Jaime González GarcíaCronista de EL TIEMPO (1961)
29 de enero de 2026, 22:32 Actualizado:29.01.2026 22:32Era como una niebla pegajosa y húmeda que colmaba el ambiente. Nada ni nadie escapaba a su influjo. Aquellos hombres sentían que le subía por los tobillos, producía calambres. Llegaba al estómago, producía dolor. Alcanzaba la cabeza, producía malestar. Sin embargo tenían que marchar, hablar, llorar, reír con él. Era el miedo. La noche era rasgada por las luces multicolores y mortíferas de las granadas; los morteros que estallaban en la colina, haciendo vibrar la tierra, despedazando hombres. El ruido aturdía. Era enloquecedor. Mentalmente aquellos hombres se repetían una y otra vez: “¿Seré el próximo?”
De repente alguien dijo: “Ahí viene los chinoooosss…” Era un mar embravecido que azotaba con furia las trincheras. Venían en olas. Con la vista fija en su objetivo trepaban como hormigas. Era fácil diezmarlos; sin embargo, como una hidra, al caer uno surgían veinte, treinta, cincuenta. El combate se hizo cuerpo a cuerpo. La bayoneta penetró en las carnes. Un grito de agonía. La muerte. Los soldados colombianos lucharon duramente, con valor, a pesar del miedo que los invadía. En eso estaba el heroísmo. La bandera tricolor empapada en sangre, en una de las acciones más encarnizadas de la guerra de Corea, flamearía horas después, desgarrada, pero victoriosa. Otra página memorable había escrita el Ejército Colombiano. Era viejo calvo. Con eso estaba dicho todo.
Ocho años de recuerdoEl cronista escuchaba atentamente al general de brigada Alberto Ruiz Novoa. El relato de la sangrienta batalla sobre la cual habían pasado ocho años, era vivido.
La batalla de Old Baldy fue la más sangrienta de todas aquellas en las que tomaron parte del Batallón Colombia. Fue el 23 de marzo de 1953. El Batallón había entrado en lo que se consideraba el sector más peligroso del frente, en la noche del 12 al 13 de marzo y en su disposición de defensa le correspondió ocupar el cerro del “Viejo Calvo”, posición que había sido disputada encarnizadamente durante el curso de la guerra, habiendo cambiado de dueño varias veces.
Desde ese día, el 13, el sector del Batallón Colombia comenzó a recibir un intenso fuego de hostigamiento y destrucción, sobre las posiciones que ocupaba, especialmente sobre los puestos de avanzada y sobre el cerro “El Viejo Calvo”.
El 22 el alcance fuego un total de 2.000 granadas en el sector de la compañía “B” que ocupaba dicho cerro y de cerca de 250 sobre el sector de la compañía “A”.
¡Ataque!El general Ruiz Novoa se quitó los anteojos. Se restregó los ojos, como queriéndose quitar el recuerdo de la mente, pero siguió su relato.
“El ataque se inició alredor de las 8 pm en una maniobra doble: Primero una de preparación por medio de fuego y luego otra de ejecución por medio de movimiento de tropas. La preparación a base de fuego de artillería y morteros, destruyó un sesenta por ciento de las casamatas y trincheras de nuestras posiciones, sin que la artillería y la aviación de las Naciones Unidas hubieran sido suficientes para neutralizar las piezas enemigas.
Cuando se produjo el avance de las tropas chinas, éste convergió sobre una vez puntos diferentes del frente para distraer la atención y obligar al empleo de las reservas de la 7ª División, como evidentemente sucedió. Uno de los puntos atacados en la maniobra de distracción fue la célebre colina Pork Chop, no muy lejana de Old Baldy”.
Las tropas estadounidenses aterrizan en Corea en paracaídas.
