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Monday, June 22, 2026
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    Mientras los buques de guerra estadounidenses abarrotan el Caribe, el plan encubierto de la CIA apunta a Venezuela

    Desde la cubierta de un portaaviones estadounidense frente a Trinidad y Tobago, la costa de Venezuela está ahora a poca distancia.

    Bajo una misión conocida como Operación Lanza del Sur, Washington ha enviado un poderoso grupo naval y aéreo al Caribe y al Pacífico Oriental, oficialmente para cazar barcos narcotraficantes vinculados a redes venezolanas.

    Las fuerzas estadounidenses dicen que han hundido más de 20 “narcolanchas” y matado a docenas de presuntos traficantes en el mar, presentando la campaña como una dureza largamente esperada contra un régimen que permitió que los cárteles prosperaran bajo la protección del Estado.

    Lo que el público no puede ver tan claramente es la segunda capa de esta presión. Según un informe publicado por primera vez por el New York Times y del que se hicieron eco otros medios, el presidente Donald Trump ha autorizado a la CIA a realizar operaciones encubiertas dentro de Venezuela.

    Se cree que estas actividades incluyen sabotajes, ataques cibernéticos y operaciones psicológicas o de información diseñadas para debilitar el escudo de seguridad que rodea a Nicolás Maduro y a los insiders que controlan las rutas de la droga y los activos petroleros.

    Mientras los buques de guerra estadounidenses abarrotan el Caribe, el plan encubierto de la CIA apunta a Venezuela. (Foto reproducción de Internet) Mientras tanto, los planificadores del Pentágono han trazado objetivos potenciales entre la infraestructura de los cárteles y las unidades leales al palacio presidencial, en caso de que la Casa Blanca decida ir más lejos.

    Estados Unidos apunta al cártel venezolano como amenaza terrorista En Washington, el Departamento de Estado también está trabajando para clasificar el llamado Cartel de los Soles –una red informal de oficiales y funcionarios venezolanos acusados ​​de gestionar envíos de cocaína– como una organización terrorista extranjera.

    Esa etiqueta ampliaría el poder del gobierno estadounidense para congelar activos, presionar a los aliados y, en opinión de la administración, justificar una acción militar sin una votación formal de guerra en el Congreso.

    Para el círculo de Maduro, significa ser tratados menos como políticos comunes y más como líderes de una estructura criminal armada. Sin embargo, incluso mientras los buques de guerra patrullan rutas marítimas clave y los equipos de inteligencia prueban su suerte en tierra, una pista más tranquila continúa en las sombras.

    Los intermediarios estadounidenses y venezolanos han explorado escenarios en los que Maduro podría aceptar dejar el poder dentro de un par de años y reabrir las vastas reservas de petróleo de Venezuela a empresas estadounidenses a cambio de un alivio de las sanciones y garantías personales.

    Para quienes miran desde el extranjero, este no es un drama lejano. Es una prueba de si el poder duro y las herramientas encubiertas pueden forzar cambios en un petroestado fallido sin arrastrar a la región en general –incluido Brasil– a una crisis migratoria y de seguridad más profunda.