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Monday, June 22, 2026
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    Miradas sobre el continente: Fausto Teodoro de Aldrey

    FAUSTO TEODORO DE ALDREY (1825-1886)“Lo cierto es que para la historia cultural venezolana este hombre es fundamental, pues fue el fundador del celebrado diario La Opinión Nacional (1868-1892). También tendría que apuntar su compromiso periodístico de viejo data por cuanto, antes, había fundado El Porvenir (1863-1867)”

    Por MIRLA ALCIBÍADES

    Esta figura que he escogido para traerla al presente llegó a Venezuela procedente de La Coruña. El día de su muerte en abril de 1886 se esparcieron noticias referidas a su vida, las que eran, prácticamente, desconocidas hasta entonces.

    Esas noticias nos hablan del nacimiento en el lugar indicado, pero no dan certezas en lo referido al año natal, el que se sitúan entre 1825 o 1826. Vino a nuestro país en edad temprana, pues aquí residía su familia. No proporcione los nombres de los padres ni se habla de hermanas o hermanos.

    Lo cierto es que para la historia cultural venezolana este hombre es fundamental, pues fue el fundador del celebrado diario. La Opinión Nacional (1868-1892). También tendría que apuntar su compromiso periodístico de vieja data por cuanto, antes, había fundado El Porvenir (1863-1867). Pero no es de su incursión en labores de redacción y dirección en papeles de entrega regular el aspecto de su vida que quiero abordar.

    Más bien, quiero detenerme en un aspecto que lo define como hombre también dedicado al comercio. En mis frecuentes recorridos por la prensa periódica del siglo XIX, he podido tropezarme con él para comprobar que negociaba con café. Sin embargo, y para mi sorpresa, en 1854 lo encuentro mientras promocionaba el negocio que denominaba Fábrica Española. En esa propiedad expendía chocolate, el que garantizaba ser de calidad “superior y que no tiene igual en este país, pues se prepara con el más rico y escogido cacao de caracasel mejor azucar de Venezuela y legítima canela de ceilán”.

    Pero, sin dudas, la aceptación que alcanzó entre los jóvenes nuestro personaje se consolidó cuando creó el prestigioso Café Español. Ese lugar de esparcimiento era un local que no se parece a los que conocemos en el presente. Es cierto que en 1856 se le visitó para consumir helados y sorbetes. Igualmente se podía beber en sus lujosas instalaciones agua con hielo o, en su defecto, comprar el agua congelada. Desde luego, se podía consumir chocolate “y sabrosos fiambres”, además de “sus dulces y confituras afamadas” (según indicaba la publicidad en la prensa caraqueña). Muy pronto, se pudo consumir bebidas espirituosas en sus instalaciones y, entre los vinos y licores, el puerto ganaba adeptos.

    Pero lo que hacía al Café Español un lugar distinto a los que conocemos actualmente en Venezuela es que se daban veladas musicales y los escritores leían las producciones de su estro poético. Estos atractivos convirtieron el local de Fausto Teodoro de Aldrey en el lugar preferido para las tertulias literarias. En alguno de mis libros he recordado una de esas tertulias de escritores, donde se hacían competencias fugaces para determinar quién podía escribir un poema en el menor tiempo posible.

    Me atrevo a asegurar que en ese establecimiento destinado a la degustación de un variado espectro de alimentos y bebidas nació la bohemia citadina. Esa manera de relacionarse el sector letrado en una atmósfera relajada, que permitía la postura crítica e irreverente, fue posible en nuestro siglo XIX por mediación de este Café Español, que puso al servicio de los caraqueños don Fausto Teodoro de Aldrey.