Foto:AFP
Sagre, sudor, lágrimas…”A las nueve y seis minutos, luego de un intenso fuego de artillería sobre Old Baldy, la infantería china que había avanzado a cubierta de dicho fuego intenso, se lanzó al asalto sobre la posición que ocupaban los soldados del Batallón Colombia, en un número tal que superaban varias veces a los colombianos. Lo que siguió, fue la más dramática y sangrienta de las acciones de guerra. La lucha era cuerpo a cuerpo y resistente toda la noche. Las comunicaciones se interrumpieron. Cuando amaneció el campo de batalla estaba sembrado de cadáveres Hasta entradas horas de la mañana se escuchaba el ruido de armas portátiles en algunos lugares de la posición.
“Vencer o morir””Al otro día de la batalla de Old Baldy, tuve la oportunidad de dirigirme al Batallón en una corta proclama…
…En estos momentos no os puedo ofrecer sino lucha y sacrificio. Confío plenamente en que tu abnegación y valor que ya se han templado duramente os ayudarán a vencer todas las dificultades y alcanzar la victoria derrotando al enemigo donde ataque o donde tenga que atacarlo. Vencer o morir debe ser nuestro lema… ¡Viva Colombia!”
Realmente la acción de las tropas colombianas fue memorable. Quedó escrito en la historia. El Gobierno Norteamericano, el 27 de marzo impuso al entonces teniente coronel Alberto Ruiz Novoa, Comandante del Batallón Colombia, la “Estrella de Bronce” al valor.
El lema propuesto en la arena había sido confirmado con las acciones realizadas. Como aquella del teniente Miguel A. Piñeres, quien pasando una verdadera odisea fue herido y hecho prisionero de los chinos comunistas, para fugarse poco después y reintegrarse a sus líneas.
El equilibrio trágicoLa batalla de Old Baldy acaparó la primera plana de los periódicos en todo el mundo. La acción cumplida por los colombianos fue destacada. Quedaba como saldo trágico, un total de 95 muertos, 97 heridos y 30 prisioneros, que posteriormente fueron canjeados. Muchos de los muertos no pudieron ser identificados jamás.
Una gloria más…El general de brigada Alberto Ruiz Novoa hablando con motivo del Octavo Aniversario de la heroica acción, dijo al cronista:
“La acción de Old Baldy en la cual perdió la vida y fueron heridos o tomados prisioneros casi un centenario de colombianos, entre oficiales, suboficiales y soldados, en un combate contra un enemigo que atacó en número inmensamente superior y después de varios días de intenso fuego de artillería, constituye una gloria más del Ejército de Colombia y de la Patria, ya que en esta ocasión, como en tantas otras, los colombianos mostraron su patriotismo, su valor y la abnegación de que son capaces en defensa de los ideales. que les son caros.
Agradezco esta oportunidad para recordar a quienes perecieron en este día memorable y para rendirles un tributo, junto con todos los colombianos que cayeron en los campos de Corea, y que al morir por la Patria, contribuyeron a la defensa de la civilización occidental en un momento crucial de su lucha contra la agresión comunista.
El país está en mora de reconocer por medio de actos adecuados, la contribución de quienes murieron en la guerra de Corea, y sea esta, igualmente, la oportunidad de insinuar que por suscripción popular se erija en un sitio destacado un monumento a los soldados que cayeron en esa campaña.
Las palabras del general Ru dejaron pensando al cronista Realmente la patria tiene una deuda de honor con aquellos veteranos que arriesgando todo y perdiéndolo todo, se enfrentaron contra un enemigo poderoso, en una muestra de solidaridad occidental. Aquellos hombres que recibieron lo mejor de sí en los campos de Corea, requieren una atención especial. Esa frase de “¿usted es de Corea?; lo siento no hay empleo”, es estúpida, desalmada. Los ciudadanos deben reparar esta falta social. La imagen del soldado desconocido que abonó con su carne, sus huesos, su sangre, el agreste paisaje coreano, sin que se supiera jamás su nombre, debe ser esculpida para recuerdo de las generaciones futuras, pues ya pertenece a la historia…
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