es que estamos lidiando con un problema del siglo XXI, con unas estructuras académicas del siglo XIX.
¿Qué tal si tuviéramos programas universitarios, no un céntrico por ahí, un programa universitario de estudios afrocolombianos, donde vinieran los chicos y chicas que después van a trabajar en los bancos o que van a trabajar en las empresas privadas e harían una concentración o harían una licenciatura en estudios afrocolombianos, donde se pensara en el país, las empresas, la economía, la sociedad, la política, desde estas claves afro que nosotros estamos tratando de promover?
Y yo no estoy hablando de chicos y chicas afro, estoy hablando de todos los chicos y chicas que vengan a esos programas y se formen. Y después que se vayan al Banco de la República a trabajar o que se vayan a una alcaldía. Me da igual que sean verdes o azules. Lo que quiero es que lleguen a esos lugares con las antenas para detectar discriminaciones por cuestión de raza, discriminaciones por cuestión de género, que tengan las herramientas, los vocabularios, la preparación y la vocación para empezar a desmontar eso.
¿Cuál es el mensaje al Gobierno Nacional?
¡Ayúdenos! ¡Ayúdenos a construir esa América Latina de mañana! Aquí necesitamos el apoyo de todos y de todos. Ayúdenos a seguir este trabajo, porque el trabajo no es de una administración, el trabajo no es de Francia, el trabajo, como dije antes, es el trabajo de todas y de todos. Hay que solo compartir lo único que hace falta, el único requisito, es compartir el principio de que queremos construir sociedades de inclusión, queremos construir sociedades antirracistas.
CAROLINA BOHÓRQUEZ
Corresponsal de EL TIEMPO
Cali
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