Foto: EFELa nueva presidenta encargada se enfrenta a desmontar el régimen que ayudó a construir o sucumbir en el intento. Trump le ha enviado al más alto halcón de su administración, el jefe de la CIA, para señalarle los puntos y comas del plan. Ahora ella está a las órdenes de la Casa Blanca, aunque diga que iría allí de pie y no arrastrándose.
Trump recibe a María Corina por la puerta del servicio, pero halaga sin reparos a la ilegal Delcy: Trump ama a Delcy, pero empieza a querer a Corina. Los gestos de la alta política imponen un protocolo difícil de tragar y significados a interpretar. Ella le ha compartido la medalla de su Premio Nobel, un acto que puede entenderse como un gesto estratégico o una torpeza. Él la ha recibido como si la hubiera ganado, aunque sabe que no. María Corina expresa, que dar su medalla a Trump, significa el agradecimiento del pueblo venezolano por haber ordenado capturar a Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores. Una acción de fuerza que ningún otro mandatario había hecho hasta ahora. Acto que ha puesto contra las cuerdas al régimen chavista por primera vez en un cuarto de siglo.
Hay quienes piensan que ella no ha debido aceptar visitar a Trump entrando por la puerta de atrás, siendo la líder democrática que es y, ahora, Premio Nobel de la Paz 2025, pero el protocolo manda, puesto que ella no es presidenta de un país. Ella ha cumplido la exigencia, lo importante era hablar con Trump y entró por el portal trasero. Tenían que conocerse. Trump valora mucho eso de comer juntos, hablarse cara a cara. Un hombre que mide a los demás por la cercanía física, un personaje de lo analógico. La reunión se alargó y hubo química política. No ha sido coincidencia –eso no existe en política– que el jueves pasado, mientras María Corina almorzaba con Trump y su equipo duro, el jefe de la CIA, otro halcón, se reuniría con Delcy en Caracas.
También, otros argumentan, que lo de cederle su medalla del Nobel, habría sido suficiente de palabra o que él la hubiera rechazado, como gesto de amabilidad, cuando ella se la entregó. En todo caso, desde la sede del Nobel han dicho que ese premio es intransferible, no así la medalla que es propiedad particular del premiado y puede donarla si le apetece, hay antecedentes. Si Trump la ayudó de las manos de María Corina y cree que es de él, se equivoca. Tal vez tenga que trabajar mucho más ahora por la paz para que en Oslo se le otorgue ese Nobel que él cree merecer.
Delcy: la CIA te vigila. También el Mossad. Y lo saben todo de ti y tus socios. Tal vez, el que pactó la entrega de Maduro fue Diosdado Cabello (Reuters, dixit) y no Delcy. Salvar el pellejo y su fortuna bien vale una delación. Nada inusual entre mafiosos. Más que los discursillos que emiten, las acciones que hagan o dejen de hacer, están siendo vigilados. Su situación, al lado de su hermano, Jorge Rodríguez –el Rodrigato– está comprometido. Desmontar el régimen chavista es visto por sus socios radicales como una grave traición y le están haciendo una guerra interna. Hay dudas fundadas sobre si Delcy cumplirá las órdenes de Trump –una larga historia de acuerdos internacionales incumplidos la avalan–, por eso están allí el nuevo embajador, John McNamara –experto en Hispanoamérica– y el halcón de la CIA, John Ratcliffe. Dos John para una sola Delcy, como diría una serie de Netflix.
Puede que a Trump y sus asesores no les haya quedado otro camino que confiar en Delcy, asumiendo, con la nariz tapada, que sea la nueva presidenta encargada e iniciar un período hacia la transición de la tiranía a la democracia. Se cubren de cometer el error de Irak, pero Delcy es la continuidad de la ilegalidad –la Casa Blanca lo sabe–, que cometió el chavismo de Maduro al declararse ganador de las elecciones presidenciales de julio de 2024, sin haberlas ganado. Maduro está en otro capítulo de este culebrón, pasó del escenario Venezuela al de la justicia estadounidense. Transitó del caliente trópico presidencial a una celda nevada en Nueva York. Ya hay argumento para otra serie de TV.
Lo que está en las manos de Delcy, bajo la vigilancia de Trump y sus halcones, es desmontar el narcoestado terrorista chavista lo antes posible. Declarar a Venezuela un país libre de presos políticos. Acabar con un país-cárcel con millones de ciudadanos secuestrados, haciendo libres de nuevo. Facilitar que Venezuela inicie un período de tranquilidad social, económica y política para que se produzca una nueva Constitución, elecciones con garantías ciertas de absoluta legalidad y se posesione un gobierno democrático verdadero. Si actúa así, la transición habrá comenzado y Delcy podrá purgar parte de los delitos que acumula en su pasado político. Si no cumple, los dos John le tienen un helicóptero preparado.
María Corina, tras salir de la Casa Blanca, ha asegurado que confía en que Trump está ayudando a los demócratas venezolanos a recuperar la democracia. “Confío en que él ayudará a liberar a Venezuela”. Ojalá que la medalla de la Nobel lo ayude, así habrá servido para mucho. En Dios confiamos.