{"id":95051,"date":"2026-07-24T11:15:47","date_gmt":"2026-07-24T14:15:47","guid":{"rendered":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/07\/24\/cuando-el-campo-decide-cambiar-las-reglas-de-la-caza-menor\/"},"modified":"2026-07-24T11:15:47","modified_gmt":"2026-07-24T14:15:47","slug":"cuando-el-campo-decide-cambiar-las-reglas-de-la-caza-menor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/07\/24\/cuando-el-campo-decide-cambiar-las-reglas-de-la-caza-menor\/","title":{"rendered":"Cuando el campo decide cambiar las reglas de la caza menor"},"content":{"rendered":"<p>                                              Hay lugares que uno cree conocer de memoria. Labard\u00e9n es uno de ellos. Despu\u00e9s de m\u00e1s de dos d\u00e9cadas recorriendo sus caminos, bajos y potreros gracias a la generosidad de Juan Aguirre y su esposa Betty, parecer\u00eda que ya no quedan secretos por descubrir. Sin embargo, el campo tiene una habilidad extraordinaria para recordarle al cazador que ninguna jornada se parece a la anterior.<\/p>\n<p>       Esta vez fueron dos ma\u00f1anas consecutivas, dos amigos y una misma pasi\u00f3n. Daniel Callisto con su inseparable Perazzi; y quien firma estas l\u00edneas con una confiable Franchi, ambas calibre 12\/70. Nos acompa\u00f1aban Alice y M\u00eda, dos bretonas experimentadas que conocen el oficio mejor que muchos humanos, y una carga de cartuchos italianos de 28 g que esperaba su oportunidad.<\/p>\n<p>    Primera jornada\u00a0    El amanecer del s\u00e1bado apareci\u00f3 detr\u00e1s de un cielo cerrado, de esos que anuncian lluvia desde antes del amanecer. Las nubes bajas cubr\u00edan el horizonte y el pron\u00f3stico no dejaba demasiado margen para el optimismo. A\u00fan\u00a0as\u00ed, el agua decidi\u00f3 esperar y nos regal\u00f3 varias horas de recorrido.<\/p>\n<p>       Las perdices estaban. Hab\u00eda cantidad. Pero tambi\u00e9n estaban nerviosas. Desde los primeros lances qued\u00f3 claro que no ser\u00eda una jornada sencilla. Las aves caminaban mucho, se desplazaban constantemente y rara vez permit\u00edan que las perras completaran el trabajo como corresponde.<\/p>\n<p>       Alice y M\u00eda hicieron un esfuerzo enorme. Detectaban la emanaci\u00f3n, avanzaban con cautela y quedaban inm\u00f3viles en una muestra impecable. Pero antes de que pudi\u00e9ramos acercarnos, la perdiz romp\u00eda el monte y emprend\u00eda vuelo. Una y otra vez.<\/p>\n<p>    Fue una cacer\u00eda exigente, de esas que obligan a caminar m\u00e1s de la cuenta y a aceptar que cada pieza se gana con paciencia. El cielo finalmente cumpli\u00f3 su amenaza cerca del mediod\u00eda. La lluvia cay\u00f3 con decisi\u00f3n y oblig\u00f3 a interrumpir la salida. Regres\u00e1bamos conformes, aunque con esa sensaci\u00f3n que dejan las jornadas dif\u00edciles, cuando ocurri\u00f3 algo inesperado.<\/p>\n<p>    Mientras acomod\u00e1bamos los equipos al costado del camino apareci\u00f3 una camioneta. El conductor disminuy\u00f3 la velocidad, salud\u00f3 con cordialidad y pregunt\u00f3 c\u00f3mo hab\u00eda resultado la jornada. Le contamos la verdad. Hab\u00eda perdices, pero estaban demasiado caminadoras y no permit\u00edan que las perras trabajaran c\u00f3modamente.<\/p>\n<p>    El hombre sigui\u00f3 unos metros y pareci\u00f3 marcharse. Sin embargo, fren\u00f3, puso marcha atr\u00e1s y volvi\u00f3 hasta donde est\u00e1bamos.<\/p>\n<p>    \u2014\u00bfPor qu\u00e9 no van a mi campo? \u2013propuso se\u00f1alando hacia el otro lado del camino\u2013. Tengo unos maizales y hay muchas perdices.