{"id":90477,"date":"2026-07-15T03:17:52","date_gmt":"2026-07-15T06:17:52","guid":{"rendered":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/07\/15\/world-central-kitchen-enciende-los-fogones-para-alimentar-la-esperanza\/"},"modified":"2026-07-15T03:17:52","modified_gmt":"2026-07-15T06:17:52","slug":"world-central-kitchen-enciende-los-fogones-para-alimentar-la-esperanza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/07\/15\/world-central-kitchen-enciende-los-fogones-para-alimentar-la-esperanza\/","title":{"rendered":"World Central Kitchen enciende los fogones para alimentar la esperanza"},"content":{"rendered":"<p>Lo primero que se escucha, antes de ver cualquier olla, es el sonido que produce el fuego. Un fuego que no se apaga. Que no se ha extinguido desde el 24 de junio y que no parar\u00e1 mientras haya alguien con hambre a quien servir en 60 puntos de distribuci\u00f3n desplegados a lo largo de La Guaira.<\/p>\n<p>En el comedor del Club Puerto Azul, en Naiguat\u00e1ese sonido, el rugido sordo de los bereberes encendidos bajo ollas de hasta 70 litros, es el \u00fanico que compite con el rumor del mar.<\/p>\n<p>\u201cPara nosotros es muy dif\u00edcil recibir tanto amor y no poder corresponderlo\u201d, dice luis Jos\u00e9 Fern\u00e1ndez, guatemalteco, director de respuesta de Cocina central mundial  para la activaci\u00f3n en Venezuela. Hace una pausa. \u201cPero lo estamos haciendo con comida\u201d.<\/p>\n<p>La organizaci\u00f3n World Central Kitchen mantiene una red de emergencia que procesa y distribuye 50.000 raciones diarias de comida desde el Club Puerto Azul en Naiguat\u00e1 | Foto Abraham TovarLa v\u00eda hacia La Guaira arrastra calor, polvo y un olor a desmenuzamiento que no termina de disiparse. Es un recorrido por los antes y el despu\u00e9s de una ciudad que todav\u00eda no sabe en cu\u00e1l de los dos vive.<\/p>\n<p>En cada esquina hay ondas de concreto pulverizado. El residuo de lo que eran paredes, escaleras, vidas ordenadas. El calor de julio lo espesa, lo vuelve denso, convirti\u00e9ndolo en una presencia f\u00edsica que se adhiere a la ropa ya los pulmones. Y debajo de esa arenilla, un olor que el cuerpo identifica antes que la mente. El olor a lo que no se puede nombrarque solo se conoce cuando se est\u00e1 ah\u00ed, que no abandona del todo aunque uno se aleje.<\/p>\n<p>A los lados de la carretera hay tramos comprometidos, desv\u00edos improvisados, maquinaria pesada trabajando en los bordes. Y rostros. Caras que ya no sorprender\u00e1n: rescatistas \u2014cuadrillas que llevan casi semanas trabajando sin descanso\u2014, vecinos, familiares, personas que cargan miedo y cansancio en la misma postura del cuerpo. Se mueven en grupos compactos entre los edificios cargados que a\u00fan no han terminado de decidir si caen o resistir.<\/p>\n<p>Naiguat\u00e1 es otro estado de \u00e1nimo. El registro cambia de golpe. La zona sufri\u00f3, pero en una escalada que todav\u00eda permite respirar. Los da\u00f1os m\u00e1s severos del Club Puerto Azul se concentran en el \u00e1rea n\u00e1utica, que ya trabaja en su recuperaci\u00f3n. El resto del club sufri\u00f3 algunos da\u00f1os de mamposter\u00eda. Lo que se encuentra en su comedor principal es otra dimensi\u00f3n.<\/p>\n<p>El Club Puerto Azul fue el lugar escogido para la elaboraci\u00f3n de la comida.Fotos Abraham TovarLa cocina que nunca se apagaEl comedor del club era, hasta hace tres semanas, el espacio donde los socios almorzaban y cenaban junto al mar los fines de semana. Hoy es una cocina de campo de escala industrialabierta, caliente, organizada por WCT con la misma precisi\u00f3n que tuvieron cuando pasaron los desastres en Turqu\u00eda, Jamaica, Colombia o Gaza.