Brasil y Paraguay están reabriendo silenciosamente uno de los contratos más valiosos de América del Sur: el acuerdo que decide quién se beneficia realmente de la represa hidroeléctrica de Itaipú.
Suena técnico. En realidad, se trata de dinero, poder y hasta dónde deberían llegar los gobiernos para defender sus intereses. Itaipú es un gigante de 14 gigavatios sobre el río Paraná. Proporciona casi toda la electricidad de Paraguay y una parte significativa de la de Brasil.
Sobre el papel, cada país tiene la mitad de energía. En realidad, Paraguay utiliza sólo una porción de su cuota y se ve obligado a vender el resto a Brasil a un precio basado en costos, no en lo que el mercado podría pagar.
Durante décadas, ese precio estuvo dominado por la deuda de construcción de la presa. Esas facturas finalmente se pagaron en 2023. Eso liberó cientos de millones de dólares al año.
Hoy Itaipú ya envía alrededor de 600 millones de dólares al presupuesto de Paraguay, una cantidad considerable para una economía pequeña. Si la nueva fórmula es más generosa, los ingresos adicionales podrían remodelar las finanzas públicas del país durante años.
Después de Spy Row, Brasil y Paraguay acuerdan reabrir conversaciones con Itaipú. (Foto reproducción de Internet) Aquí es donde la historia pasa de la ingeniería a la política. A principios de este año, las conversaciones sobre un nuevo arancel colapsaron después de que documentos judiciales brasileños mostraran que la agencia de inteligencia de Brasil había pirateado objetivos paraguayos entre 2022 y 2023, incluidas personas involucradas en las negociaciones.
Se reanudan conversaciones en Itaipú tras finalizar ruptura de espionaje Paraguay lo calificó de violación de la soberanía y congeló el proceso. Después de meses de control de daños, Brasil ha entregado un informe confidencial y explicaciones formales.
El Ministro de Relaciones Exteriores de Paraguay dice que el tema del espionaje está cerrado. Las dos partes se reunirán nuevamente en diciembre para reescribir el “Anexo C”, el capítulo que establece las reglas financieras de Itaipú.
Detrás de los comunicados corteses, las opciones son contundentes. Brasil quiere que Itaipú siga entregando electricidad barata y predecible a su corazón industrial y a hogares ya presionados por los impuestos y la inflación.
Paraguay quiere más dinero por la energía que no consume, más libertad para vender a otros compradores y un contrato que parezca menos una calle de sentido único.
Para los expatriados y los inversores extranjeros, Itaipú es un recordatorio de que las grandes infraestructuras sólo funcionan cuando se respetan los contratos, las agencias de seguridad se mantienen en su carril y los vecinos resuelven las disputas con números en el papel, no con juegos en las sombras.