Durante los últimos dos años, México ha parecido un ganador sorpresa en los mercados globales. Si bien muchas monedas emergentes se tambalearon, el peso se fortaleció tanto que los operadores comenzaron a llamarlo el “superpeso”.
Para los expatriados y los inversores extranjeros, México de repente se sintió como una puerta de entrada segura y basada en reglas a América del Norte. Ahora las personas que observan más de cerca la economía parecen más cautelosas.
La asociación mexicana de ejecutivos financieros, IMEF, dice que el peso es “artificialmente” estable porque el dólar ha estado débil, no porque México de repente se haya convertido en una potencia económica.
Esperan que el tipo de cambio se desvíe de los niveles actuales a alrededor de 18,80 pesos por dólar a finales de este año y hacia 19,50 el próximo año.
Sus previsiones de crecimiento también son modestas: sólo el 0,5% en 2025 y el 1,3% en 2026. La verdadera historia, sin embargo, reside en una tranquila línea de texto legal llamada cláusula de revisión del T-MEC.
Por qué el ‘súper peso’ de México puede enfrentar un viaje más difícil antes de la revisión del T-MEC de 2026. (Foto reproducción de Internet) Cuando el acuerdo comercial de América del Norte actualizado reemplazó al TLCAN en 2020, vino con un control obligatorio cada seis años, a partir de 2026, y una fecha de vencimiento de 16 años si los tres países no pueden ponerse de acuerdo para extenderlo.
La revisión del T-MEC pone a prueba la previsibilidad comercial de México Sobre el papel, esa revisión pretende mantener el pacto moderno y equilibrado. En la práctica, abre la puerta a políticas arriesgadas: demandas de normas laborales más estrictas, condiciones ambientales más estrictas o nuevas políticas industriales que pueden alterar la previsibilidad que necesitan los inversores.
El motor exportador de México, especialmente los automóviles y la manufactura construidos en torno al “nearshoring”, depende de un acceso estable y con aranceles bajos a los mercados de Estados Unidos y Canadá. Cada indicio de nuevos aranceles o de cambios en las normas comerciales hace que el peso sea más vulnerable.
Una moneda más débil ayudaría a algunos exportadores y familias que reciben remesas en dólares, pero también encarecería los alimentos, el combustible y la tecnología importados tanto para los mexicanos comunes como para los residentes extranjeros.
Para los expatriados, las multinacionales y las empresas brasileñas que miran hacia el norte, la conclusión es sencilla: México sigue siendo una importante base de producción.
Sin embargo, la fortaleza del “súper peso” reflejará en última instancia algo más fundamental que la exageración del mercado: si los líderes mantienen el comercio predecible, disciplinado y abierto, o si permiten que la política de corto plazo altere las reglas del juego.