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Monday, June 22, 2026
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    Papa León XIV: ¿paz o libertad?

    “Mi dinamita conducirá a la paz más pronto que mil convenciones mundiales” (Alfred Bernhard Nobel; Estocolmo, 21 de octubre de 1833 – San Remo, 10 de diciembre de 1896).

    Creyó el químico sueco Alfred Nobel, creador de la explosiva invención de la dinamita, que al ser humano conocería de los terribles daños capaces de ser provocados con su uso, con ello impondría a los hombres el abstenerse de su uso. Se induciría, por lo sanguinario de aplicarla para la guerra, a la formación de un consenso básico propulsor de distintas formas pacíficas de resolver las disputas. El llegar a acuerdos para la paz, y para la sana resolución de los conflictos se haría costumbre. Sin embargo, otras armas atómicas capaces de destruir toda la humanidad, nos demuestran lo equivocado de aquellos deseos de lograr alcanzarla por esa vía.

    De comprender la naturaleza humana para vivir en paz

    Al término de la Segunda Guerra Mundial, hace ochenta años, la sociedad mundial se instituyó, con el liderazgo de los Estados Unidos de América, la Organización de las Naciones Unidas. Bajo el paradigma de la viabilidad de la concertación, en un Consejo de Seguridad, de acuerdos que incluyen el veto en la búsqueda de un equilibrio de poderes internacionales entre los países líderes de la Tierra; así se podrían dirimir diferencias y evitar crisis de gobernabilidad planetaria.

    Han sido cuantiosos los recursos humanos, financieros, de tiempo y espacio que a través de instituciones internacionales, sus conferencias, publicaciones, participación de organizaciones no gubernamentales y el esfuerzo de lucha ciudadana para que el ejercicio de la diplomacia entre los Estados y sus instituciones produzcan soluciones efectivas a los gravísimos problemas de violaciones de los derechos humanos más elementales. Se han invertido en atención a zonas de conflictos armados, provocadas por disputas muchas veces marcadas por supuestas creencias o modos de vida que pretenden justificarse en la defensa de su soberanía o del derecho por parte de cúpulas a establecer regímenes basados ​​en la represión bárbara, para sostener el verdadero trasfondo de imponer sus ambiciones mediante el control de un territorio específico y de su población para explotar sus recursos.

    Venezuela y su auténtico líder para la paz

    El caso venezolano ha sido una vitrina ante el mundo de lo que puede llegar a ser una lucha contra una cúpula destructora de una nación. Concedido este año a una digna mujer venezolana, María Corina Machado Parisca, hija, hermana, esposa, madre y compatriota de todos los que amamos a Venezuela. Nuestro pueblo nunca antes inmigrante, estuvo siempre convencido del regalo que significaba nacer en Venezuela. En la patria se podía luchar libremente para superarse. El trabajo, la universalización de los estudios con la llegada de la democracia, y la participación en diversas actividades de grupos no gubernamentales del interés ciudadano fueron síntomas promisorios; como la Fundación Atenea, desde donde Corina Parisca y su hija María Corina realizaron una cristiana y bellísima labor de solidaridad con los niños en estado de indefensión calle.

    Lamentablemente, el progresivo avance de la corrupción bajo diseño de un Estado rentista petrolero fue pervirtiendo cada vez más a los administradores públicos. Las vocaciones políticas se tarifaron cual prospecto artístico, cercándose por parte de los sectores de elites corruptas suerte de “castings” con lo que resultó que una victoria electoral se conseguía con más y más cuantiosos sumas monetarias; la mayor de las veces procedentes de la propia corrupción y de negociados ilícitos como el tráfico de narcóticos, tráfico humano y otros.

    Secuestrar a la propia nación ha sido la cúspide de las formas de asociación criminal del aparato comunista castrista que en diversos países de América se infiltró a la vez que, paradójicamente se ataba y se secuestraba así mismo. Desde su enfermo protagonismo egocentrismo, el cultivar el endiosamiento de personas llevados a más que caudillos a déspotas como los de corte militarista o marxistas, los cuales al final terminan por encontrarse en el mismo punto de negación de la libertad del ser humano, su derecho al libre pensamiento sobre la vida y su regalo de la providencia para constituir una familia, como una especia racional, pero una especia hermosamente hecha a imagen y semejanza del Supremo Autor del Universo que se hizo. hombre para su siembra de la conciencia de lo que es la libertad y el amor.

    Su Santidad León XIV, no existe contradicción entre defensor la libertad a la vez que el respeto a los derechos humanos. Le pido, junto a todos los cardenales en el mundo, como al que tuve el privilegio de conocer en Caracas, Pietro Parolin, que aclaren el entendimiento de las cosas hacia los hombres de bien. Si para ello hay que detener al malvado o erradicarlo de la sociedad, eso es un acto de responsabilidad. La máxima que nos dice que “la paz es el camino” debemos interpretarla desde la imagen de San Gabriel Arcángel que detiene y/o aniquila la banalidad del mal. Si para la defensa de nuestras familias, con la conciencia del deber ser como padres y protectores de la vida, de la justicia y el servicio a la creación de Dios que ella constituye, no nos sentimos obligados a elegir entre una paz sin libertad o la lucha por la libertad para instaurar la justicia y la paz. Los derechos humanos no se negocian, y alcanzar la paz no está en una disputa procesal cuando no tenemos dudas de las enseñanzas recibidas a partir del ejemplo de nuestro Padre Celestial. Al mal se le debe destruir sin odio, pero se le debe vencer.

    [emailprotected]/

    @gonzalezdelcas

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