<\/p>\n<p>\u201cDonde hay hambre en medio del desastre, all\u00ed debe estar la cocina\u201d, insiste.  <\/p>\n<p>Hay ollas que no tienen fin. Veinte, veinticinco prepar\u00e1ndose al mismo tiempo, alineadas sobre los quemadores industriales que en Venezuela tienen ese nombre propio, esa identidad local que el equipo de World Central Kitchen incorpor\u00f3 desde el primer d\u00eda.<\/p>\n<p>Una olla sale, otra entra. El fuego no baja. El calor de esos quemadores suma al calor del Caribe de julio y el resultado es un ambiente que empapa la ropa en minutos, pero que nadie en esa cocina registra como problema. No hay molestias. Y si lo hace, nadie dice nada. Est\u00e1n cocinando. Ese es el trabajo.<\/p>\n<p>\u201cLa intenci\u00f3n es que todo salga caliente. Siempre\u201d, ataja Fern\u00e1ndez.<\/p>\n<p>Con un equipo de 120 trabajadores, en su mayor\u00eda personal local afectado por el sismo, y una flota de 80 veh\u00edculos, la organizaci\u00f3n opera con fondos estrictamente privados | Foto Abraham TovarEl d\u00eda de la visita, El men\u00fa incluye carne molida y pasta. Arroz y caraotas. Cientos de kilos. En otra secci\u00f3n, una l\u00ednea de panader\u00eda opera en paralelo. M\u00e1s all\u00e1, la zona de emplatado: bandejas que se llenan, se rotulan, se clasifican por destino.<\/p>\n<p>Cada bandeja sabe ad\u00f3nde va antes de salir de esa cocina. La log\u00edstica es el m\u00fasculo invisible de todo esto. El \u00e1rea est\u00e1 pulcra. Organizada. Funciona. Eso rompe expectativas en una zona de desastre donde el caos suele ser la norma.<\/p>\n<p>personal de Colombia, M\u00e9xico, Espa\u00f1a, Francia, Estados Unidos circula con protocolos claros. Un termo grande dispuesto para todos \u2014cocina, log\u00edstica, seguridad\u2014 ofrece papel\u00f3n con lim\u00f3n al que lo necesite. Hay armon\u00eda. Hay hermandad.<\/p>\n<p>WCK se enfoca en transferir la metodolog\u00eda de producci\u00f3n masiva a los cocineros locales | Foto Abraham TovarAlimentando lo que dueleWorld Central Kitchen naci\u00f3 de un terremoto. En enero de 2010, el sismo de magnitud 7,0 que destruy\u00f3 Puerto Pr\u00edncipe mat\u00f3 a m\u00e1s de 200.000 personas y dej\u00f3 millones sin acceso a comida.<\/p>\n<p>el chef hispano-estadounidense Jos\u00e9 Andr\u00e9s lleg\u00f3 a Hait\u00ed y entendi\u00f3 entonces que cuando hay una crisis, los m\u00e9dicos llevan m\u00e9dicos; los ingenieros llevan ingenieros. Y cuando hay que alimentar a millas de personas en condiciones extremas, hay que llevar cocineros. Porque los cocineros saben cocinar a escala. Sabe trabajar bajo presi\u00f3n. Saben que una comida caliente es un mensaje.<\/p>\n<p>Desde ese primer despliegue en Hait\u00ed, WCK lleva 15 a\u00f1os respondiendo a desastres en todo el mundo. Huracanes, terremotos, inundaciones, guerras. En Ucrania y Gaza han llegado a servir hasta 1,5 millones de comidas diarias. En Puerto Rico despu\u00e9s del hurac\u00e1n Mar\u00eda. En Turqu\u00eda despu\u00e9s del terremoto de 2023 que mat\u00f3 a m\u00e1s de 52.000 personas en seis estados simult\u00e1neos \u2014el m\u00e1s grande que Fern\u00e1ndez recuerda con nombre y dolor.<\/p>\n<p>\u201cLo que aprendimos fue lo mismo que aprendemos siempre: todos los desastres son diferentes. Todos\u201d. Pero el de Venezuela, reconoce, lo ha afectado de forma personal.