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Monday, June 22, 2026
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    50 años de Atrapado sin salida

    Varias películas consideradas clásicas cumplieron 50 años este 2025 que termina. Entre ellas se cuentan Tiburón, Tarde de perros oh Barry Lyndon. Ya sabemos que la década de los 70 fue brillante para el cine, gracias al movimiento American New Wave que permitió la aparición de películas como El Padrino I y II, Taxista, barrio chino oh guerra de las galaxias. Todas las cincuentonas.

    Quiero referirme a una película que si bien generó impacto cuando se estrenó, creo que no suele estar entre las más mencionadas hoy día, cuando de los 70 se habla, Atrapado sin salidade 1975, dirigida por Miloš Forman y basada en la novela homónima de Ken Kesey.

    Se trata de una película que en principio nos presenta a Randle Patrick McMurphy como un tipo simpático, arrogante y al que no le importa transgredir cualquier límite. Ha sido detenido por estupro y, para evitarse la cárcel, finge tener una condición mental con el fin de ser internado en un hospital psiquiátrico.

    Ambientada en Oregón en 1963, en esas primeras imágenes McMurphy no es más que un odioso criminal que quiere salirse con la suya. Un vago que no se ha encontrado a sí mismo en una época en la que el alcoholismo está por todos lados y el mundo transita por la Guerra Fría, el asesinato de John F. Kennedy, el movimiento por los derechos civiles y la contracultura.

    Es también una época en la que se denuncia el modo en que se sigue tratando a los pacientes mentales, con hospitales psiquiátricos que abordan sus condiciones como si fueran criminales, por medio de métodos brutales como el electrochoque o la lobotomía, bajo un encierro más simbólico que real que los vuelve impotentes.

    McMurphy va dándose cuenta de que su intento por parecer “loco” está limitando su libertad más de lo que esperaba y su amistad con sus compañeros despierta en él la necesidad de hacerles ver que pueden, a cuenta propia, vivir una vida normal. Por eso intenta que en el hospital la enfermera encargada, la dictatorial y frívola Mildred Ratched, les permitan ver algún partido de la Serie Mundial de las Grandes Ligas, se escape con un grupo de internos a un día de pesca y trata de jugar con ellos baloncesto, en su afán por demostrar sus capacidades.

    En una de las escenas más significativas de Atrapado sin salidaMcMurphy, a quien se le hizo imposible obtener apoyos suficientes del hospital para poner la Serie Mundial en el televisor —luego de una injusta votación propuesta por Ratched, que parece un mensaje dirigido a las élites corruptas del país—, hace las veces de locutor y comienza a narrar un juego de béisbol para que sus amigos lo escuchen. El hospital, para cólera de la enfermera, se vuelve un verdadero escándalo, entre la voz del protagonista y los aplausos del “público”.

    Un triunfo de la imaginación y la creatividad frente al autoritarismo.

    Como las autoridades policiales y del hospital empiezan a sospechar que McMurphy los está engañando, la enfermera advierte que le dejen todo a ella, pues se encargará de ayudarle. Pero no hay manera de hacer que el personaje se controle y deje de alborotar a los demás.

    El punto de inflexión llega cuando McMurphy, en una noche en que planifica escaparse, organiza una fiesta llena de licor, drogas, baile y mujeres dentro del hospital. Pero se queda dormido mientras espera que Billy Bibbit se acueste con una amiga de él, en otra cortesía por ayudar a sus amigos a sentirse libres. Al amanecer, llega la enfermera con el personal de seguridad y se encuentran el lugar hecho un desastre. Billy, tartamudo, vulnerable, suicida y miedoso, es la principal víctima cuando Ratched, tras descubrirlo con una mujer y conociendo sus debilidades, lo amenaza con delatarlo ante su madre, lo que hace al joven entrar en crisis. En ese momento, el protagonista de la película intentará escapar nuevamente, pero se regresa al escuchar unos gritos desgarradores para enterarse de que su compañero tartamudo, a quien le tenía especial cariño, se ha quitado la vida.

    Ratched intentará calmar las aguas pidiéndoles a todos seguir la rutina diaria, algo que el rebelde McMurphy detesta, porque en el fondo cree que eso es lo que ha llevado a sus amigos a la pasividad. Intenta matar a la enfermera. La ahorca llena de odio, hasta que uno de los encargados lo golpea y lo tira contra el suelo.

    Cuando el hospital vuelve a la normalidad, los internos creen que McMurphy escapó. El Jefe Bromden, su amigo, no sabe qué pensar, porque habían planeado previamente irse juntos. Hasta que Randle es trasladado en estado vegetativo y El Jefe se da cuenta de que le han hecho una lobotomía.

    Como no puede soportar verlo, así sabiendo que McMurphy significa en el hospital, decide matarlo y “llevárselo” con él. A continuación, levanta con su enorme fuerza la consola de hidroterapia que el protagonista intentó moverse antes para escapar, camina hacia los ventanales, los rompe y sale corriendo mientras uno de sus compañeros, Taber, grita emocionado porque se ha cumplido lo que Randle quería: que vieran de lo que eran capaces, a pesar de estar autorados bajo un yugo.

    Atrapado sin salida es una muestra de cómo un personaje turbio, un criminal como McMurphy, puede influir de un buen modo en los demás. Un símbolo en una época de control extremo que da cuenta de las complejidades del ser humano.

    Es una película que, al verlo hoy, 50 años después, nos recuerda que uno de los deberes de la humanidad es defensor la libertad y la dignidad, más allá de los errores, defectos o crímenes de cada quien. El Jefe saliendo del hospital psiquiátrico, con Taber gritando mientras lo mira conmovido, es un ejemplo de que a veces las herramientas para enfrentar el autoritarismo están ahí, enfrente, aunque nos cueste darnos cuenta.