El 27 de julio de 1870, Antonio Guzmán Blanco —el autócrata civilizador y regenerador de la República—, decretó la educación gratuita y obligatoria en Venezuela, con el designado propósito de alfabetizar a los sectores desamparados de la población y expandir la escolaridad formal a través de la instrucción primaria de carácter público en todo el territorio nacional. Del referido decreto, resaltamos la obligatoriedad dirigida a padres y tutores, a quienes se conminaba asegurar la educación de sus hijos y representados en materias como las matemáticas, la lengua castellana y la formación moral y cívica sustentada en el cumplimiento de las normas constitucionales. Tras la creación de la Dirección Nacional de Educación Primaria, se instalarán progresivamente en el tiempo, las escuelas federales y municipales para niñas y varones a lo largo y ancho de la geografía nacional. Se trató pues de un verdadero hito histórico, o el inicio de una transformación de la educación como derecho fundamental y al mismo tiempo un deber ineludible del Estado venezolano.
Un nuevo hito vino a ser la creación del Instituto Pedagógico de Caracas el 30 de septiembre de 1936, mediante decreto ejecutivo del presidente Eleazar López Contreras. En ello jugó un papel fundamental el insigne escritor venezolano Mariano Picón Salas, quien se apoyará en el modelo chileno y contará con el respaldo de docentes originarios de ese país suramericano. El Pedagógico fue pionero en la profesionalización de la formación docente y tuvo como función esencial coadyuvar a la excelencia de profesores y maestros ya la renovación integral de la educación. Se favoreció igualmente de la sabiduría y el compromiso de eximios intelectuales venidos de España en tiempos de la Guerra Civil y el régimen del general Franco, quienes rindieron una contribución sencillamente impagable a la modernización de la enseñanza y su fortalecimiento como institución de primerísima importancia en la vida del país. Las sucesivas generaciones de profesionales de la educación egresados del Pedagógico constituyeron un brillante aporte a la formación y cultura del pueblo venezolano.
En años recientes, la educación en Venezuela ha desmejorado notablemente por una serie de razones que no es del caso profundizar en este breve espacio. A la intervención de los programas de enseñanza bajo el sesgo de criterios ideológicos a veces alejados de la moral, del espíritu de convivencia civilizada y de la verdadera instrucción que debe impartirse, se añade el ausentismo de los estudiantes en todos los niveles de educación primaria, secundaria y superior, tanto como la deserción de profesores y maestros mal remunerados, quienes se han visto forzados a emigrar o a encontrar formas alternativas de subsistencia, conforme prueba los hechos. De igual manera, la planta física escolar, —salvo las excepciones del ámbito privado y quizás algunas del dominio público—, exhibe los signos del abandono, de la falta de mantenimiento, igualmente el menoscabo de los equipos y sistemas de apoyo a la enseñanza.
Sin duda la educación contribuye poderosamente a socializar a los individuos, en tanto y en cuanto infunde cultura general y valores fundamentales que se proponen asegurar una convivencia civilizada. Naturalmente, cada sociedad establecerá sus prioridades y aspiraciones en los sistemas y programas educativos que decida implementar —en ello siempre contarán sus necesidades básicas e inclinaciones sobre el empleo de nuevas tecnologías de la información u otros avances propios de la modernidad—. Quede claro que sin una educación vigorosa y de alcance general a la población de un país, no puede haber desarrollo sostenible ni cohesión social.
Y es que la educación cumple una función social de primera importancia, al devenir en recurso imprescindible que favorece el intercambio entre ciudadanos instruidos de un mismo país, así como en sus relaciones de índole diversa con otras comunidades civilizadas del ámbito transnacional. No puede haber integración, armonía ni formación ciudadana sin educación. Partiendo de la premisa de que la única igualdad posible entre los hombres libres se circunscribe a la aplicación de la Ley de alcance general —en ello no puede haber diferencias de clase, credo espiritual, preferencias políticas o nivel económico—, la educación contribuirá a la reducción del analfabetismo y de la pobreza material, promoviendo el buen uso de los talentos, así como la equidad en el acceso a las oportunidades. En todo ello, es preciso asumir la división del trabajo, o el fraccionamiento del proceso productivo en tareas simples y especializadas, distribuidas entre trabajadores y profesionales, como fórmula idónea para lograr propósitos compartidos de interés colectivo. Procede pues admitir que solo habrá desigualdad en las capacidades individuales para aprovechar las oportunidades y afrontar los retos que la vida sugiere a los hombres libres.
El propósito de regenerar la educación en Venezuela es tarea grande y urgente. No se trata únicamente de enseñar, sino al mismo tiempo de formar ciudadanos virtuosos, sin duda el único medio válido para transformar y mejorar el entorno social venezolano. Ciudadanos que gocen de una cierta autonomía, con plena conciencia de su papel y posibilidades en la comunidad, capaces de ejercer sus derechos en absoluto respeto a la ley, al derecho de los demás ya las instituciones democráticas republicanas. Es este pues, el modelo idóneo y tremendamente eficaz para desarrollar la autoestima y creatividad del individuo, siempre en ejercicio y perfeccionamiento de su propia personalidad y habilidades naturales. Por algo la Unesco se propone transformar vidas a través de la educación, para de tal manera construir la paz entre los hombres, erradicar la pobreza e impulsar el desarrollo económico de las naciones civilizadas.