En la inauguración de la radiodifusora nacional, el señor presidente de la República pronunció el siguiente discurso en 1940:
habla el presidente“Señoras, señores:
La Radiodifusora Nacional que en la noche inicia sus labores realza un anhelo de varios años y es la culminación de largo esfuerzo, destinada a dotar al Estado de un poderoso y eficaz instrumento de cultura.
Esta radiodifusora pertenece a la nación colombiana y ha de estar siempre a su servicio exclusivo. Estarán excluidas de ella las polémicas personales, las voces de discordia, las propagandas interesadas. Sus únicos propósitos son trabajar por la cultura nacional en todos los órdenes, colaborar con universidades, colegios u escuelas en intensos trabajos de enseñanza, contribuir a la formación del gusto artístico —con programas cuidadosamente preparados— y dar una información absolutamente serena y desapasionada, totalmente objetiva, que lleve a todos el reflejo fiel de los hechos que pasan.
Servirá también esta estación para que el gobierno se ponga en contacto frecuente con el país, le dé cuenta de sus actos y exponga el criterio con que él enfrenta los problemas nacionales. No creo que nadie pueda dejar de aplaudir este propósito del gobierno, que se inspira en el más genuino sentimiento democrático; no haremos propaganda, en el sentido antipático que a esta palabra puede darse, pero sí queremos mantener informada a la república en forma autorizada, directa y frecuente, de los actos que el gobierno realiza, de sus planos de trabajo, de las dificultades con que estos planos tropiecen o de las probabilidades de buen éxito que ellos tengan, y no vacilaremos en solicitar para la obra que creemos bueno el concurso y el respaldo de la opinión pública.
El entonces presidente Eduardo Santos en la noche en la que se inauguró la Estación Radiodifusora Nacional.
Foto:Gaitán / EL TIEMPO
Esta estación quiere ser un elemento de optimismo, de fe en la acción, de alegre confianza en los destinos de la patria. Quiere ser como un reflejo de la energía colombiana, que no desconoce las grandes dificultades que a nuestro progreso de oponen, que sabe los peligros que puedan amenazarla en el presente y en el futuro, que aprecia con claros ojos lo muchísimo que aún nos falta, pero a la cual no arredran las dificultades del futuro porque para vencerlas le da fuerza sobrada el examen de lo que ha realizado en el pasado. El sol que en otros lugares declina apenas comienza a alumbrar nuestras tierras, y empieza su vida. Así lo siento yo, y por eso creo que está Radiodifusora Nacional ha de representar el criterio y la voz de esta juvenil patria nuestra, sana, fuerte y sensata.
Al paso que crecen nuestras obras materiales de progreso ha de elevarse también el espíritu y ha de afirmarse el sentido de nuestra cultura y de nuestra vida colectiva.
Somos un pueblo libre, y en estas tristes horas de la humanidad este es un bien inapreciable; somos una democracia igualitaria, y ello debe constituir el mayor de nuestros orgullos; Somos una nación de nueve millones de colombianos animados por ideales generosos, ligados por un sentimiento de solidaridad que constituye la mejor de sus fuerzas.
Marco y Warren, dúo de cuentachistes de la emisora Radioactiva de Medellín a inicios de los años 2000.
Foto:EL TIEMPO
Para cuantos, como yo, tienen que estudiar a diario el proceso de las actividades colombianas, es evidente el saldo de progreso, muchas veces admirable, que ellas dejan. El progreso avanza con ritmo rápido en algunos de sus aspectos, con lentitud en otros, pero en todos de manera inequívoca. Es natural e inevitable el que a ese progreso corresponde el despertar de muchas necesidades no sentidas antes, el anhelo de mejorar, el reclamo insistente de obras y reformas en que ayer ni siquiera se pensaba.
Al lado de ese cúmulo de aspiraciones que constituye benéfico acicate para el esfuerzo, debe ponerse también, como el mejor estímulo, la comprobación de las obras que se van realizando, de las partes del programa que se van cumpliendo. La labor que hoy se lleva a cabo es la mejor de las promesas para la que habrá de efectuarse mañana y no hay nada que vigorice más los entusiasmos de un pueblo que la convicción de que está avanzando en el camino de sus altos destinos.
La Radiodifusora Nacional se inició en 1940 con la misión de informar sobre la realidad del país y apoyar áreas como la educación.
Foto:EL TIEMPO
Esta Radiodifusora —con hechos comprobados—ha de justificar y robustecer ese entusiasmo y quiere también colaborar decididamente en la obra, por tantos conceptos magníficos, que vienen realizando desde hace muchos años la prensa y la radio, de fundir el sentimiento colombiano por el mutuo y creciente conocimiento, por el interés que las necesidades, los problemas o los éxitos de unas regiones despierten en las otras.
Y a cuantos más allá de los lindos patrias la oigan, ha de dar siempre la impresión de lo que Colombia es: un país amable, cuyo ardiente patriotismo no tiene caracteres exclusivistas ni estará jamás empañado por apetitos inconfesables. Un país que ofrece a todos los demás una amistad segura y respetuosa de todo ajeno derecho; un país que tiene la noble pasión de la paz, de la libertad y de la justicia, y que funda estos tres ideales inseparables en uno solo, como síntesis de sus normas de vida; un país que, indomablemente resuelto a conservar intangibles estos bienes para sus hijos, ve con intenso dolor cómo, en otros continentes, los pone en peligro mortal la locura guerrera.
A inicios de los 2000 empezaron a aparecer pequeñas emisoras comunitarias, que funcionaban de manera clandestina.
Foto:Federico Puyo / EL TIEMPO
La voz de esta Radiodifusora Nacional de Colombia aspira a llegar a todos los hogares ya traspasar fronteras, como una voz serena, en que se reconozca la voz de la patria; aspira a ser siempre creída, por estar siempre ceñida a la verdad; aspira a proporcionar horas de grato esparcimiento, que dejen una impresión de arte y de belleza; aspira a que sea inconfundible su sincero acento democrático y constante su fidelidad a las más claras tradiciones de la espiritualidad colombiana.
Y como dependencia que es del ministerio de educación, se empeñará, con ímpetu ambicioso, en realizar una labor educativa para la cual solicita el concurso de todos y que irá perfeccionándose y ampliándose incesantemente. En este campo se abren las más vastas perspectivas y el gobierno espera realizar en él obras que merecen el aplauso unánime, ya dar una noción exacta de lo mejor que tiene la vida colombiana, que tanto respeto y simpatía merece.
Sus máximos esfuerzos estarán destinados a justificar el carácter de institución nacional que tiene esta radiodifusora, colocado por encima de pasiones mezquinas, consagrada a servir —tan sólo— los intereses permanentes de la patria. Su mejor recompensa estará en que así lo sientan cuantos le hagan el honor de escucharla.
Señoras y señores: buenas noches”.
Eduardo Santos Montejo
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