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Saturday, June 13, 2026
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    El golpe de Guinea-Bissau añade otro vínculo al creciente cinturón militar de África

    En unas pocas horas de tensión, Guinea-Bissau pasó de una elección disputada a un gobierno militar. Los soldados hicieron a un lado al presidente Umaro Sissoco Embaló e instalaron al general Horta Nta Na Man como líder “transicional”, diciendo que tenían que restablecer el orden después de una votación caótica.

    La medida añade un país más a la creciente cadena de regímenes militares de África Occidental. El detonante fue una elección presidencial en la que tanto Embaló como su rival, Fernando Días, de 47 años, cantaron la victoria antes de que se publicaran los resultados oficiales.

    Los generales, autodenominados Alto Mando Militar para el Restablecimiento de la Seguridad Nacional y el Orden Público, suspendieron el recuento, cerraron fronteras y declararon toque de queda nocturno.

    Un día después, celebraron una ceremonia en la capital, dando al general un mandato de un año sin un camino claro de regreso a un gobierno civil. Detrás de los titulares se esconde una lucha familiar por el poder, el dinero y la impunidad.

    Guinea-Bissau es pequeña, con alrededor de 2,2 millones de habitantes, pero se encuentra en una carretera de cocaína que une América Latina con Europa y depende de las exportaciones de anacardos.

    El golpe de estado de Guinea-Bissau añade otro vínculo al creciente cinturón militar de África. (Foto reproducción de Internet) El control sobre el Estado significa control sobre las aduanas, las fuerzas de seguridad y el acceso al efectivo extranjero, ya sea legal o no. Cada crisis institucional facilita que las redes bien conectadas sigan operando en las sombras.

    Otro shock para la frágil estabilidad de África occidental Para los habitantes de Bissau-Guinea de a pie, el golpe significa más incertidumbre. Los disparos han dado paso a calles tranquilas, bancos cerrados y otro toque de queda en un país acostumbrado a cambios abruptos en las altas esferas. Para muchos, la promesa de una política más limpia y una gestión económica competente parece distante una vez más.

    Las consecuencias regionales son importantes para los forasteros. Los inversores que desconfían de África occidental ven otro punto rojo, uniéndose a Malí, Burkina Faso, Níger y Guinea bajo control militar.

    Los gobiernos que favorecen reglas estables, tribunales independientes y comercio abierto tendrán ahora que decidir con qué fuerza presionar a la junta sin llevar al país a un mayor aislamiento.

    Guinea-Bissau es un recordatorio de que las instituciones débiles dejan espacio para las armas, los traficantes y las promesas sin resultados. Hasta que las papeletas no importen más que los cuarteles, este pequeño estado costero seguirá estando en primera línea en la lucha entre el Estado de derecho y el gobierno por la fuerza.