El panorama colombiano ante sus elecciones luce sombrío.
Un bogotano de 63 años de edad es el líder preseleccionado de la izquierda colombiana para la contienda electoral en puertas. Los analistas son de la opinión de que sin duda pasará a la segunda vuelta en la justa de 2026. Filósofo y especialista en derecho internacional humanitario, le tocó al joven Iván Cepeda Castro enfrentar el asesinato de su padre, Manuel Cepeda Vargas, quien fuera congresista de la Unión Patriótica, un partido instituido para representar a la guerrilla de las FARC y el Partido Comunista. Desde siempre vinculado con los procesos de paz, también se hizo parte del fallido proyecto estrella de Paz Total de Gustavo Petro y fue de los que se sentaron con el ELN a discutir estos temas, al igual que con el Clan del Golfo.
Cepeda nunca fue un líder muy visible o arrollador hasta que Álvaro Uribe, al acusarlo de manipulador de testigos en su contra, le dio la notoriedad que hizo posible que alcanzara la representación del Pacto Histórico para las presidenciales colombianas. 1.540.000 votos fueron de Cepeda de los 2.700.000 de colombianos que se movilizaron a la consulta de finales de octubre. No es poca cosa para el arranque, pero lo puede ser si el centro derecha y las derechas se presentan unidas, lo que aún está por verso. El antipetrismo aún se presenta significativamente fracturado.
En todo caso, ya el senador Cepeda como candidato del Pacto Histórico ha pasado a ser una opción para el continuismo de la izquierda radical, aun cuando Gustavo Petro no lo considera totalmente de los suyos.
Ocurre, además, que el descalabrado gobierno de Gustavo Petro y los exiguos resultados alcanzados al cabo de tres años en la Casa de Nariño no le ponen las cosas fáciles a un hombre que no es un avezado guerrero de la política. Una distancia calculada y estratégica del actual presidente, bien explotada, le podría ganar adeptos en el centro, sin lo cual no habrá victoria posible.
Aun le quedan meses en los que Cepeda podría inclinar la balanza electoral a su favor si se presenta como un factor de cambio, pero hasta el día de hoy, los dogmas de las izquierdas es lo que prevalece en su discurso. El hombre pareciera desear continuar y profundizar los programas sociales de Petro, con lo que los partidarios que no sean radicales pueden inclinarse a favor de quien sea el candidato opositor.
Cepeda se presenta como un enemigo del “imperio” en una hora en la que a Colombia lo que le conviene es explotar la favorabilidad que siempre ha habido de parte de Estados Unidos hacia el país neogranadino. No lo ayuda el que ha sido históricamente contrario al modelo prohibicionista de la droga.
Su lenguaje frente a Washington dista mucho del estilo pendenciero de Gustavo Petro, pero presupone la existencia de un ánimo intervencionista y llama al país a estar en guardia frente a él. Ni una palabra suya ha habido en torno a la acusación de narcoterroristas de la que gozan los clanes criminales que hacen vida en Colombia, que han dado origen a las acciones de defensa de la seguridad norteamericana emprendida por Donald Trump.
Nada bueno se le auguraría a Colombia con Cepeda a la cabeza, cuando en el momento histórico que se está inaugurando en el mundo occidental, se nota la determinación del presidente norteamericano de recuperar su relevancia en el eje latinoamericano.
Una buena y bien explotada relación con el norte colocaría al país muy al frente de las naciones latinoamericanas. Por el contrario, Colombia retrocedería inmensamente si abraza una política de enfrentamiento con quien, además, sostiene la mayor porción de las exportaciones colombianas y proporciona una parte significativa de su ayuda financiera externa.