<\/p>\n<p>World Central Kitchen nace formalmente tras el terremoto que devast\u00f3 a Hait\u00ed en el a\u00f1o 2010 | Foto Abraham Tovarseis horasEl 24 de junio, seis horas despu\u00e9s del doble terremoto, sirvieron su primera comida en Venezuela. Una engranada roja y contactos locales activos permitieron activar contra reloj el protocolo de WCK; Uno que no espera confirmaci\u00f3n oficial para encenderse.<\/p>\n<p>A tres semanas del desastre, el contador marca ya 500.000 comidas servidas, de 30.000 a 50.000 diarios.<\/p>\n<p>La organizaci\u00f3n trabaja con m\u00e1s de 47 restaurantes asociados en Caracas, m\u00e1s la cocina de campo del Club Puerto Azul. doce camiones de comida  desplegados en La Guaira, Catia La Mar y Playa Grande cubren zonas de acceso dif\u00edcil. Ochenta veh\u00edculos en total se mueven todos los d\u00edas hacia los 60 puntos de distribuci\u00f3n en La Guaira.<\/p>\n<p>El pico fue de 57.000 comidas en un d\u00edacuando la concentraci\u00f3n de rescatistas internacionales era m\u00e1xima. Desde entonces ha habido una reducci\u00f3n gradual \u2014Caracas empieza a estabilizarse\u2014 pero la reducci\u00f3n no implica salida sino adaptaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u201cVamos a empezar a reducir la cantidad de comidas, pero siempre del lado de la comunidad\u201d.<\/p>\n<p>Las raciones calientes se sellan en bandejas t\u00e9rmicas, se organizan en cavas dise\u00f1adas para preservar la temperatura y se rotulan con el nombre del refugio o centro de salud asignado.Venezuela alimenta a VenezuelaTodos los insumos se compran localmente. Carne, verduras, granos, ingredientes. Cada centavo que WCK gast\u00f3 va a la empobrecida econom\u00eda venezolana. Esa es la pol\u00edtica.<\/p>\n<p>\u201cDijimos: de alguna forma el sector de hospitalidad va a sufrir las repercusiones del terremoto. Nadie va a salir a los restaurantes. Adem\u00e1s, sale muy caro remover log\u00edstica de afuera cuando es m\u00e1s f\u00e1cil preguntarle a la gente aqu\u00ed. Tambi\u00e9n est\u00e1 el hecho de que cocinan una mejor arepa ustedes que nosotros\u201c, dijo entre risas Fern\u00e1ndez.<\/p>\n<p>Ese m\u00e9todo tiene una raz\u00f3n pr\u00e1ctica y otra humana. La pr\u00e1ctica: reducir tiempos, comprar cerca y reactivar parte de la econom\u00eda local, tambi\u00e9n golpeada por el terremoto. La humana: servir comida reconocible, con sabor de casa, para que el alimento no se sienta como una raci\u00f3n an\u00f3nima. Quieren que cada plato sea compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>Para entender la idiosincrasia, los tiempos, los sabores, WCK convoc\u00f3 a Carlos Garc\u00eda, chef venezolano con reconocimiento internacionalpara que act\u00fae como puente cultural entre el equipo externo y el quehacer local.<\/p>\n<p>El equipo internacional que lleg\u00f3 desde fuera es peque\u00f1o. El resto, el corazon operativoest\u00e1 en quienes conocen el pa\u00eds, el clima, las rutas, la comida y el tipo de ayuda que funciona en medio del dolor.<\/p>\n<p>&#8220;Al principio ten\u00edamos que trabajar el tema emocional. Mucha gente que est\u00e1 cocinando aqu\u00ed perdi\u00f3 alg\u00fan familiar. Perdi\u00f3 alg\u00fan amigo. Tal vez no tiene un lugar a donde regresar&#8221;.<\/p>\n<p>Ese detalle, la cocina que opera sobre el dolor de quienes cocinan, define algo que ninguna estad\u00edstica alcanza a registrar: la dimensi\u00f3n humana de una respuesta humanitaria.<\/p>\n<p>Los 120 cocineros trabajando en Club Puerto Azul no son trabajadores distantes. Son vecinos, en su mayor\u00eda, de La Guaira. Personas que perdieron algo y eligieron, de todas formas, venir a cocinar para quien perdi\u00f3 m\u00e1s.