<\/p>\n<p>    Se present\u00f3 como Emanuel, uno de los propietarios. El gesto merece destacarse. En tiempos donde el acceso a los campos suele ser cada vez m\u00e1s dif\u00edcil, todav\u00eda existen personas que sostienen los valores tradicionales del Interior: la confianza, la palabra y la hospitalidad.<\/p>\n<p>    Aceptamos la invitaci\u00f3n y cruzamos para conocer el lugar. Lo que encontramos fue sorprendente. Entre los cuadros agr\u00edcolas aparecieron indicios claros de una enorme concentraci\u00f3n de aves. Todo parec\u00eda se\u00f1alar que hab\u00edamos encontrado un verdadero dormidero de perdices.<\/p>\n<p>    La lluvia ya ca\u00eda con firmeza cuando regresamos a la casa. Pero esa noche nos fuimos a dormir con una certeza: el domingo promet\u00eda algo distinto. La ma\u00f1ana siguiente amaneci\u00f3 completamente transformada.<\/p>\n<p>    Una helada intensa cubr\u00eda el paisaje. El term\u00f3metro apenas superaba 1 \u00b0C y la sensaci\u00f3n t\u00e9rmica descend\u00eda varios grados m\u00e1s. El veh\u00edculo apareci\u00f3 envuelto en una capa de hielo y las puertas se resistieron durante horas. No hubo apuro posible.<\/p>\n<p>    Reci\u00e9n avanzada la ma\u00f1ana el sol comenz\u00f3 a imponerse sobre la escarcha. Entonces volvimos al campo de Emanuel. Las perdices segu\u00edan all\u00ed, incluso en mayor cantidad que el d\u00eda anterior. Pero ahora aceptaban la muestra. Las bretonas pudieron desarrollar todo su potencial. Marcaban con firmeza, esperaban la llegada pausada de los cazadores y reci\u00e9n entonces las aves levantaban vuelo. Eran esos lances que justifican madrugones, kil\u00f3metros y cansancio acumulado.<\/p>\n<p>    La lecci\u00f3n    Dos d\u00edas. La misma regi\u00f3n. Apenas 24 horas de diferencia. Resultados completamente distintos. Quiz\u00e1s all\u00ed aparezca una de las grandes ense\u00f1anzas de la caza menor. La naturaleza nunca ofrece garant\u00edas. Lo que hoy parece imposible puede transformarse ma\u00f1ana. Y muchas veces la diferencia est\u00e1 en seguir intentando.<\/p>\n<p>    Pero Labard\u00e9n tambi\u00e9n dej\u00f3 otra reflexi\u00f3n. Los cazadores solemos dedicar mucho tiempo al estado de las armas, la calidad de los cartuchos o el entrenamiento de los perros. Revisamos cada detalle del equipo antes de salir al campo. Sin embargo, pocas veces prestamos la misma atenci\u00f3n a nuestro propio estado f\u00edsico.<\/p>\n<p>    Caminar detr\u00e1s de las perdices exige m\u00e1s de lo que muchos imaginan. Los alambrados parecen m\u00e1s altos cuando aparece el cansancio. Los bajos se vuelven interminables. Cada kil\u00f3metro pesa. En esta oportunidad la experiencia fue diferente. Haber bajado 14 kilos modific\u00f3 por completo la jornada. El paso result\u00f3 m\u00e1s liviano, la recuperaci\u00f3n fue m\u00e1s r\u00e1pida y esos obst\u00e1culos que antes obligaban a detenerse dejaron de representar una dificultad importante.<\/p>\n<p>    El s\u00e1bado fue de perseverancia bajo un cielo amenazante y perdices esquivas. El domingo regal\u00f3 escarcha, muestras perfectas y vuelos francos sobre los campos iluminados por el sol del invierno. Y la certeza de que mientras exista un perro inm\u00f3vil se\u00f1alando una emanaci\u00f3n y una perdiz rompiendo el silencio delante del cazador, siempre habr\u00e1 una nueva historia esperando ser contada.<\/p>\n<p>    \u00bfTe apasiona la vida al aire libre, la aventura y la naturaleza?<br \/>\n  Recib\u00ed las mejores notas de Weekend directamente en tu correo.<br \/>\n  Suscribite gratis al newsletter.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay lugares que uno cree conocer de memoria. Labard\u00e9n es uno de ellos. 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