{"id":95233,"date":"2026-07-24T17:30:37","date_gmt":"2026-07-24T20:30:37","guid":{"rendered":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/07\/24\/francisco-soto-un-testimonio-de-vida-entre-los-escombros\/"},"modified":"2026-07-24T17:30:37","modified_gmt":"2026-07-24T20:30:37","slug":"francisco-soto-un-testimonio-de-vida-entre-los-escombros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/07\/24\/francisco-soto-un-testimonio-de-vida-entre-los-escombros\/","title":{"rendered":"Francisco Soto: un testimonio de vida entre los escombros"},"content":{"rendered":"<p>Francisco Soto y su esposa, Deomaris Matano pod\u00eda verso, pero todav\u00eda pod\u00eda tomarse de la mano. Sobre sus cuerpos descansaban los restos del edificio Tamiami y una placa de concreto que se desplazaba ligeramente cada vez que la tierra volv\u00eda a temblar. En aquel espacio m\u00ednimo, atravesado por fragmentos de la cocina, madera y escombros, ella alcanzaba la cadena que \u00e9l llevaba en el cuello. De ella colgaba un Cristo. Aferrados a ese s\u00edmbolo, rezaron durante la noche.<\/p>\n<p>Francisco ten\u00eda una pierna lesionada. Deomaris, atrapada debajo de \u00e9l, apenas pod\u00eda moverse. El aire escaseaba, el calor aumentaba y no ten\u00edan una gota de agua. \u00c9l permaneci\u00f3 17 horas bajo las ruinas; ella, 22. Entre ambos sosten\u00edan una conversaci\u00f3n destinada a mantener despiertos, unidos y con alguna esperanza, aunque durante largos momentos creyeron que aquel espacio terminar\u00eda convertido en su sepultura.<\/p>\n<p>Una tarde que cambi\u00f3 en 40 segundosEl 24 de junio hab\u00eda comenzado para ellos como una tarde cualquiera. La pareja se prepar\u00f3 para ver un partido de f\u00fatbol y decidi\u00f3 quedarse en casa. Abra el sof\u00e1 cama situado frente al televisor de la sala, cerca del balc\u00f3n de su apartamento en el s\u00e9ptimo piso.<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s son\u00f3 una alarma en uno de los tel\u00e9fonos de Deomaris. Era un sonido que Francisco no recordaba haber escuchado. Cuando intent\u00e9 mirar la pantalla, comenz\u00f3 el movimiento.<\/p>\n<p>&#8220;Me pareci\u00f3 raro. Cuando fui a agarrar el tel\u00e9fono para verlo, empez\u00f3 a temblar. Le dije a mi esposa: &#8216;Est\u00e1 temblando, vida'&#8221;, recuerda.<\/p>\n<p>Eran las 6:04 de la tarde. No tuvieron tiempo de levantarse ni de buscar una salida. El edificio comenz\u00f3 a balancearse, el televisor se vino abajo y una pared se agriet\u00f3 ante sus ojos. Para cuando comprendieron que no se trataba de un temblor menor, la estructura ya estaba colapsando.<\/p>\n<p>&#8220;Todo pas\u00f3 en 40 segundos. Lo que me qued\u00f3 fue abrazar a mi esposa y esperar la ca\u00edda&#8221;.<\/p>\n<p>Francisco no describe un descenso libre, sino una sucesi\u00f3n de impactos. El inmueble fue cediendo nivel tras nivel mientras ellos permanec\u00edan abrazados sobre el sof\u00e1 cama.<\/p>\n<p>&#8220;Fue una ca\u00edda como un naipe, piso por piso. Fuimos cayendo hasta que el edificio no se movi\u00f3 m\u00e1s&#8221;.<\/p>\n<p>Rescate de Francisco Soto | cortesiaDurante esos segundos, ambos esperaron el impacto definitivo. &#8220;Pensamos que \u00edbamos a morir. Esper\u00e1bamos el golpe final, el golpe que acabar\u00eda con nuestras vidas. Pero no fue as\u00ed&#8221;.<\/p>\n<p>El colapso total del TamiamiEl edificio Tamiami, ubicado en Caraballeda, estado Vargas, sufri\u00f3 un colapso total durante el doble terremoto del 24 de junio. No qued\u00f3 parcialmente afectado ni en condiciones de ser rehabilitado: sus ocho plantas residenciales se desplomaron sucesivamente, una sobre otra, \u201ccomo un juego de naipes\u201d. La edificaci\u00f3n, construida en 1975, ten\u00eda nueve niveles: ocho pisos de apartamentos y una terraza.