<\/p>\n<p>\u201cNuestra meta era poder servirle a la gente la comida m\u00e1s rica, la m\u00e1s caliente, para que ellos por esos 5 o 10 minutos que estuvieran comiendo pudieran estar enfocados en algo y tener un sabor que les recordara a casa\u201d, dice Fern\u00e1ndez. \u201cEso es algo que vamos a continuar haciendo\u201d.<\/p>\n<p>La distribuci\u00f3n del espacio emula los criterios de una planta de ensamblaje de alta eficiencia.Lo que queda si World Central Kitchen se va\u00bfC\u00f3mo opera WCK? \u201cNuestros fondos y recursos son 100% privados. No recibimos plata de ning\u00fan Estado, porque eso nos da la independencia de poder trabajar de forma aut\u00f3noma\u201d, aclara. \u201cTiene que haber un acercamiento para obtener los permisos, claro. Pero nosotros no dependemos de ellos\u201d, responde.<\/p>\n<p>Para operar en los albergues, WCK firm\u00f3 un acuerdo con el Programa Mundial de Alimentos (PMA)que forma parte del sistema de Naciones Unidas bajo el paraguas de OCHA la Oficina de Coordinaci\u00f3n de Asuntos Humanitarios de la ONU, el organismo que supervisa los mecanismos de respuesta humanitaria internacional en zonas de desastre.<\/p>\n<p>El PMA proporciona insumos que WCK transforma en comidas que llegan a los refugios. La cadena es verificable y responde a est\u00e1ndares internacionales.<\/p>\n<p>El mill\u00f3n de d\u00f3lares inicial fue donado por Jos\u00e9 Andr\u00e9s a trav\u00e9s de su Fondo De Mesas Largas. Hard Rock International comprometi\u00f3 60.000 d\u00f3lares adicionales. Hard Rock Caf\u00e9 Caracas opera como socio de distribuci\u00f3n, preparando 1.000 comidas diarias. Richard Branson, a trav\u00e9s de su fundaci\u00f3n VirginUnite, Tambi\u00e9n respald\u00f3 la operaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El mi\u00e9rcoles 15 de julio se cumpli\u00f3 tres semanas desde que el doble terremoto del 24 de junio de 2026 quebr\u00f3 la normalidad de la regi\u00f3n | Foto Abraham TovarWCK no tiene fecha de salida del pa\u00eds. \u201cNos quedaremos el tiempo que sea necesario\u201d.<\/p>\n<p>Lo que construye, mientras opera, es algo m\u00e1s duradero que una cocina. WCK dejar\u00e1 capacidad instalada. Un equipo local entrenado. Una red de restaurantes y cocineros que ya sabes trabajar a escala. Una log\u00edstica probada en condiciones extremas.<\/p>\n<p>&#8220;Si nos vamos a ocurrir y otro desastre igual, ojal\u00e1 que no, levantamos el tel\u00e9fono y sabemos que la gente est\u00e1 lista y dispuesta a ayudar. No tenemos que regresarnos&#8221;, asegura Fern\u00e1ndez.<\/p>\n<p>La capacidad de producir hasta 50.000 comidas diarias, con personal venezolano formado por chefs internacionales que viajaron espec\u00edficamente para ese traspaso de conocimiento, es el legado de estas tres semanas de trabajo.<\/p>\n<p>&#8220;Los chefs y la comunidad de cocineros en Venezuela son colaborativos. Se respetan mucho. Se apoyan. Eso va a hacer que, si nos vamos y ocurre algo igual a nivel de desastre, estamos seguros de que la gente est\u00e1 lista\u201c.<\/p>\n<p>Desde aquella improvisada cocina de campa\u00f1a en Naiguat\u00e1, Jos\u00e9 Luis Fern\u00e1ndez resume lo que ha visto y vivido desde el 24 de junio: &#8220;El venezolano, desde el primer d\u00eda, dio el coraz\u00f3n. Y lo sigue dando&#8221;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lo primero que se escucha, antes de ver cualquier olla, es el sonido que produce el fuego. Un fuego que no se apaga. 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