Puntos clave
La crisis petrolera de Cuba se ha convertido en una prueba regional: ningún aliado latinoamericano ha desafiado el bloqueo de Washington para suministrar combustible, incluso cuando los apagones superan las 15 horas diarias y la red colapsó por completo el 16 de marzo.
México detuvo los envíos de petróleo bajo la amenaza de aranceles estadounidenses, Brasil se limitó a la retórica humanitaria y cuatro países cancelaron programas médicos cubanos, poniendo fin a décadas de solidaridad revolucionaria.
Se estima que 2,75 millones de cubanos han huido desde 2020, y los solicitantes de asilo cubanos ahora superan en número a los venezolanos en Brasil, lo que transforma la crisis migratoria en una responsabilidad política para los gobiernos de izquierda.
La crisis del petróleo de Cuba ha dejado de ser una historia de La Habana; ahora es una prueba de la solidaridad latinoamericana, y la solidaridad está perdiendo. Ningún gobierno en el hemisferio ha desafiado el bloqueo energético de Washington para suministrar combustible, incluso cuando la red nacional colapsó el 16 de marzo y los apagones en La Habana excedieron las 15 horas diarias. El Rio Times, el medio de noticias financieras latinoamericano, informa que la dimensión latinoamericana de la crisis cubana está remodelando las alianzas en toda la región.
La isla no ha recibido importaciones significativas de petróleo desde mediados de diciembre, cuando la estrategia estadounidense de asfixiar el suministro de energía de Cuba cortó los envíos venezolanos tras la captura de Maduro. La orden ejecutiva de Trump del 29 de enero amenazando con aranceles a cualquier país que venda petróleo a Cuba completó el cerco.
México y Brasil: solidaridad sin petróleo La retirada de México es la ruptura más marcada con la historia. El país que acogió a los fundadores de la revolución y fue el defensor más confiable de La Habana durante décadas detuvo todos los envíos de petróleo bajo la presión de Estados Unidos. El presidente Sheinbaum envió barcos de la Armada cargados con alimentos, reconociendo la crisis y al mismo tiempo concediendo el único producto que Cuba realmente necesitaba.
Cómo el miedo a Trump dejó a Cuba sola en América Latina. (Foto reproducción de Internet) El cálculo de México es brutalmente simple. El país comenzó a renegociar el acuerdo comercial USMCA con Washington esta semana, y cualquier medida que provoque represalias de Trump podría poner en peligro una relación económica valorada en más de 700 mil millones de dólares al año. La antigua relación especial con La Habana sobrevive en el sentimiento pero no en los barriles.
Brasil sigue una lógica similar. El principal asesor de Lula, Celso Amorim, advirtió que estrangular la isla endurecería al régimen, pero Brasil ha limitado su respuesta al lenguaje humanitario. El politólogo Matías Spektor señaló que la represión interna de Cuba ha hecho difícil incluso para los partidarios de línea dura del Partido de los Trabajadores defender abiertamente al régimen.
Crisis cubana en América Latina: Se profundiza el aislamiento El daño se extiende mucho más allá del petróleo. Ecuador expulsó a los diplomáticos cubanos, Nicaragua canceló la entrada sin visa y Guatemala, Honduras y Jamaica cancelaron acuerdos para profesionales médicos cubanos. Chile, México y Brasil enviaron ayuda humanitaria, pero los envíos de alimentos no generan electricidad.
Sólo Rusia ha intentado romper el bloqueo. Dos petroleros vinculados a Rusia navegaban hacia Cuba esta semana, pero sus erráticos patrones de navegación y la vigilancia de la Guardia Costera de Estados Unidos hacen que la entrega sea incierta. Cuba necesita 100.000 barriles por día y produce menos de la mitad a nivel nacional.
La migración reescribe la política Se estima que 2,75 millones de cubanos han huido de la isla desde 2020, aproximadamente una cuarta parte de la población. En Brasil, los cubanos son ahora el grupo más grande de solicitantes de asilo, superando en número a los venezolanos por primera vez en 2025. Estos migrantes aportan testimonios que desafían la narrativa romántica de la resiliencia revolucionaria.
Para los gobiernos de izquierda de la región, el éxodo crea un problema político. Defender la soberanía de Cuba es una cosa; absorber el costo humano de su fracaso es otra. En Brasil, los herederos políticos de Jair Bolsonaro han convertido el apoyo a Cuba en un arma contra Lula antes de las elecciones presidenciales de octubre.
El fin de la excepción revolucionaria Lo que ha cambiado no es sólo la condición material de Cuba sino su posición simbólica. Durante décadas, la isla negoció con campañas de alfabetización de prestigio revolucionario, atención médica universal y desafío a la superpotencia del hemisferio. Ese capital ahora está agotado, y la región que alguna vez celebró a Cuba como prueba de resistencia soberana ahora la trata como un riesgo o una advertencia.
Cuba puede sobrevivir a esta crisis como ha sobrevivido a otras. Pero el miedo a provocar a Washington, el giro político hacia la derecha, las presiones migratorias y la erosión de la autoridad moral han dejado a La Habana más sola que en cualquier otro momento desde el colapso soviético. El cambio más importante no es que Cuba sea más débil, sino que nadie viene a ayudar.