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el testimonio confirmado de Francisco Soto, m\u00e1s de 40 personas se encontraban dentro del inmueble. Algunos consiguieron salir, otros murieron durante el derrumbe y ocho fueron rescatadas con vida al d\u00eda siguiente. Francisco cay\u00f3 desde el s\u00e9ptimo piso y qued\u00f3 atrapado aproximadamente a la altura del tercero. Permaneci\u00f3 17 horas bajo los escombros; su esposa, Deomaris Mata, estuvo atrapada durante 22 horas.<\/p>\n<p>En t\u00e9rminos t\u00e9cnicos y period\u00edsticos, el Tamiami debe clasificarse como una edificaci\u00f3n con p\u00e9rdida estructural total, convertida en una masa compactada de placas, muros, madera y restos de los apartamentos.<\/p>\n<p>Atrapados casi a la altura del tercer piso.Cuando ces\u00f3 el derrumbe, continuaron vivos. Sobre ellos hab\u00eda una placa de concreto. A su alrededor reconocieron partes de su apartamento: el microondas, objetos que hab\u00edan estado sobre el mes\u00f3n y restos de la isla de la cocina. Todo hab\u00eda quedado comprimido hasta reducir casi por completo su movilidad.<\/p>\n<p>Francisco termin\u00f3 encima de Deomaris. Una de sus piernas la presionaba y las extremidades de ambos quedaron aprisionadas por un muro que sosten\u00eda la placa. Una madera ubicada detr\u00e1s de \u00e9l le imped\u00eda elevar el cuerpo para liberar a su esposa. No pod\u00eda mirarse cara a cara; el mes\u00f3n atravesado y la oscuridad anulaban cualquier contacto visual. S\u00ed pod\u00eda hablar y darse cuenta de la mano.<\/p>\n<p>&#8220;Nos abrazamos cuando empezamos a caer. Despu\u00e9s, yo qued\u00e9 con las piernas encima de ella. Lo \u00fanico que pod\u00edamos hacer era darnos la mano, pero no ten\u00edamos contacto visual&#8221;.<\/p>\n<p>Las primeras preocupaciones fueron sus familias. Deomaris pensaba en su hijo, sus padres y sus sobrinos peque\u00f1os. Francisco, en sus hijos y en sus padres. Ninguno sab\u00eda si el terremoto hab\u00eda afectado solamente a Tamiami o si la destrucci\u00f3n se extend\u00eda por toda Caraballeda.<\/p>\n<p>Francisco Soto y su esposa Deomaris | Ipaniza&#8221;Nos pregunt\u00e1bamos c\u00f3mo estar\u00edan nuestras familias. Ojal\u00e1 no les hubiera pasado nada. No ten\u00edamos idea de la magnitud del suceso&#8221;.<\/p>\n<p>Al principio intentaron convencerse de que el rescate llegar\u00eda pronto. Estaban vivos, pod\u00edan comunicarse y todav\u00eda ten\u00edan fuerzas. Pero comenzaron las r\u00e9plicas. Cada nuevo movimiento desplazaba la placa y el muro, que descend\u00edan un poco m\u00e1s sobre sus cuerpos.<\/p>\n<p>Gabriel Echenique rescat\u00f3 a Francisco Soto ya su esposa | cortesia\u201cEse era nuestro mayor temor: morir aplastados\u201d.<\/p>\n<p>El silencio bajo las ruinasLa oscuridad agrav\u00f3 la angustia. Deomaris padece claustrofobia y deb\u00eda contener el miedo en un lugar donde apenas pod\u00eda moverse. Francisco sinti\u00f3 un dolor creciente en una pierna que ya hab\u00eda sufrido lesiones anteriormente. Ambos procuraban respirar lentamente y evitar movimientos innecesarios para conservar el poco aire disponible.<\/p>\n<p>La falta de ox\u00edgeno y la seda se volvieron desesperantes durante la noche. El calor aument\u00f3 y la deshidrataci\u00f3n debilit\u00f3 sus cuerpos. No ten\u00edan agua ni sab\u00edan cu\u00e1nto tiempo podr\u00edan resistir en aquellas condiciones.<\/p>\n<p>Al principio escucharon gritos provenientes de otros lugares. Poco despu\u00e9s, las voces comenzaron a apagarse. Francisco recuerda que el silencio termin\u00f3 por ocuparlo todo.<\/p>\n<p>&#8220;El silencio era tenebroso. Ni siquiera una sirena se escuchaba&#8221;.<\/p>\n<p>La ausencia de sonidos les hizo pensar que la destrucci\u00f3n era mucho mayor de lo que imaginaban y que los equipos de rescate pod\u00edan tardar. Aun as\u00ed, continuaron habl\u00e1ndose. Cuando uno perd\u00eda fuerzas, el otro intentaba sostenerlo con la voz. Rezaron una y otra vez. Aunque no pod\u00edan verso, permanec\u00edan unidos por las manos y por la cadena con el Cristo.<\/p>\n<p>Con el paso de las horas, la esperanza disminuy\u00f3. Francisco asegura que su mayor temor no era \u00fanicamente morir, sino hacerlo lentamente bajo el peso del concreto.<\/p>\n<p>&#8220;Nuestra angustia era morir con dolor, morir lentamente. Esa era nuestra mayor preocupaci\u00f3n&#8221;.<\/p>\n<p>Una despedida para la familia.En medio de esa incertidumbre, Francisco tom\u00f3 el tel\u00e9fono y comenz\u00f3 a grabar. No ten\u00eda se\u00f1al para comunicarse con sus familiares. Decidi\u00f3 dejar el dispositivo desbloqueado para que, si ambos mor\u00edan y alguien recuperaba el aparato, sus hijos y sus padres pudieran escuchar sus \u00faltimas palabras.<\/p>\n<p>\u201cGrab\u00e9 el video con la intenci\u00f3n de que quedara documentado lo que est\u00e1bamos viviendo y dejar una despedida para nuestra familia\u201d.<\/p>\n<p>Mientras se desped\u00eda de sus hijos y de sus padres, Francisco se quebr\u00f3. Seg\u00fan relata, Deomaris lo acompa\u00f1\u00f3 con su voz y trat\u00f3 de devolverle fuerzas. La grabaci\u00f3n no hab\u00eda sido pensada para las redes sociales ni para alcanzar una audiencia. Era un mensaje concebido ante la posibilidad de que ellos no volvieran a salir.<\/p>\n<p>Francisco cre\u00eda entonces que las probabilidades de sobrevivir eran escasas. El dolor, la falta de agua, el poco aire y la posici\u00f3n de sus cuerpos reduc\u00edan cada vez m\u00e1s su capacidad de resistir. \u201cEra muy dif\u00edcil que pudi\u00e9ramos sobrevivir\u201d, reconoce.<\/p>\n<p>La voz de Jos\u00e9Cerca de las 11:00 de la ma\u00f1ana, una voz atraves\u00f3 las ruinas. Era Jos\u00e9, hijo de un vecino, que buscaba a su padre. Francisco y Deomaris reunieron las fuerzas que todav\u00eda conservaban y comenzaron a pedir auxilio.<\/p>\n<p>&#8220;Sacamos fuerza de donde no ten\u00edamos. Gritamos y gritamos y, gracias a Dios, nos escuch\u00f3&#8221;.<\/p>\n<p>Francisco se identific\u00f3 y explic\u00f3 que \u00e9l y su esposa pertenec\u00edan al s\u00e9ptimo piso y estaban atrapados. Jos\u00e9 alert\u00f3 a quienes participaban en los trabajos de b\u00fasqueda. Saber que alguien los hab\u00eda localizado cambi\u00f3 el sentido de la espera.<\/p>\n<p>\u201cLa esperanza volvi\u00f3 a nuestras vidas\u201d.<\/p>\n<p>Francisco comenz\u00f3 a repetirle a su esposa que ser\u00eda rescatados. Si hubieran soportado toda la noche, podr\u00edan resistir unas horas m\u00e1s. Sin embargo, escucharlos no significaba que fuera posible sacarlos de inmediato. Hab\u00eda que localizar con exactitud el peque\u00f1o espacio sin desplazar la placa que los proteg\u00eda y, al mismo tiempo, los amenazaba.<\/p>\n<p>Francisco distingui\u00f3 una franja por la que entraba algo de luz y orient\u00f3 desde dentro a los rescatistas. Poco a poco retiraron los escombros hasta poder ver a la pareja. Lo primero que pidi\u00f3 fue agua. &#8220;Est\u00e1bamos deshidratados. Nos dieron agua y agarramos un poco m\u00e1s de fuerza&#8221;.<\/p>\n<p>Una salida abierta con cuchillos y un serrucho.La extraccion fue lenta y compleja. Seg\u00fan Francisco, quienes llegaron hasta ellos no contaban inicialmente con todas las herramientas necesarias para cortar los obst\u00e1culos. Mover la placa podr\u00eda provocar un nuevo colapso. El sof\u00e1 cama, deformado por el derrumbe, tambi\u00e9n bloqueaba la \u00fanica salida posible.<\/p>\n<p>Francisco deb\u00eda retirar la pierna lesionada de un hueco y cambiar de posici\u00f3n. Deomaris, todav\u00eda debajo de \u00e9l, lo anim\u00f3 a realizar el esfuerzo. El movimiento agrav\u00f3 la fractura hasta convertirla en una herida abierta. Estuvo cerca de perder el conocimiento, pero consigui\u00f3 acomodarse para que los rescatistas continuaran.<\/p>\n<p>Una vez abierto un peque\u00f1o acceso, comenz\u00f3 a cortar el sof\u00e1 cama. Primero utilizaron cuchillos; al encontrarse con la estructura de madera, recurrieron a un serrucho. Francisco fue extra\u00eddo primero. Deomaris permaneci\u00f3 cinco horas m\u00e1s bajo los escombros hasta que los rescatistas lograron liberarla.<\/p>\n<p>Al salir, Francisco levant\u00f3 la mirada al cielo. \u201cLo primero que hice fue mirar al cielo y agradecerle a Dios por darme una oportunidad m\u00e1s en la vida\u201d.<\/p>\n<p>El dolor era intenso y ten\u00eda la pierna gravemente lesionada. Fue trasladado al Hospital Jos\u00e9 Mar\u00eda Vargas, del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales, donde, seg\u00fan explica, recibi\u00f3 atenci\u00f3n inmediata: lo estabilizaron, limpiaron la herida en quir\u00f3fano e inmovilizaron la fractura.<\/p>\n<p>Francisco atribuye a la fe una parte esencial de la resistencia que los mantienen unidos. Tambi\u00e9n agradece a Jos\u00e9 ya quienes participaron en la b\u00fasqueda y extracci\u00f3n, entre ellos integrantes de \u00c1ngeles de la Autopista, nombre con el que recuerda al grupo que lleg\u00f3 hasta ellos cuando la esperanza parec\u00eda agotada.<\/p>\n<p>La vida despu\u00e9s de los escombrosLa historia no termin\u00f3 con el rescate. Sobrevivir significa ahora afrontar las lesiones, el impacto emocional y la p\u00e9rdida de la vivienda donde hab\u00edan construido su vida. El video grabado como despedida termin\u00f3 convertido en testimonio: las palabras destinadas a ser escuchadas despu\u00e9s de su muerte llegaron a la familia cuando Francisco y Deomaris todav\u00eda estaban vivos.<\/p>\n<p>La supervivencia de Francisco y Deomaris conviven con la memoria de quienes no lograron regresar. El propio relato conserva los gritos que se apagaron durante la noche y la conciencia de que otras familias no recibieron la misma oportunidad.<\/p>\n<p>&#8220;Salir de los escombros fue como volver a nacer. Esta experiencia me ense\u00f1\u00f3 que la vida puede cambiar en segundos, que cada d\u00eda es un regalo y que una segunda oportunidad tambi\u00e9n implica el compromiso de vivir con mayor gratitud, amor y conciencia&#8221;.<\/p>\n<p>Francisco sabe que permanecer con vida no elimina las p\u00e9rdidas ni resuelve el futuro. Comenzar de nuevo exige recuperar la salud, reconstruir un hogar y aprender a convivir con lo ocurrido. Tambi\u00e9n supone preguntarse por qu\u00e9 algunas personas sobrevivieron mientras otras murieron, una pregunta que atraviesa las historias de quienes quedaron a ambos lados de los escombros.<\/p>\n<p>&#8220;Mi esposa y yo tendremos que comenzar desde cero, pero estamos vivos y juntos. Tambi\u00e9n llevamos en el coraz\u00f3n a quienes no lograron salir ya todas las familias que hoy lloran a sus seres queridos&#8221;.<\/p>\n<p>Su agradecimiento se extiende a quienes los buscaron, oraron por ellos y contin\u00faan acompa\u00f1\u00e1ndolos. En aquella oscuridad, la primera voz no borr\u00f3 el dolor ni las p\u00e9rdidas, pero abri\u00f3 una posibilidad que cre\u00edan extinguida.<\/p>\n<p>\u201cNunca olvidaremos que, cuando est\u00e1bamos rodeados de oscuridad, ustedes llegaron hasta nosotros y nos devolvieron la esperanza\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Francisco Soto y su esposa, Deomaris Matano pod\u00eda verso, pero todav\u00eda pod\u00eda tomarse de la mano. Sobre sus cuerpos descansaban los restos del edificio Tamiami y una placa de concreto que se desplazaba ligeramente cada vez que la tierra volv\u00eda a temblar. 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